
En 2006, mientras la capital de la Costa del Sol presumía de concentrar una amplia oferta cultural –que ha sabido rentabilizar y estrujar al máximo la figura de Picasso–, la práctica indicaba lo contrario: la escasez de espacios para desarrollar cualquier disciplina artística se hacía evidente con el continuado cierre de salas de cine históricas en el centro de la ciudad. Eso fue un síntoma, y no pocos supieron detectarlo. Desde hacía años se intuía un amplio descontento entre ciertos sectores de la ciudadanía malagueña, colectivos de artistas y diversos movimientos y espacios sociales como el centro okupado Casa de Iniciativas.
Esta pluralidad de inconformistas aprovechó la celebración en marzo del Festival de Cine Español para okupar el Cine Andalucía y desarrollar, de forma paralela a la muestra oficial, una serie de actividades que hizo que muchos de los invitados giraran la cabeza hacia esa propuesta que, a escasos metros de la alfombra roja, creía en una Málaga donde lo cultural estuviera íntimamente ligado a lo social.
La brecha estaba abierta y el pistoletazo de salida dado. El modelo de capital cultural instaurado no cubría las necesidades ni parecía responder a los intereses de la ciudadanía, de manera que el descontento toma forma y se canaliza 365 días después, de nuevo dentro del marco del Festival de Cine Español, en la okupación de un inmueble del siglo XIX. Se trata de un edificio de 2.000 m2 de titularidad municipal, que anteriormente había sido discoteca y permanecía en desuso.
Ineficiencia administrativa
La Casa de Iniciativas impulsa la
okupación junto a los Creadores
Invisibles, colectivos feministas, universitarios,
la Coordinadora de Inmigrantes
de Málaga y la plataforma
contra la especulación urbanística
Málaga no se vende, para demostrar
la ineficiencia de la Administración
en la gestión de lo público. Inicialmente,
la idea de permanencia no
existe. Pero pronto las capacidades
de La Invisible, en buena medida dadas
por el propio inmueble, comienzan
a dejarse ver y sus moradores se
asientan apostando por una gestión
colaborativa del edificio. La Invisible
demuestra que existe una tercera vía
donde la participación ciudadana es
capaz de crear, producir y gestionar
cultura de otra forma.
El nuevo centro social arranca con talleres, conciertos y proyecciones cinematográficas. Pero la amenaza de un desalojo impulsado por el Ayuntamiento no tarda en llegar, lo que abre un proceso de negociación entre éste y el centro social. En este marco, La Invisible elabora un extenso proyecto donde explica los reportes sociales que surgirán a corto y largo plazo si se mantiene abierto un centro autogestionado que base su actividad en la cooperación y participación social. Además, consigue sentar en la misma mesa del Consistorio experiencias similares europeas como el centro Hafenstrasse de Hamburgo y a personalidades de reconocido prestigio como Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía. A día de hoy la negociación se encuentra congelada. Y La Invisible sigue funcionando.
Lo que allí se cuece es gestionado por grupos de trabajo que tienen en la asamblea el órgano común de toma de decisiones. Ecologistas en Acción, el Foro por la Cinemateca, la Universidad Libre Experimental, Indymedia Estrecho, Consumo Crítico o la Asociación folklórica de Verdiales de Málaga, entre otras organizaciones y proyectos, han encontrado en ella un espacio donde trabajar. La oferta formativa es amplia y variada: desde talleres de yoga y teatro hasta percusión africana, intercambio de idiomas o jazz. Además, el grupo CARCAT, con la ayuda de vecinos y vecinas del centro histórico, desarrolla un mapa político que visibilizará las distintas realidades sociales, ambientales o de precariedad que existen en la ciudad.
El organismo vivo que, hoy por hoy, es La Invisible no sólo supera todas las expectativas iniciales sino que las dificultades que encuentra a su paso sirven para seguir trabajando y aumentar las potencialidades que brinda a la ciudadanía un lugar donde ella misma pueda ser protagonista y generadora de cultura, no simplemente espectadora.
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Una marea
de apoyos
El director del Reina Sofía (Madrid),
Manuel Borja-Villel, es uno de los
profesionales de renombre que han
mostrado su adhesión a La Invisible.
Tal vez es el más significativo, pero
no el único. Personalidades como
Darío Fo, Naomi Kleim o Albert Plà
se han sumado a las centenares de
personas y organizaciones que solicitaron
al Ayuntamiento de Málaga
la paralización del desalojo del centro
okupado. Fruto de este apoyo,
que tuvo su punto álgido el pasado
18 de septiembre en una manifestación
que reunió en Málaga a un
millar de personas, el Consistorio no
ha ejecutado el desahucio.
"LA POTENCIA DE
LA COOPERACIÓN"
La Invisible ha conseguido
cumplir tres años de existencia
gracias al esfuerzo conjunto
y compartido de colectivos
y ciudadanía. Para
celebrarlo, bajo la rúbrica
“La potencia de la cooperación”
el centro social organizó
del 9 al 20 de marzo un
variado programa de actos.
En esos días pasaron por La
Invisible el Colectivo Iconoclasistas,
de Argentina, que
realizó dos talleres relacionados
con el mapeo político
urbano; el sociólogo Ramón
Grosfogel, que se centró en
experiencias y espacios que
sirven como motores políticos
para fomentar nuevas
formas de producir cultura; y
el filósofo y agitador social
italiano Franco Berardi. Los
talleres y debates se completaron
con música, teatro y
exposiciones.