Periódico Diagonal

LITERATURA

La increíble vida de Boris Savinkov


Jesús Soberón
Viernes 10 de septiembre de 2010.  Número 132

A finales del siglo XIX, Rusia estuvo muy influida por las ideologías occidentales, que entraron junto a las mercancías tras la apertura del extenso territorio a los mercados europeos. Muchos jóvenes, hartos de la situación social, intensificada por la reciente pérdida de la guerra de Crimea en 1856, decidieron ponerle fin de manera rápida mediante una campaña de terror que pretendía propiciar el clima para una revolución. Estos jóvenes fueron descritos por primera vez por Iván Turgénev en su novela Padres e hijos (1862).

Uno de sus personajes, Bazarov, representa el arquetipo de muchacho rudo, cínico y despectivo hacia la tradición romántica e hipócrita impuesta. Bazarov se autodenominaba nihilista, y así pasaron a ser conocidos estos rebeldes para la posteridad. La Voluntad del Pueblo, uno de los primeros grupos nihilistas, organizó y perpetró un atentado contra el zar Alejandro II en 1881. El joven Ignacy Hryniewiecki lanzó una bomba contra el carruaje, regalo de Napoleón III, en el que viajaba y acabó con su vida y la de varios de sus guardias. El nuevo zar Alejandro III, arrestó a multitud de personas, entre las que se hallaba Alexandr Ulyanov, hermano mayor de Lenin.

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Atentado contra el zar Alejandro

Boris Savinkov, autor de El caballo amarillo, nació en 1879 en Járkov, hoy Ucrania, en el seno de una familia burguesa. Tras ser expulsado de la Universidad de San Petersburgo por su afiliación a varias sociedades socialistas, en 1901 fue arrestado y enviado al exilio en Vologda. Allí trabó relación con intelectuales como Nikolai Berdyaev o Anatoly Lunacharsky y se mostró contrario al marxismo. Consiguió escapar en 1903 a Ginebra y se unió al Partido Socialista Revolucionario, fundado en 1905, y se convirtió en cabeza de su brazo armado. Su primera acción fue planear el asesinato del ministro de Interior Vyacheslav von Plehve en 1904. Al año siguiente se le encargó el asesinato del gobernador general de Moscú, el gran duque Sergei Alexandrovich, tío del zar, acto que sirvió como inspiración para El caballo amarillo. El encargado de arrojar la bomba fue el poeta Ivan Kaliaev, modelo para el personaje de Vania, retomado años después por Camus en su obra Los justos. Posteriormente Savinkov planeó algunos atentados que resultarían fallidos, hasta que en 1906 fue arrestado y condenado a muerte. Sin embargo consiguió escapar a Francia, donde trabó amistad con Picasso, Modigliani o Apollinaire, quien se refiere a él como “nuestro amigo el asesino”. En París escribió su gran obra, que fue publicada en 1909 en Rusia y le convirtió en una celebridad.

Después de participar en la Primera Guerra Mundial como voluntario para Francia, regresó en 1917 a Rusia atendiendo a la llamada de Kerenski, primer ministro provisional del Gobierno revolucionario, quien lo nombró comisario político. Posteriormante escaló hasta llegar a ser ministro de la Guerra. Sin embargo, Savinkov fue acusado de apoyar el golpe de Estado del derechista Lavr Kornilov, y fue expulsado del partido.

Durante la guerra civil, Savinkov apoyó desde París e hizo llegar armas a los rusos blancos; dirigió la asociación antibolchevique Unión para la defensa de la patria y la libertad, en Moscú, y publicó en Varsovia el periódico ¡Por la Libertad! También reunió un ejército de 30.000 hombres, pero tras un par de éxitos fugaces fue derrotado por el Ejército Rojo. Entonces, Savinkov regresó a Francia para intentar conseguir el apoyo de Churchill, Lloyd George y Mussolini, pero en 1924 retornó engañado a Rusia, donde fue arrestado y juzgado de urgencia por el Tribunal Supremo de la URSS, que lo condenó a muerte.

Savinkov se retractó en Pravda de sus acciones, y su pena fue conmutada por 10 años en la prisión de Lubianka, donde pasó su tiempo escribiendo historias satíricas contra los emigrantes. Según la checa, órgano precursor del KGB, Boris Savinkov se suicidó saltando por su ventana el 15 de mayo de 1925, aunque otras personas, como Alexandr Solzhenitsyn, aseguran que le tiraron.

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Portada número 167
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