Francisca Aguirre nació en Alicante en 1930, pero hasta 1971 no publicó su primer libro, Ítaca, en el que ya se encontraban algunas de las claves de su poesía: los poemas biográficos, la temática existencial y un gusto por el lenguaje despojado, sencillo que no prescinda, sin embargo, ni de la hondura ni de la belleza.
Historia de una anatomía, sin embargo, escapa y amplía los parámetros en los que hasta ahora se venía situando la obra de Francisca Aguirre. Especialmente en lo que se refiere a la temática principal de este poemario: la reflexión sobre el cuerpo. “Siempre me ha parecido el elemento más misterioso de la creación. El cuerpo es el origen de la pregunta y, por tanto, el origen también del arte”, explica Francisca Aguirre, que añade: “Sin cuerpo no hay nada. El cuerpo inventa el cielo y el infierno, la culpa y el perdón, la libertad y la esclavitud. El cuerpo es tan misterioso que hemos necesitado darnos leyes para gobernarlo”.

Cada libro es distinto
Como en el caso de Laura Casielles, aunque aquí más marcadamente, la sencillez y precisión del lenguaje es uno de los puntos clave del poemario: “siempre me he inclinado a seguir el consejo de Antonio Machado. Pero eso no quiere decir que no ame las metáforas y, sobre todo, que no sea consciente de que cada libro debe tener el lenguaje que le corresponde. Cuando escribí Pavana del desasosiego (Torremozas, 1999) utilicé todo tipo de metáforas y joyería verbal. A cada libro según sus necesidades. A este libro le convenía la sencillez. En cualquier caso, nunca he sido partidaria del barroquismo”, explica.
Las vivencias biográficas son una de las constantes en la obra de Francisca Aguirre y también están presentes en Historia de una anatomía. “Desde el principio quise terminar el libro con los datos biográficos. En primer lugar porque la obra, de algún modo, está dedicada a la memoria de mi padre y porque un libro que glosa ese misterio que llamamos cuerpo humano parecía lógico que acabase con los datos y antecedentes que le confieren naturaleza histórica a ese cuerpo”, comenta Aguirre.
El recuerdo de su padre, el pintor Lorenzo Aguirre, asesinado por la dictadura franquista cuando la autora era sólo una niña, es una de las constantes en esos poemas biográficos y también uno de los hechos –terribles– que más ha marcado su vida que, en este caso, es lo mismo que decir su obra.
Le preguntamos a Francisca Aguirre qué consejo, desde su experiencia, daría a la otra ganadora, Laura Casielles: “no creo que tenga nada que aconsejar a Laura”, responde y añade: “Su libro me ha parecido estupendo. Es atrevido sin exceso, tiene una nueva forma de ver las emociones, cuenta lo vivido de manera sumamente distendida y, en general, exhala el aroma de lo verdadero sin retóricas de ningún tipo”.
Datos biográficos
(Francisca Aguirre)
Fue mi padre un hombre
alegre donde los haya.
Nació para pintar y eso hizo.
Nació también para disfrutar
y también hizo eso.
Amó en su vida varias cosas:
la pintura, la justicia,
y a mi madre.
Tuvo tres hijas
y eso le convirtió en
un hombre feliz.
La tragedia de la guerra civil
del 36
contribuyó a
demostrar hasta qué punto
amaba la Justicia.
Pasará a la posteridad como
un magnífico pintor republicano
al que la dictadura franquista
asesinó en 1942 por defender
a un Gobierno legítimo.
Mi infancia son recuerdos de
sus cuadros,
sus canciones su risa su amor
por mi madre
y algunas horas terribles
que recordar no quiero.
Más en este número:
Tocadas por el Premio Nacional de poesía
Versos en movimiento (Laura Casielles)