
Según Rivas, “se vive la paradoja de que la idea más interiorizada que tenemos de Galicia es una estampa bucólica: el país verde, de naturaleza, de mar; una naturaleza muy singular y muy poderosa. Y asistimos a una especie de maldición bíblica, una ‘negra sombra’, como decía el poema de Rosalía.
Pero es que Galicia se encuentra un poco en primera línea de la sociedad de riesgo. Entró en el siglo XXI con tres crisis muy graves que afectan a lo que Castelao llamaba la ‘santísima trinidad’ de Galicia, los tres tótems que podrían figurar si hubiera unas monedas gallegas: el árbol, la vaca y el pez. Las mareas negras, la llamada peste de las vacas locas con sus piensos fraudulentos, y después los incendios.
Galicia está actuando como una metáfora de lo global, del modelo de globalización que se está dando, ya que no son crisis que podamos atribuir a un dios eternamente enojado, sino que tienen que ver con la acción humana. Pero lo más significativo es que no se ha aceptado ese papel mediático de ‘Galicia: yacimiento catastrófico’ como lo que decía Baudrillard para África. Si algo ha caracterizado a Galicia en muchos momentos históricos ha sido una capacidad de rebelión frente a esa fatalidad”.
Libros incombustibles
Rivas aprendió el oficio “de
los que escribían en el aire”,
los narradores orales. Recuerda
que “mi primer libro fue la
memoria de mi madre”. Los
poemas de la madre, las historias
de nuestros abuelos,
¿no se perdieron en la hoguera
de una escuela de megacentros
comerciales y videojuegos?
Rivas responde, esperanzado:
“Es verdad que esa
impaciencia capitalista es como
si se interiorizara un poco
en todos, condicionando el
propio lenguaje y la relación
entre las personas, los ámbitos
comunitarios... Hay momentos
en que parece que la
desesperación puede más que
la esperanza. Pero yo creo
que los espacios de esperanza
tampoco son tan fáciles de
anular. Incluso en esas condiciones
de interiorización de la
impaciencia, en que el propio
cuerpo se siente absolutamente
incómodo o huérfano,
con espacios de desolación.
Pero no creo que las madres
dejen de contar historias. Y en
todo caso, a veces no son las
madres, siempre hay alguien
que trasmite un relato, o formas
de relato. Yo creo que a
lo que no renuncia el ser humano
ni siquiera en estas
condiciones tan adversas es a
los cuentos. Y los cuentos se
trasmiten porque la vida tiene
vocación de cuento y a veces
lo hace de la forma más insólita
e imprevisible. Y siempre
hay alguien que hace de caracola.
Siempre hay un hilo de leche, la idea aquí de la madre con la memoria sería como el hilo de leche. Y hay soledades que a veces son muy buenas madres”. Uno de los ejes de la novela son los jóvenes libertarios. En su juventud, Rivas estuvo entre los fundadores de la primera radio libre de Galicia. En octubre de 1974, a los tres días de llegar a Madrid para estudiar periodismo, fue detenido en una manifestación estudiantil. Rivas lo recuerda con entrañable humor: “La verdad es que eso entraría más en el sainete..., porque es llegar aquí y como quien dice, la primera vez que sales a la calle y participas en un ‘salto’, y te encuentras en un callejón sin salida. Fue en Princesa, estaban haciendo El Corte Inglés. Y fue muy impresionante, porque salieron los obreros con los cascos y se unieron a la manifestación.
Pero hubo una carga muy grande y yo entré en un callejón sin salida. Mis sucesos y mis episodios son muy poca cosa al lado de lo que pasó realmente con la gente. Pero una dictadura no es una historia que me pille de lejos. Quiero decir, que su ‘larga sombra’ también a mi generación le tocó”. Años más tarde se le abriría un proceso militar por un artículo. Y hace no mucho descubrió su nombre en una “lista de personas a eliminar” el 23-F. “Lo del 23-F recuerdo leerlo con estupor, un estupor secular. De repente verme en lo que es una lista. Y además, dada la historia de este país, sabía que no era una broma. De repente, simplemente la idea de la lista te conecta un poco con todo, y dices ¡joder!, es una lista eterna, secular, que se repite...”.
Inmigración y literatura
Galicia fue paradigma de la
busca del milagro del pan.
Hoy, esos inmigrantes que
levantan nuestras ciudades
se topan con un muro de incomprensión
y desprecio.
¿Es que no hemos aprendido
nada? Rivas responde:
“Bueno, para mí es un motivo
importante para reflexionar
sobre la desmemoria. La
propia experiencia debería
prepararte para entender
mejor al otro. La emigración
es uno de los trazos que
más marcó la identidad española
en la segunda mitad
del siglo XX. Atravesar los
Pirineos era atravesar también
una barrera tremenda.
Y aquí siempre se presenta como ‘no, es que lo nuestro era distinto’, y comparativamente es increíble lo que se puede contar: emigrantes clandestinos entraban en camiones cisterna, o deambulaban con hambre por bosques de Francia y de Suiza. Entrevisté a personas así: uno tenía tanta sed que se metió un trozo de hielo en la boca y le estalló toda la dentadura. Sin embargo, si repasamos lo que es la literatura, el periodismo, el cine... veremos que el tema de la emigración está prácticamente ausente. Y claro, sí ha sido un país de emigrantes pero no existe ninguna conciencia de haber sido un país de emigrantes. En España, la cultura ha sido en gran parte hecha por señoritos, por élites desconectadas.
Hoy escuchas la radio y te preguntas ‘pero, esta gente, ¿nunca tuvo un emigrante en su familia?’. O si lo tuvo, es que no lo sabe. Yo creo que está pasando un poco como lo que pasó con la represión en los años más duros de la dictadura. Lo que pasa es que la literatura no debe aceptar los pactos de silencio que se dan en la sociedad. La literatura tiene que actuar en ese sentido como vanguardia, como un primer círculo concéntrico que se expanda y que impregne a la sociedad. Quizá no sirva para nada en el sentido inmediato, pero sí que puede condicionar la formación de conciencias, por ejemplo influir en el propio periodismo”.
¿Un estatuto
para Galicia?
En tiempo de estatutos, algunos
con gran estruendo
mediático, ¿por qué nadie
habla de Galicia? Le preguntamos
a Rivas si ve realizable
a medio plazo un estatuto
gallego donde se hable de
autodeterminación. “El tema
de la autodeterminación
sí que lo veo... Bueno, tendríamos
que reflexionar sobre
lo que es la autodeterminación,
que yo entiendo que
es un proceso, y que tiene
que ver también con la idea
de autogestión, algo de lo
que se habla muy poco.
Galicia ha estado en stand
by; en términos marinos, se
ha quedado varada. En la
Constitución aparecía como
nacionalidad histórica por
haber tenido estatuto de autonomía
en período republicano;
se aprobó en las
Cortes, cuando se reunía el
Parlamento en Montserrat,
en 1937. Galicia estaba ocupada
ya militarmente por el
fascismo, pero el estatuto se
había aprobado en referéndum
en el 36, antes del golpe.
Y entonces Galicia aparecía
en el mismo estatus y
dentro de un horizonte de
España federal con Cataluña
y el País Vasco. Uno de
los objetivos que tuvo esa
derecha protofranquista que
se prolongó tanto en el tiempo
fue neutralizar esa corriente
que podría habernos
permitido caminar mucho
mejor hacia una España federal,
sin tanta desigualdad.
Porque ahí, Galicia, frente a la idea del nacionalismo como se nos presenta a veces, como un egoísmo de ‘más poder para las burguesías locales’, podría haber aportado un elemento de armonía, ya que es un ‘nacionalismo de los pobres’. Pero ahora va Galicia con el paso cambiado, detrás, con retraso y además totalmente pendiente del boicot o no de la derecha. Y en eso estamos. Es decir, han cambiado un poco las cosas, ha cambiado el gobierno, pero no sabemos si saldrá vino o vinagre”.