El ex primer ministro portugués Aníbal Cavaco Silva obtuvo el 50,6% de los votos en las presidenciales portuguesas del pasado 22 de enero. Cavaco se convierte en el primer presidente de la derecha desde la Revolución de los Claveles, en 1974.
Su rival más cercano, el independiente Manuel Alegre, proveniente del Partido Socialista y que debería haber sido el candidato oficial de dicha organización, logró el 20,72% de los votos. Así, el gran derrotado pasó a ser el PS, encabezado por el veterano Mário Soares, de 81 años, que no consiguió sumar más que el 14,12%. Aun sumando los votos de ambos candidatos socialdemócratas, el Partido Socialista ha perdido el 10% con respecto a las elecciones legislativas de marzo del 2005. Más a la izquierda, tanto el Partido Comunista (que obtuvo un pequeño crecimiento) con un 8,5%, como el Bloco de Esquerda, que consiguió un 5,3% (su segundo mejor resultado en siete años de existencia), continúan lejos de ser una alternativa de cambio político real en el escenario político portugués.
Voto de castigo
Cavaco Silva, que tomará posesión como presidente de la República el próximo 9 de marzo, ha tenido la capacidad de captar una parte significativa del voto descontento por las políticas antisociales del Gobierno socialista. La división de la izquierda, y de manera especial en el propio Partido Socialista, tampoco ayudó a frenar la victoria del candidato conservador en la primera vuelta. Conviene señalar que en Portugal el presidente tiene poderes importantes, ya que puede hacer dimitir al gobierno, disolver el Parlamento y vetar leyes, pero éstos no incluyen la participación activa en el proceso ejecutivo y legislativo, que es responsabilidad del Ejecutivo, aún en manos de los socialistas portugueses.
Con la victoria de Cavaco Silva, apoyado por la derecha portuguesa (Partido Social Demócrata y Partido Popular), se conforma una coalición de intereses económicos que apoyarán esta nueva Presidencia de la República y al actual Gobierno socialista del primer ministro José Sócrates. Los analistas prevén un endurecimiento aún mayor de las políticas antisociales emanadas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Tiempos difíciles para los sectores populares, cada vez con mayor desprotección social y mayores índices de precariedad laboral.