Periódico Diagonal

TÚNEZ | SEIS PERSONAS FUERON ASESINADAS ANTES DE LA CAÍDA DE BEN ALI

La ciudad de Thala exige dignidad y desarrollo

Los habitantes de Thala y de otras ciudades reprimidas durante las protestas exigen que se juzgue a los culpables y se tomen medidas económicas urgentes.

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Gladys Martínez López / Enviada especial a Túnez
Miércoles 9 de marzo de 2011.  Número 145
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“Los sueños en Thala son muy sencillos: trabajo y dignidad”, nos dice el profesor de primaria Adel Romdhani. En Thala, una ciudad a 300 kilómetros al suroeste de Túnez capital y uno de los focos de las revueltas que acabaron con Ben Ali, se siente la rabiosa desesperación que llevó al pueblo tunecino a echarse a las calles.

“Nadie se preocupó de la ciudad desde 1956. Es una zona muy rica, tiene fosfatos y agricultura, pero esto no se refleja en los ingresos de los ciudadanos”, explica Romdhani, quien nos hace un retrato de la brutal corrupción que ha arruinado a ésta como a otras ciudades: “Los que se beneficiaron de nuestras riquezas son los Trabelsi [la familia de la esposa de Ben Ali, presente en cualquier negocio lucrativo a lo largo y ancho del país]”, que robó a la población las tierras más prósperas.

En las calles, la miseria y la falta de desarrollo e infraestructuras son patentes. “El paro es de entre el 70% y el 80% –explica Faissal, otro profesor de la escuela primaria–. Los únicos que trabajan aquí son los funcionarios”.

Ante la llegada de periodistas, la población se agolpa para contar sus miserias, todas ellas similares y dramáticas: ausencia de cobertura social de ancianos, enfermos, viudas, parados; ausencia total de trabajo, diplomados sin futuro, corrupción, abandono... “Somos muy pobres. Leila Trabelsi pagaba las facturas de agua a un dinar, pero nosotros la pagamos completa”, explica Mounija Kalfaoui, una habitante de Thala. Y toda la población se queja de que los medios tunecinos, incluso hoy, se niegan a hablar de Thala, no sólo de su situación económica, sino también de la represión que sufrió durante las protestas que acabaron con Ben Ali.

Represión de las protestas

Todo comenzó en Sidi Bouzid, cuando el vendedor ambulante Mohamed Bouazizi se inmoló el 17 de diciembre.

Thala, junto con Qasrín y Regueb, fue una de las ciudades más reprimidas por el régimen durante las protestas. Allí, nos cuenta Romdhani, la revuelta estalló el 3 de enero, “cuando Túnez capital todavía no se movía. Empezamos manifestaciones pacíficas en solidaridad con Sidi Bouzid, pero el acoso de la policía derivó en enfrentamientos”. El régimen envió 1.800 policías de la Brigada de Intervención “con municiones para una ciudad tres veces mayor que ésta, además de francotiradores”, explica Romdhani, quien habla de que todo el pueblo participó en las revueltas y se organizaron en dos turnos que cubrían día y noche, también para hacer circular la información a través de Facebook.

El resultado: seis personas asesinadas a quemarropa, una anciana asfixiada por los gases y 70 heridos. Pero no sólo: 14 personas fueron trasladadas a Qasrín por la policía y torturadas, y varias mujeres y dos hombres fueron violados. Bajta Kadhi, una doctora que participa en la comisión de investigación de la Asociación de Mujeres Demócratas sobre la represión en Thala, Qasrín, Regueb y Sidi Bouzid, que provocó varias decenas de muertos, nos explica cómo el régimen se ensañó “y realizó una masacre entre la población de las zonas más desfavorecidas”, y narra cómo se “aterrorizó a los habitantes durante varias noches, se golpeó a manifestantes hasta la muerte, se impidió el traslado de los heridos a los hospitales, se atacó y saqueó las casas, hubo violaciones colectivas…”. Ahora, la comisión trabaja en un informe exhaustivo de todas las violaciones de derechos para que se castigue a los responsables de estos actos: “Ayudamos a la población a denunciar ante la justicia tunecina y ante los responsables de tomar medidas, y si no somos escuchados, iremos a la Corte Penal Internacional”.

Kadhi también explica que están recibiendo numerosos dossieres sobre corrupción y violación de derechos económicos de las poblaciones, que hoy reclaman “el desarrollo de estas regiones, el desarrollo de las infraestructuras, de los sistemas de desagüe y sanitarios e inversión para que se cree un empleo duradero”.

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Portada número 174
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