
Prohibido el paso. Desde principios de noviembre el Ejército israelí ha vetado la entrada en Gaza a periodistas y activistas de derechos humanos. Pocos días antes de la ofensiva, se declaraba además toda la Franja como “zona militar cerrada”, una declaración que implica la evacuación de todos los civiles extranjeros. Alberto Arce, miembro del Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM), ha decidido permanecer en la Franja al margen del veto a testigos internacionales: “Al menos un mes antes del comienzo del ataque, la asociación de la prensa extranjera en Israel decidió recurrir a la justicia para recuperar el derecho que se les arrebataba”, escribe. “Pese al fallo favorable de la corte suprema, el ejército, como viene siendo habitual, no aplica la decisión. Israel no quiere testigos de lo indiscriminado de su ataque”.
La Asociación de la Prensa Extranjera en Israel, organización en la que participan más de 400 medios de comunicación, ha recordado al Estado judío que el veto a la prensa supone una “restricción sin precedentes a la libertad de prensa”. De acuerdo a esta organización, Israel estaría violando también en este punto la legislación internacional, al impedir “el acceso a las zonas en las que son responsables y en las que haya dudas razonables de que se puedan estar cometiendo o se hayan cometido violaciones de Derechos Humanos”.
Tales demandas no han sido escuchadas. Ni el respeto a la libertad de información ni la legislación internacional figuran entre las prioridades de Israel. De forma dramática, este desprecio se hizo visible el pasado 15 de enero, cuando el Ejército israelí bombardeó en la misma mañana la sede de Naciones Unidas para los refugiados, un hospital y un edifico usado por la prensa internacional, ataque este último donde resultaron heridos dos reporteros palestinos de la cadena árabe Abu Dhabi.
Pero no ha sido la única agresión dirigida directamente contra la prensa. La Federación de Asociaciones de Periodistas de España señala otros tres casos: “El 29 de diciembre fue bombardeada la sede de Al Aqsa TV, el 4 de enero un vehículo de la misma emisora, vinculada a Hamás, fue alcanzado por varios disparos. Al día siguiente el objetivo fue la oficina del semanario Al Risala. El 9 de enero fue bombardeada la torre Al- Johara, que alberga a una veintena de medios internacionales: franceses, turcos e iraníes entre otros. Un periodista de Al Jazeera resultó herido. Se ha podido constatar que todos los ataques se han producido sobre instalaciones o vehículos visiblemente identificados como ‘Press’ ó ‘TV’.
“El riesgo es total”
Para los informadores occidentales
que han entrado en Gaza, la prohibición
también supone algo más
que enfrentarse a una falta de permisos.
“En Gaza todos estamos sometidos
al mismo riesgo, y el riesgo
es total. Nos han disparado cuando
viajábamos en ambulancia, 13
miembros de los médicos con los
que trabajamos han sido asesinados
y varios misiles han caído cerca”,
afirma Alberto Arce. Él mismo,
además, ha visto cómo un portavoz
de la embajada de Israel le acusaba
de ser “activista pro Hamás”, mientras
que grupos de la extrema derecha
israelí han llamado a “neutralizar”
al ISM y asesinar a sus activistas.
“A medida que aumenta la repercusión
del trabajo que hacemos
desde aquí, aumentan las amenazas”,
asume Arce desde Gaza.
En este contexto, la mayoría prefiere no jugársela. De este modo, la cobertura que llega a los hogares occidentales procede en su mayor parte del lado israelí. Casi todos los periodistas (hay más de 400 registrados) informan desde Sderot, la ciudad más cercana a la Franja, y que sirve a Israel para mostrar como ejemplo del miedo ciudadano ante los cohetes lanzados por Hamás. Desde el lado israelí, en una entrevista con El País el embajador Raphael Schutz justificaba el bloqueo a la prensa basándose en casos similares: “Esta práctica de delimitar el acceso mediático es muy común, así se puede nombrar la operación de la OTAN en Afganistán, la guerra de las Malvinas...”. Sí sostuvo que “la Corte Suprema israelí ha ordenado la entrada de un grupo reducido de periodistas, y con esto se va cumplir”. En el momento que Israel anunciaba su retirada parcial este hipotético grupo aún no había llegado a formarse. Algo que no han señalado las autoridades israelíes es si la composición de este equipo sería o no elegida por el propio Israel, entre cuya lista de medios selectos figurarán en primer lugar cadenas como CNN y Fox News.
Hasbara, o la máquina de propaganda bélica
“Es como si estuvieran disparándonos desde Marruecos”, puede leerse en periódicos españoles. En EE UU se llega a decir: “Es como si nos atacasen desde Tijuana, Israel se está defendiendo”. Con apenas variaciones, razonamientos de este tipo se repiten en medios de todo el mundo. No es debido al azar. Israel no sólo cuenta con una abrumadora maquinaria bélica, sino también propagandística. Además de sus representaciones diplomáticas, el Estado israelí cuenta con un ejército de propagandistas, funcionarios del Gobierno y voluntarios, que inundan de correos a corresponsales extranjeros y medios de comunicación locales. Este spam masivo tiene su término en hebreo (la hasbara, o ‘el esclarecimiento’, eufemismo para referirse a la propaganda de guerra). Ignorando la ocupación y el sufrimiento de los palestinos, se intenta salvar la deteriorada imagen de Israel ante la opinión pública mundial. En una línea similar, el Ejército israelí cuenta incluso con un canal en Youtube donde de forma técnica se presume de “la precisión” de los bombardeos. Pese a lo burdo de la propaganda, los esfuerzos israelíes en comunicación no son en vano. No sólo los medios más reaccionarios reproducen sin cambios la versión israelí, la agenda informativa respecto a asuntos como el comienzo de las hostilidades o la selección de los temas más relevantes sigue marcándose desde Tel Aviv.
MENTIRAS QUE HAN TENIDO ÉXITO
HAMÁS ATACÓ PRIMERO
Se acepta que la actuación de Israel es una “respuesta”
(desproporcionada o inevitable, según qué
periódico se lea) a los ataques de Hamás, responsable
del fin de la tregua. En realidad, Israel había
bombardeado Gaza los días 4 y 17 de noviembre.
Hamás puso fin a la tregua el 19 de diciembre.
EL ORIGEN DEL CONFLICTO
“Al ver las noticias, uno pensaría que la historia comenzó
ayer, que un grupo de lunáticos barbudos islamistas
antisemitas surgió de pronto”, escribe Robert
Fisk. Los medios suelen olvidar hechos como la expulsión
de 700.000 palestinos de sus tierras en 1948 o
el bloqueo que desde hace dos años padece Gaza.
LARGA LISTA DE “GRAVES ERRORES”
“Un grave error”, dijo el ministro Ehud Barak tras el
bombardeo sobre una sede de la ONU. Estas semanas,
Israel ha bombardeado cinco edificios de
Naciones Unidas. No es nuevo. En 1996, el Ejército
masacró a 106 refugiados libaneses en una sede
de la ONU. También se dijo que se investigaría.
HAMÁS USA A CIVILES COMO ESCUDOS
Hamas se esconde en colegios u hospitales, se ha
dicho para justificar algunos bombardeos, sin que
después se hallase presencia de los islamistas. En
un lugar densamente poblado como Gaza, disparar
a núcleos urbanos supone matar a civiles. Además,
se olvida que Hamás fue elegido por los palestinos.