
DIAGONAL: ¿Qué tipo de relación
hay entre las universidades y el sector
de Defensa?
EDUARDO MELERO: Lo habitual
es que sean colaboraciones puntuales
de profesores o grupos de investigación
que buscan dinero, prestigio
o una mejora en los equipos que utilizan
para desarrollar su labor. En
casos excepcionales, las universidades
desarrollan una estrategia de colaboración
más amplia y sostenida
en el tiempo. Es el caso de las universidades
que tienen adscritos centros
universitarios de Defensa o que trabajan
con empresas de armas.
D.: ¿Cómo justifican las universidades
su colaboración con la industria
militar o con el ejército?
E.M.: La universidad tiene vocación
de servir a los intereses de la
sociedad, por lo que se utiliza el
criterio del entorno geográfico para
justificar esta colaboración. Si
en este entorno están presentes industrias
relacionadas con la defensa
o instalaciones militares, se utilizará
como argumento.
D.: ¿Cómo formalizan esta colaboración?
E.M.: El instrumento básico es el
convenio. Es un contrato que se firma
entre los profesores y el ministerio.
Estos contratos no pasan por
los órganos de gobierno de la universidad
(ni por claustro ni por junta
de facultad), ya que se celebran a
través de las fundaciones y oficinas
de transferencia de conocimiento
de las universidades.
D.: ¿Pueden ser secretos los contenidos
de estas investigaciones o los
acuerdos?
E.M.: Así lo permite la ley de contratos
del sector público, que posibilita
que en el ámbito de defensa
puedan ser secretos. Quien establece
el carácter secreto de la investigación
es el Ministerio de Defensa
o el de Ciencia y Tecnología.
D.: ¿Qué se ha buscado con la ley
39/2007, conocida como Ley de la
Carrera militar?
E.M.: Se ha buscado institucionalizar
una colaboración que ya venía
existiendo entre los centros de
Defensa y algunas universidades.
La Ley de la Carrera Militar establece
la posibilidad de que los centros
de Defensa dirijan líneas de investigación
a largo plazo con las universidades.
Esto puede dar lugar a que,
con una planificación a largo plazo,
la universidad ponga sus recursos
al servicio de lo militar, lo que suponga
una diferencia cualitativa.
Pero tengo la impresión de que aún
se están dando en este sentido los
primeros pasos.
D.: ¿Qué obtienen los militares de
la universidad?
E.M.: Su conexión con la universidad
les otorga legitimación, no sólo
a través de la investigación militar,
sino a través de cursos o seminarios
relacionados con Defensa. Por otra
parte, el Ministerio de Defensa puede
promover la investigación en armamento
a través de las empresas
privadas o recurrir a la infraestructura
de investigación de la universidad.
También se intenta hacer más
atractiva la carrera militar, al permitir
a los oficiales obtener una formación
útil para la vida civil, ya que saldrán
de los centros universitarios de
la defensa con un título universitario
que les podrá servir una vez pasen
a la reserva activa.
D.: ¿Qué beneficios obtienen las
universidades de esta colaboración?
E.M.: Las universidades que colaboran
con las academias militares
en principio no sacan rendimiento
económico directo porque los militares
no pagan tasas. Pero el profesorado
puede tener algún tipo de
remuneración indirecta. Habría
que tener acceso a los convenios
entre la universidad y el Ministerio
de Defensa para saber qué recibe
ésta a cambio.
Academias militares con rango universitario
Por Miguel Aguilera Lizárraga (Redacción Aragón)
La industria de las armas pasa la selectividad
Por Tomás Muñoz García / Madrid