Periódico Diagonal

DEBATES Y RETOS FEMINISTAS (VII)

La visibilidad de las mujeres

En las jornadas feministas de diciembre de 2009, en Granada, se evidenció la riqueza de debates y retos en los feminismos independientes del Estado español. Identidades y cuerpos políticos, articulación de las luchas, acción ante la crisis de los cuidados, etc. Aportamos una reflexión sobre la violencia machista y los límites de su abordaje desde las instituciones y la Administración pública.

Rakel Escurriol, de la asociación Tamaia Viure sense violència, SCCL, Barcelona
Jueves 25 de noviembre de 2010.  Número 138
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AMADOR SOMALO

En estas fechas cercanas al 25 de noviembre, día internacional por la no violencia hacia las mujeres y las niñas, es importante valorar cuál es la situación de las mujeres, cuáles son las carencias así como los aspectos positivos. Nos preguntamos cuáles serán las campañas institucionales sobre la violencia machista de este año, a la vez que reflexionamos sobre cómo han ido las campañas anteriores y qué efectos han tenido en las mujeres.

En Tamaia, llevamos 18 años comprometidas en el trabajo con las mujeres que están o que han estado en situaciones de violencia en la pareja así como en la familia. Desde los inicios de la organización, hemos podido comprobar cómo las formas en que se visibilizaba y trataba la problemática de la violencia machista incidían y continúan incidiendo en los procesos de recuperación de las mujeres.

Actualmente, podemos decir que algunos tentáculos de la violencia machista son visibles socialmente, sobre todo los casos más extremos. Esta visibilidad facilita que, cuando una mujer identifica que está en una relación de riesgo, ésta pueda tener un eco social en el que se percibe una intolerancia hacia las relaciones abusivas. Esta visibilidad junto con la percepción de que hay ayudas para las mujeres que buscan una salida, genera unas expectativas que, en función de los recursos que encuentren, facilitarán no sólo dejar la relación abusiva sino también la recuperación de los efectos de la violencia vivida.

Anteriores campañas de prevención han incidido en la denuncia. La repercusión de este hecho es que actualmente, en las noticias donde se habla de casos de violencia, se diferencia entre las mujeres que han denunciado y las que no. Nos preocupa mucho el eco que se hace en los medios de las campañas institucionales y la mirada derivada de éstas. Una denuncia por sí sola no protegerá a la mujer, o facilitará su proceso de recuperación, si no es desde su propia voluntariedad, junto con la información sobre las consecuencias y pasos a seguir después de una denuncia, así como de los recursos de apoyo.

La denuncia no es la única opción, y desgraciadamente no garantiza la total protección de las mujeres, puesto que todo el dispositivo que se pone en marcha a través de ésta a menudo carece de recursos y de formación especializada. Queremos incidir en el ámbito jurídico ya que actualmente es desde donde se está cuestionando la fiabilidad de las mujeres, tanto respecto a la violencia que sufren ellas como la que viven sus hijos e hijas.

Observamos que las mujeres que denuncian se topan a menudo con incomprensión, falta de apoyo, confusión en la información que reciben una vez que han hecho el difícil paso de adentrarse en el proceso penal. Las mujeres que no denuncian pero con el tiempo, la comprensión y la toma de conciencia que da su propio proceso de recuperación, deciden emprender acciones legales para protegerse a ellas y/o a sus hijos e hijas, frecuentemente son miradas con recelo desde las instituciones jurídicas, cuando no castigadas.

Nos preocupa que las mujeres que no denuncian puedan parecer, desde la mirada de algunos medios, las responsables de no tener la protección del engranaje diseñado a nivel legal. Son invisibles respecto a su protección y su recuperación. Y son invisibles en estas estadísticas donde se contabilizan el número de mujeres maltratadas. Volvemos entonces a poner la responsabilidad y la culpa en las mujeres, volvemos a hacer que sea un problema individual y no social.

La recuperación del abuso vivido pasa por poder ordenar y proteger muchas áreas que el abuso ha dañado. Muchas de éstas tienen una recuperación positiva cuando se actúa en coherencia con la responsabilidad social de la violencia y la justicia social hacia las que han sido víctimas de esta situación.

La confianza en las mujeres, en su palabra, en su capacidad de salir del abuso, es básica desde la relación de ayuda y protección en los diferentes ámbitos –social, salud, jurídico–. Sin esta confianza estamos reproduciendo lo que ya hizo la violencia, pensar por ellas, opinar por ellas, no dar valor a su voz hasta el punto de callarla. Querríamos compartir unas palabras de una de las mentoras de Tamaia, mujeres que han hecho su proceso de recuperación de los efectos de la violencia vivida y que luego siguen vinculadas con la organización, con el compromiso social de transmitir su saber respecto al tema. Esta es la experiencia que transmite de su proceso de recuperación: “Jueves, 18 horas, estoy a punto de salir de casa. Una vez al mes desde hace cinco años dedico unas horas para mí; como siempre, estoy contenta, sé que veré a mis compañeras, pienso en lo que me ha pasado estos días y cuál será mi aportación al grupo. Hoy he recordado que tenemos un proyecto pendiente, escribir nuestras vivencias, me alegra que haya quedado postergado, no sé cómo empezar. Me dirijo al lugar de encuentro Tamaia.(…) Miro atrás, recuerdo la primera vez que entré por esa puerta, cómo estaba y cómo estoy ahora. Pienso en el camino andado, lleno de las propuestas de las facilitadoras, que siempre han sido un reto para mí: ¿seré capaz de hacerlo?, ¿lo conseguiré?, para descubrir que era capaz y además me aportaban un montón de satisfacción. Estoy muy contenta de haberme dejado llevar. Así que de nuevo en la ruta, seguro que el esfuerzo merecerá la pena.

Empezaremos. Recuerdo mi primera visita toda encogida, triste, llena de miedo, estuve llorando toda la hora mientras hablaba. Salí contenta, no me habían criticado, me había sentido comprendida y escuchada, y también me habían dicho que este maltrato era algo que las mujeres padecíamos desde hacía siglos. Esta idea fue para mí un bálsamo, no era la única, ni un bicho raro, me dio esperanzas.

Querrías que la sociedad te diera más apoyo, que fuera mal visto que los hombres hicieran tanto daño a las mujeres y sus hijos, que la justicia defendiera nuestros derechos humanos sobre todas las cosas, en fin, que la sociedad estuviera más sensibilizada y no pensara que la culpa es nuestra. Pero a pesar de todo hay personas, mayoritariamente mujeres, que han sido capaces de luchar para podernos ayudar a salir de este lugar mirando a los ojos, sin sentir vergüenza por haber vivido una experiencia tan destructiva.

Me he cuidado. Me he mimado. He hecho lo que me gusta. Ahora me veo con la alegría y la pasión de mi juventud, sin amargura y mucho más sabia. Puedo decir que este suceso tan dramático de mi vida me ha permitido crecer personalmente, estar en paz conmigo misma y por ello considerarlo como un ‘suceso positivo’. Es este sentimiento lo que ha hecho que me decidiera a escribir mi experiencia, tal vez pueda seros útil.”

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Portada número 168
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