En menos de cinco años, la República irlandesa ha pasado de modelo capitalista a ejemplo de la catástrofe que genera la desregulación económica. El nuevo Gobierno continuista deberá hacer frente a una izquierda cada vez más fuerte.
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Tras las elecciones celebradas en Irlanda el pasado 25 de febrero, la mayoría de los medios han coincidido en destacar algo que han calificado de histórico: los irlandeses han hundido al partido prácticamente hegemónico, Fianna Fail (FF), que ha pasado de 77 escaños a 20, en beneficio de Fine Gael (FG), ahora primera fuerza con 76 sitios. El nuevo Gobierno, sin embargo, seguirá la línea marcada por su antecesor, que atendió a las órdenes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE), quienes le obligaron a aceptar un préstamo billonario para rescatar su sistema bancario. Por lo tanto, con el nuevo Ejecutivo los irlandeses también tendrán que pagar durante años la orden del FMI y la UE, cuyo objetivo, lejos de apoyar a la sociedad irlandesa, fue frenar un posible contagio de quiebra en otras entidades financieras de la UE.
Lo que los medios no han destacado es que los comicios han dejado otra significativa consecuencia que se hará notar a medio y largo plazo. Y es que, proporcionalmente, el sector que más se ha visto fortalecido tras las elecciones ha sido la izquierda, que tendrá por primera vez representación parlamentaria suficiente para hacer oposición a las políticas de los que hasta el momento eran partidos líderes –FF y FG– , que han defendido políticas neoliberales a pesar de que tradicionalmente se les considere antagonistas por el hecho de que se enfrentaron entre sí en la guerra civil de 1922-23.
Así, el verdadero cambio histórico que ha dejado el desastre financiero en Irlanda ha sido el aumento electoral del Sinn Fein (de cuatro a 14 escaños), de la United Left Alliance (la coalición formada por el Socialist Party, People Before Profit Alliance y Workers and Unemployed Action Group ha irrumpido en el Parlamento con cinco escaños) e independientes (de seis a 14), en su mayoría progresistas. En total, las sensibilidades de izquierda suman ahora 33 escaños, una cifra muy notable para un Estado generalmente católico y conservador como Irlanda, en el que el binomio FF y FG ha imperado desde que el sur de la isla lograra independizarse de Gran Bretaña en 1921.

Los laboristas suben
Pese a los buenos resultados obtenidos por los laboristas(casi el doble), las encuestas anticipaban en diciembre más escaños para el partido de Edmond Gilmore. Incluso preveían que sería la primera fuerza, habida cuenta del enfado de los irlandeses con la actitud humillante del primer ministro, Brian Cowen, quien un mes atrás cedió ante la presión del FMI y la UE, y tras repetir decenas de veces que Irlanda no aceptaría dinero del exterior, compareció ante la prensa un domingo a las 20:30 horas para anunciar que pediría un rescate financiero.
Desde entonces, la clase social y política irlandesa se ha dividido en dos grupos. Por un lado, los grandes partidos, que aceptan las condiciones impuestas en el rescate y, por otro, los grupos y movimientos que rechazan pagar la deuda y plantean impulsar una revolución parecida a la de Islandia; esto es, proponen revelarse contra el poder neoliberal y financiero y particularmente contra el FMI y el Banco Central Europeo. Precisamente, la clave que propició el retroceso en las encuestas del partido laborista fue el hecho de que se erigieran firmes defensores del rescate financiero. De hecho, en el momento que defendieron que la receta para salir de la crisis era un Gobierno de coalición con Fine Gael, las encuestas no volvieron a otorgarle el honor de ser primera fuerza.
Grosso modo, los grupos que aceptan las condiciones del rescate arguyen que no hay otra salida más que pagar la deuda. Y la vía que plantean es una severa política de austeridad y recorte de gasto público que se va a saldar con miles de empleos públicos, nuevas tasas estudiantiles y recorte de ayudas sociales. Alegan que todo es cíclico y que Irlanda volverá a ser algún día ese Tigre Celta que permitió que su economía creciera de forma veloz en los ‘90 y hasta más o menos 2005, cuando la burbuja inmobiliaria, alimentada por la desregulación, comenzó a hacerse insostenible.
Siguiendo la senda del anterior Gobierno, los nuevos socios de coalición han acordado esta misma línea. Pero, conocedores de la mala prensa que genera la exacerbada deuda financiera, la promesa estrella del nuevo Ejecutivo es renegociar el préstamo forzado por los organismos internacionales para modificar la tasa de interés, hoy día del 5,8%.
Atendiendo a las negativas que llegan desde Europa, todo apunta a que la promesa de renegociar el préstamo quedará en humo e Irlanda aplicará todas las medidas de recorte anunciadas, incluido el polémico incremento del impuesto sobre el agua. Todos los analistas políticos y económicos predicen años difíciles para Irlanda, un país que fue modelo capitalista por excelencia y en el que su bajo impuesto de sociedades (12,5%) y desregulación permitieron atraer a grandes multinacionales. También ese mismo modelo ha sido uno de los factores que ha hecho callar a sus ciudadanos, cuyo silencio tras el descalabro económico ha sorprendido en toda Europa, más habituada a hacer frente a huelgas generales y protestas callejeras. Sin embargo, según las plataformas sociales, estudiantiles y de desempleados, el auge de la izquierda en los comicios actuará de catalizador para la movilización social, en su opinión imprescindible para que Irlanda recupere su soberanía perdida y corte el grifo al sector bancario.
El laborismo acepta el pacto
El Partido Laborista, socialdemócratas de centro-izquierda, también ha engrosado su electorado (de 20 a 37), aunque, finalmente, haciendo caso omiso a sindicatos y resto de grupos de izquierda de la Cámara, ha decidido formar coalición de Gobierno con Fine Gael aduciendo que “rebajará” las medidas de recorte que plantea el nuevo ‘taoiseach’ (primer ministro), Enda Kenny. Han sido varias las voces laboristas que se han alzado en contra del acuerdo con Fine Gael, si bien no han reunido suficiente fuerza para que la dirección del partido cambiara de opinión. Según el acuerdo de Gobierno, el Partido Laborista dirigirá seis de las 15 carteras ministeriales.
Brian Leeson, portavoz de la Plataforma ’1% Network’
“UN 1% DE LA ÉLITE IRLANDESA CONTROLA EL 34% DE LA RIQUEZA”

A.A.B.
La plataforma 1% Network, consituida
por grupos Éirigí, Irish
Socialist Network, Seomra Spraoi
y el Workers Solidarity Movement,
se ha movilizado para rechazar
los recortes y promover una alternativa
socialista.
DIAGONAL: ¿En qué consiste su campaña?
BRIAN LEESON: Nuestra crítica se centra en el desequilibrio en el reparto de la riqueza. Según estudios oficiales, un 1% de la élite irlandesa controla el 34% de la riqueza. Si no nos movilizamos para cambiar el sistema, esta minoría seguirá manejando todo el poder. Se ha vendido la idea de que en Irlanda no hay dinero, que tenemos que ser rescatados y después debemos pagar durante años ese préstamo, pero lo cierto es que sí hay dinero, y mucho, lo que pasa que está controlado por unos pocos.
D.: En su última protesta, 1% Network acordonó la sede del Banco Central, en Dublín. ¿Qué trataron de expresar?
B.L.: El Banco Central es el símbolo del capitalismo y la desregulación. Las víctimas de sus crímenes financieros son el medio millón de desempleados, los miles de irlandeses que se ven forzados a emigrar, el Estado de bienestar que va a ser recortado, la clase trabajadora que perderá derechos… Los conceptos económicos relativos al rescate financiero son muy complicados, y a veces es necesario hacer protestas visuales para captar la atención de la sociedad.
D.: ¿Qué ha cambiado tras las elecciones del 25 de febrero?
B.L.: Históricamente, el 80% de los votos siempre se ha dividido entre Fianna Fail y Fine Gael. Eso se ha roto con el incremento de los votos de los grupos de izquierdas. Creo que la división ideológica derecha-izquierda se irá clarificando en Irlanda. Con el tiempo, FF y FG irán juntos, y la izquierda trabajará en el otro bando.
D.: ¿Se ha votado por el cambio?
B.L.: La gente estaba enfadada con Fianna Fail y creyeron que con un gobierno de Fine Gael las cosas van a mejorar. Querían elecciones y las han tenido, pero en unos meses se comprobará que continuaremos con una deuda millonaria, la emigración seguirá aumentando… A nuestro entender, la clave no es focalizar el enfado contra Fine Gael o Fianna Fail, sino contra el sistema capitalista.