El ‘lobby’ petrolero manejado por Exxon
Tres grandes petroleras ‘globales’
(Exxon Mobil, RD/Shell y
BP) controlan una cuota de
mercado del 50% de la producción
internacional de petróleo.
En 2005 alcanzaban unas
ventas cercanas al billón de
dólares (el 60% fuera de sus
países) y empleaban a más
de 300.000 personas. Estas
empresas lideran el ránking del
mercado bursátil junto a General
Electric, Vodafone y General
Motors. El valor de sus activos
superaba en 2005 los
630.000 millones de dólares.
El lobby petrolero, que agrupa
a las principales empresas
petroleras privadas, es en sí
mismo un poder autónomo
dentro del sistema mundial.
Su capacidad de presión incide
muy directamente en las
políticas de EE UU y de la UE.
Exxon Mobil asegura en
buena parte su organización y
financiación.
Las actuaciones de este lobby petrolero son inequívocas con respecto al medio ambiente, la sostenibilidad del planeta y el cambio climático. En la Cumbre de Johannesburgo (2002) sobre desarrollo sostenible, el lobby petrolero presionó a Bush para que se desmarcara de los objetivos de esta Cumbre y le instó a oponerse a cualquier decisión contraria a los intereses petroleros y a bloquear cualquier avance en la firma de nuevos tratados sobre medio ambiente. La influencia de este lobby petrolero, financiado por Exxon Mobil, ha sido decisiva para que 2.000 millones de personas no tengan acceso a la energía y para que todo el planeta esté expuesto a los impactos del cambio climático.
BP en la Guerra de Iraq
En las horas y días anteriores a
que EE UU y Gran Bretaña invadieron
Iraq, un equipo de ingenieros
de la British Petroleum
(BP) en Kuwait había adiestrado
a las tropas de combate del 516
Equipo de Especialistas Royal
Engineers en el manejo de los
campos petroleros de Iraq. Tan
pronto como las tropas se hicieron
con el sur del país, Robert
Spears, un escocés gerente de
BP, fue comisionado por el
Gobierno británico para ayudar a
dirigir el trabajo de reconstrucción
de las refinerías.
En julio, BP había obtenido ya su
recompensa: uno de los primeros
buques cisterna de petróleo salía
desde el sur de Iraq. BP había
conseguido el 25% de la venta
inicial de ocho millones de barriles
de las existencias actuales de
petróleo iraquí. El mes anterior,
Chevron había enviado la misma
cantidad de petróleo desde el
sur de Iraq.
Con anterioridad, ingenieros jubilados de la Royal Dutch/Shell Group habían ayudado en la formación de las tropas invasoras en Nottingham, Inglaterra. En el momento en que los yacimientos petrolíferos fueron incautados al Gobierno iraquí por los invasores, los trabajadores de las empresas fueron militarizados por el Ejército británico y enviados al sur de Iraq para ayudar a la reconstrucción. Shell, junto con Chevron, BP y otros siete gigantes del petróleo, han obtenido desde entonces contratos fabulosos para explotar la producción del crudo del ‘nuevo Iraq’. “Estamos apalancando al sector privado”, había comentado entonces Robert Crear, general de brigada de EE UU al Wall Street Journal. Este militar estaba a cargo de las tareas de “reconstrucción” en Iraq.
Nigeria: crimen y expolio de la Shell
Desde 1956, cuando Shell inició
la explotación de su primer pozo
en el delta del Níger, la presencia
de compañías petroleras ha
supuesto para la población local
pobreza, malnutrición, degradación
social y medioambiental, violencia
y muerte.
Las compañías petroleras representan
una amenaza medioambiental
para las comunidades
vecinas del delta del Níger. Las
diferentes formas de contaminación
que generan hacen imposible
el desarrollo de la agricultura y la
pesca. También es muy difícil
obtener agua potable. La tierra, la
lluvia y los ríos están contaminados
por la explotación petrolera y
la quema de gas al aire libre, que
provoca lluvia ácida convirtiendo
la industria petrolera de Nigeria en
la mayor fuente de calentamiento
global del mundo.
Para defender su tierra y su vida,
la población local se ha venido
enfrentando a las compañías
petroleras. Esta protesta ha significado
el castigo y la represalia de
muchas comunidades por las fuerzas
de seguridad privadas de las
compañías y por el Ejército, que
no ha dudado en quemar poblados
enteros y disparar a manifestantes.
Y es que el Gobierno no ha querido arriesgar sus relaciones con las petroleras y el maná que representaban. Una de las acciones más brutales llevadas a cabo en los ‘90 fue la detención, el juicio arbitrario y la muerte de ocho activistas, entre los que estaba Ken Saro-Wiva, líder del movimiento protagonizado por la población ogoni. Nigeria, que obtiene el 80% de sus ingresos de la exportación del petróleo, acumula una deuda externa que supera el 90% del PIB y siete de cada diez personas viven por debajo del umbral de la pobreza.
El eje del petróleo
La invasión de Iraq para
hacerse con sus campos de
petróleo fue una consecuencia
lógica de la Administración
estadounidense en la aplicación
de su política exterior de
rapiña y control de los recursos
mundiales.
George Bush y Dick Cheney
han liderado durante años un
“eje de petróleo” que integra
a la cúspide del poder mundial.
De hecho, estos gobernantes
han definido la seguridad
nacional estadounidense
como “el acceso al petróleo”.
El improbable ‘éxito’ de la Guerra en Iraq podría renovar para EE UU el acceso a reservas de petróleo, que son casi tan grandes como las de Arabia Saudita, lo que podría romper la influencia y los acuerdos de los países de la OPEP. Al mismo tiempo, la persistencia de este eje del petróleo proporciona grandes beneficios a políticos y gobernantes estadounidenses y mundiales, íntimamente relacionados con compañías del negocio del petróleo como Exxon Mobil, Halliburton, Chevron- Texaco, Shell o BP, por citar las más relevantes. En conclusión, son los Gobiernos y las Administraciones, como es el caso de EE UU, las que definen los conceptos de seguridad nacional o mundial sirviendo con ello a los intereses de las empresas, lo que otorga beneficios para unos pocos. Más allá de todo este negocio, no queda nada claro quién puede beneficiarse de estas políticas y situaciones.