Periódico Diagonal

“La pobreza es sagrada y es muy útil pasar por ella”

El director de cine Santiago Lorenzo ahora escribe novelas. La primera, ‘Los Millones’, trata sobre un militante del Grapo al que le toca la lotería Primitiva y no puede cobrar porque no tiene DNI.

P. ELORDUY Y D. SANZ PARATCHA (REDACCIÓN)
Lunes 16 de enero de 2012.  Número 165  Número 166
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Santiago Lorenzo (Foto: David Fernández)

No cabe duda de que haremos la entrevista con Santiago Lorenzo, el autor de la novela Los Millones, en un bar. La tragaperras, el escudo del Sporting de Gijón y el letrero que alguna vez le hizo gracia a un cliente acompañan la conversación.

El de Los millones no es el Madrid sórdido de los libros de Juan Madrid ni mucho menos la capital de la movida.

Yo vine a Madrid un poco antes de que empezara a pasar eso [la movida]. Lo que me mosqueaba de venir es que parecía que llegabas a la planta joven de El Corte Inglés. Daba la impresión de que pasaban muchas cosas en Madrid pero a mí no me interesaba nada ni La Edad de Oro, ni una serie de pijos de apellidos ilustres dándoselas de barriobajeros, como los Hombres G o la Olvido Gara. Entonces supongo que con eso por detrás, sin planes determinados, te acaba saliendo un libro en el que nunca aparece la palabra ‘movida’.

Hay alguna referencia a Malasaña, de todos modos.

Es sobre esa gente que vive instalada en lo que dicen los periódicos que es Madrid, no en lo que ellos ven, sino en lo que dice Paloma Chamorro que es Madrid. Esos personajes se ven en la obligación de pertenecer a un tiempo y un espacio como el que hace la mili. Tengo un amigo, Víctor Coyote, que sí estaba en esa época y abomina de todo eso. Son los peligros de la nostalgia, cuanto más te dicen eso, una juventud más sosa y más mierda tuvo quien te lo dice.

En la movida, no obstante, también hay una reivindicación de la tasca que aparece también en el libro.

Desde luego. La tasca se reivindicó siempre: la tasca está en Tono, en Mihura, en Jardiel, en Ramón, y si tiras para atrás, en Mesonero Romanos... Está reivindicada siempre porque los sitios agradables se reivindican, pero eso es una parte. El casticismo será parte de la movida pero no es excluyente de la movida. Para el protagonista de la novela no existe ese tiempo, éste ha caído en Madrid como podía haber caído en Durango.

Los protagonistas ¿también han caído así en la política?

Viven absolutamente de espaldas a la política, a la sociedad, al momento estético, al momento discográfico, al momento pictórico, etc. Te pones a escribirlo y un día dices ‘qué gracia: uno es un activista político y otra es una periodista’, dos ocupaciones que se supone que aspiran a influir en la sociedad, y estos son dos tortugas, dos mejillones... Yo con el Grapo tuve unos encuentros, pero absolutamente involuntarios. No he investigado, ni me he ido a la hemeroteca. Me da igual. La novela no habla del Grapo. Ni de las elecciones. Ese año fue el referéndum de la OTAN, y tampoco aparece.

Es una batalla romántica que no se vive con romanticismo.

Como de ETA (Risas). Es que es un tío de natural antiviolento que está metido en una estructura violenta. Es un tío de natural apolítico que está metido en una estructura política, es un tío que no ha ligado en su puta vida y liga... Está metido ahí como nos vemos todos metidos en cualquier lado. En realidad llegas un día y dices ‘y yo, ¿para qué me casé’ o ‘¡pero si ya hace 15 años que estoy currando en Parmalat...’ Pues esto es lo mismo, se ve metido ahí y nos importa muy poco su opinión política. Está metido ahí porque pertenecía a un grupo de montaña, que es algo que se daba mucho. Yo estuve en un colegio del Opus, y empezaba también por el grupo de montaña o de aeromodelismo, y cuando te querías dar cuenta estabas metido vete a saber dónde.

¿Crees que desde el cese de ETA hay alguno ahora como el protagonista de Los millones?

Ahora parece que el libro es premonitorio. Yo me callo. La verdad es que es un proceso humano que veía viendo venir. Pero bueno, como el libro es del Grapo, puedo decir que no estoy hablando de ETA, hablas de ETA y te metes en unos berenjenales de la hostia.

¿De dónde sacaste el detalle de que el jefe trabaje de restaurador en una iglesia?

Entre los que buscan refugio en recintos sagrados y los emparedados, parece que la iglesia es un sitio de esconderse.

En el libro hay mucho cuidado en narrar lo que comen, lo que beben y también las economías que se hacen con eso, ¿te ha tocado vivir esas penurias?

Si te toca pasar eso es buena señal. Si te ves así de vez en cuando es que vas bien, que estás haciendo lo que debes. Sí, ha habido momentos de ennoblecedora pobreza que son momentos muy didácticos. Al que le ha ido mal es al que se creyó hace cuatro años que era millonario ya por fin y ahora se encuentra con que no. La pobreza es sagrada y es muy útil pasarla. Es una forma de vida. Y los problemas en general son útiles y es bueno joderse, esto viene a ser la teoría del libro. Me gusta que cuando por fin el tío se hace con toda la pasta, el personaje sigue comprando las [galletas] Leandro y la Buzz cola. Hay una frase que dice que un caballero es el que se hace rico y no cambia de sastre. Ésa es la idea.

En una entrevista hablas de los valores de Los millones, ¿tiene algo de cristiano el libro?

(Risas.) Ah, sí, el libro tiene valores no excluyentes del cristianismo. No se dicen tacos, por ejemplo. Los protagonistas, quizá forzados y sin pretenderlo, llevan una vida muy casta. Y luego está esa cosa franciscana de vivir en la pobreza; o el hecho de que es un libro en el que no aparece el Madrid del hedonismo, es más, se ríe del hedonismo.

¿Cuándo pasó de ser un guión a ser una novela?

No sé bien cuándo tienes el guión acabado, pero empecé a escribir esto hace un montón de tiempo, un verano que yo estaba totalmente arruinado. Aquí nunca se ha estilado hacer algo no grave y no serio sobre el terrorismo. Las cosas están cambiando pero en su día era una bobada intentar hacer una película con esto. Porque todo el mundo le da otras lecturas. Hay aspectos cómicos en la novela de puro chungos; iba a ser una película con partes cómicas sobre el terrorismo. Yo lo moví un tiempo y después lo dejé tirado. Lo empece a reescribir hace cinco años con mi amigo Daniel Torres. Luego también me han ayudado mis hermanas, si a ellas no les indigna algo que leen es que puede estar bien.

Antes has dicho que te han echado del cine, ¿cómo es eso?

No es que te echen, pero llega un día que ves que lo mejor es pirarse. Te da la sensación de que los beneficios se los llevaba siempre otro. Entonces dices, si lo hago por mi cuenta y lo haces mal pues te vas a enterar de que tampoco eras tan listo, y si lo haces bien, pues los beneficios son para ti y para la gente que está ahí y no la gente que no está. En el cine trabajabas para que no estropeara el proyecto un tío al que le iba a salir la hora trabajada mejor que a mí. Por eso dices “hay que pirarse”, y volver a la época de los cortos, cuando se trabaja lo justo –no había que trabajar para quitarse de encima a gente que lo estaba jodiendo todo aunque no lo supiera–. La cosa está funcionando.

Y funciona, ¿no?

A estos efectos sólo... No hemos vendido 200.000 copias precisamente. Bueno, hay tiradas de Planeta que venden 700 ejemplares. Entonces ya les hemos ganado, mira.

¿Con qué proyecto estás?

Pues tengo otra novela acabada desde la semana pasada. Se llama Los huerfanitos.

¿Y tiene una sinopsis tan gráfica como la de Los millones?

Es más corta, tiene 11 palabras: “Los hermanos Susmozas odian el teatro. Se meten a productores teatrales”. //

Para gente de buenas costumbres

Novela de peripecias protagonizada por un “tolili” o novela de amor protagonizada por dos inadaptados, Los Millones devuelve momentáneamente la fe en la buena gente, ésa que, sin importar dónde esté, es capaz de no caer en la tentación de aburrir al personal con sus problemas. La novela de Santiago Lorenzo, proclamada libro de julio y agosto por el escritor Kiko Amat, se desarrolla en un Madrid de trifásicos (mezcla de tres bebidas inventadas por los “obreros”), churros con chocolate y buenas costumbres. Los millones es un premio para quien tenga la suerte de leerla.

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2 Mensajes del foro

  • Es la misma mierda de la Madre Teresa de Calcuta: que la pobreza es un don del cielo. Los tontos de izquierda son peores que los pijos. Puaf!

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    • Harry Rag: Lo que ha dicho Lorenzo es suscribible desde el existencialismo, el cristianismo, el senequismo, el budismo y el hippismo, por poner sólo unos ejemplos. Y es suscribible, sobre todo, desde su propia experiencia (es amigo mío desde 1983), sin necesidad de ideología ninguna. Tu pretensión de adscribir su comentario en exclusiva al catolicismo tontorrón es una trampa dialéctica bastante mierdosita en la que nadie tenemos por qué caer.

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Portada número 174
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