Daniel Orte se define como “un soldado de fortuna del documental, soñador, idealista, luchador, amante de lo justo, un poco cabezota y a veces intransigente”. No tiene muy clara la línea que separa su vida personal del trabajo. Vida y trabajo siempre relacionados con las montañas, su otra gran pasión.
Su último trabajo, Chaves, la memoria expoliada, es una denuncia sobre la destrucción de la Cueva de Chaves, en el Coto de Bastarás del municipio de Casbas (Huesca).
Al conocerse la noticia, unos amigos de Ecologistas en Acción (EeA) de Huesca le propusieron realizar un documental. “La mayoría de los oscenses conocimos la existencia y el valor de Chaves el día en que supimos de su destrucción. Esto es lo triste, que los ciudadanos conozcamos el valor de nuestro patrimonio cuando ya lo hemos perdido, lo que es síntoma de su mala gestión”.
Para este documental contó con la ayuda de María José Urraca Cabrero, Tote, natural de Sieso de Huesca, cerca de Chaves. Tote, como la mayoría de los vecinos, estaba indignada, por lo que no tuvo ningún problema en encargarse de la investigación, las entrevistas y coordinar la producción.
Se entrevistó a numerosos vecinos de la zona, que pedían hablar en privado por temor a represalias. “Todavía existe en nuestro medio rural ese miedo ancestral a opinar públicamente, a las posibles represalias en una sociedad caciquil”. También hablaron con los guardas de la finca, que no aportaron gran cosa: “Cuando entrevistamos al director de Patrimonio me pareció consternado, aunque no sé si dispuesto a hacer algún cambio en las políticas de patrimonio para que hechos como el de Chaves no vuelvan a suceder”.
Daniel ignora si el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón tiene alguna opinión. “Todo su interés estaba en dejar claro que ellos cumplían a rajatabla con lo que dispone la ley. Sinceramente, creo que el medio ambiente no les importa nada”, afirma el realizador.
Fue imposible hablar con FIMBAS SA, la empresa propietaria del coto: “No sólo no quisieron dar su opinión sino que no nos dejaron entrar en la finca para acceder a la cueva. Ésa ha sido nuestra principal dificultad y a la vez nuestro principal reto narrativo”. Se consiguió hacer un documental sobre una cueva a la que no fue posible acceder. “Este inconveniente lo transformamos en una ventaja, ya que al no poder entrar por vías convencionales contratamos un ultraligero y la sobrevolamos minuciosamente. El vuelo nos dio una visión sobrecogedora de hasta dónde llegaban las actuaciones de esta gente y hasta dónde la connivencia de los responsables políticos en materia de medio ambiente”.
El documental está teniendo una gran acogida en sus proyecciones por todo Aragón y Navarra. El 6 de noviembre se presentó en Madrid dentro de la campaña de sensibilización que EeA desarrolla a nivel estatal. “Aprovechamos la presentación para solicitar al Ministerio de Cultura que expropie la Cueva de Chaves y los tres abrigos rupestres que se encuentran en la finca y que hasta el momento parece que han corrido mejor suerte”.
Daniel nos habla de su futuro: “Más que llegar, quiero seguir; siempre pensamos en el futuro y nos olvidamos del presente. Los premios no son más que una palmadita en la espalda de unos señores que saben mucho de cine. Si el hecho de recibir premios va a cambiar el objetivo de mi trabajo, no quiero premios”.
Seguirá haciendo lo que le gusta, financiándose de su propio bolsillo, con la ayuda de amigos y endeudándose con los bancos, aunque tarde mucho tiempo en recuperarse después de cada proyecto.
En una última demostración de su carácter y determinación nos confiesa: “Hasta el momento tengo que dar la razón a aquellos que me aconsejaron que no me dedicara profesionalmente al documental, pero sigo sin hacerles caso y aquí estoy”.

Casbas (Huesca), dentro del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, la cueva de Chaves albergaba un asentamiento neolítico de hace más de siete mil años, clave para conocer el cambio de una población nómada a una sociedad pastoril, conocedora del cultivo de vegetales con que completar su dieta basada en el conejo, la oveja o la cabra.
Los arqueólogos que desde 1984 realizaban campañas de excavación, hallaron restos de cerámicas, molinillos, volanderas, hachas pulidas y hojas de sílex con pátina de siega, pruebas de la actividad agrícola de sus ocupantes.
Este yacimiento se hallaba en el coto de caza de Bastarás, propiedad de la empresa FIMBAS SA, cuyo dueño es Vitorino Alonso, un conocido magnate de la minería y presidente de la Patronal del Carbón. Vinculado al negocio de la caza, el empresario arrastra numerosas denuncias por delitos fiscales aún sin resolver y dos de sus explotaciones mineras están en huelga por el impago de nóminas.
En 2006 FIMBAS inició una serie de reformas para adaptar la finca a una explotación cinegética intensiva: valló el terreno, que es parte de un monte de utilidad pública, cortando así el camino real que une los municipios de Buesa y Boltaña, y construyó un abrevadero para los animales criados en el coto con destino a la caza. Esta obra es la causa de la destrucción del principal patrimonio arqueológico del neolítico en Aragón y el segundo en importancia del Estado.
A pesar del centenar de denuncias presentadas por vecinos, grupos ecologistas y de defensa del Patrimonio y pese a los expedientes abiertos por el SEPRONA de la Guardia Civil y la Confederación Hidrográfica del Ebro, sólo dos prosperaron ante el Gobierno de Aragón, que sancionó a FIMBAS con la ridícula cantidad de 1.500 euros de multa por obras ilegales. Tras el escándalo, el Gobierno de Aragón ha anunciado que eliminará el vallado del coto de caza de Bastarás correspondiente al monte de utilidad pública “por suponer la recuperación de un espacio público que ha estado usurpado durante años”. Aunque ya sea tarde para la Cueva de Chaves, puede que los tres abrigos con pinturas rupestres de la zona aún se salven.