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IMPACTOS MEDIOAMBIENTALES DEL PETRÓLEO

Miércoles 11 de junio de 2008. Número 80

AGUA
Durante la perforación de pozos, que alcanzan profundidades de 6 kilómetros, la técnica de emulsión inversa comporta la inyección en concentraciones muy elevadas de productos químicos como lubricantes, antioxidantes, biocidas y diésel. Entre los residuos de perforación, hallamos una amplia variedad de contaminantes, tales como antimonio, arsénico, cadmio, cromo, cobre, plomo, magnesio, cinc, así como niveles tóxicos de sodio y yodo. Los residuos generados (lodos de perforación, ripios, aguas de formación, crudo...) se acumulan en balsas que generan un foco de contaminación habitual, porque no han estado impermeabilizadas o rebosan. Cuando el pozo ya está perforado, las compañías se deshacen de ellos como pueden, enterrándolos o vertiéndolos en algún río porque la reinyección a grandes profundidades todavía no es práctica obligada. En regiones tropicales, el agua actúa como vector de contaminación, dispersando el crudo o los metales pesados por los ríos. En zonas desérticas donde el recurso hídrico está en el subsuelo, la actividad petrolera contamina las napas de agua, despojando a las poblaciones del suministro del básico elemento. Por otra parte, la industria del petróleo maneja un dilatado historial de roturas de oleoductos –muchos han cumplido ya su ciclo de vida útil– y de accidentes en el mar. Aparte de los periódicos accidentes, los barcos petroleros lavan sus tanques en alta mar para desalojar los gases que quedan retenidos aún cuando están vacíos. Con esta rutina, se contaminan millones de litros con total impunidad.


AIRE
La contaminación atmosférica de la actividad petrolera se inicia en el mismo pozo. El venteo y quema de gas es una imagen habitual en muchos campos donde no existen redes de gasoductos. Los humos de esta actividad contienen, entre otros, especies químicas como el azufre o el metilmercurio que precipitan en los suelos y pueden infiltrarse en los acuíferos. Aparte, la quema de crudo contamina el aire con óxidos de nitrógeno que pueden reaccionar con la luz solar para formar ozono a baja altura, un irritante respiratorio. La exposición a contaminantes genera respuestas asmáticas, efectos broncoconstrictores y aumenta la mortalidad. El monóxido de carbono (CO) es muy peligroso y puede provocar la muerte. La exposición crónica a bajas dosis puede afectar el sistema de coagulación e incrementar, así, los ataques de corazón o la embolia cerebral. Junto con estos contaminantes, las poblaciones expuestas a los compuetos orgánicos tóxicos en el aire están sometidas a un elevado riesgo de sufrir cáncer pulmonar y efectos respiratorios adversos. Existen evidencias epidemiológicas de estos efectos en poblaciones vecinas a las petroquímicas.

En las refinerías, el crudo se fracciona y se transforma en combustibles y derivados para la industria. Una petroquímica requiere enormes cantidades de agua y libera rutinariamente en la atmósfera compuestos químicos de todo tipo. La concentración de productos inflamables hace que sea una actividad muy peligrosa. En caso de accidente, la combustión y deflagración en cadena de tanques y conducciones de combustibles puede tener trágicas consecuencias. Por último, la combustión del petróleo y sus derivados es responsable de gran parte del cambio climático.


TIERRA
Las concesiones petroleras son enormes extensiones de territorio que pueden llegar al millón de hectáreas. Para localizar los yacimientos que hay en el subsuelo, se trazan líneas sísmicas que provocan la apertura de caminos, helipuertos y campamentos.

Los proyectos sísmicos 3D son aún más impactantes por cuadricular el terreno con intersecciones de caminos cada 500 metros. La invariable trayectoria recta de las líneas sísmicas y el uso de explosivos cada 50 metros, genera procesos erosivos en laderas pronunciadas, afectando a arroyos y cursos de agua. La huella territorial se amplifica con la posterior construcción de carreteras, pozos, depósitos, aeropuertos y el trazado de oleoductos. En todo el mundo, numerosos territorios indígenas y áreas protegidas han quedado atrapadas dentro de bloques petroleros. Las compañías convierten las áreas silvestres en meros polígonos industriales, usando el territorio según las conveniencias del mercado. Los nuevos instrumentos para viabilizar el Protocolo de Kioto han empujado a muchas compañías a ingresar en el sector forestal y agroindustrial para obtener bonos de contaminación, aumentando la pisada de las compañías petroleras sobre el territorio.

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