Periódico Diagonal

ENTREVISTA | JUAN CARLOS BECERRA, INTEGRANTE DE LA PLATAFORMA BERRI OTXOAK

“Hay que dar soluciones para la gente normal, aquí y ahora”

Frente a la estigmatización de las instituciones, Berri Otxoak busca reforzar la dignidad de las personas que viven en precario a través de una unión anclada en lo concreto.

June Fernández / Bilbo
Jueves 11 de junio de 2009.  Número 104

¿Cómo afronta esta crisis Barakaldo?
JUAN CARLOS BECERRA: Ahora que no hay grandes fábricas y la ciudad se basa en los servicios de las grandes superficies y la construcción, el principal problema, más que el paro o los ERE, es la precariedad: los salarios bajos y la menor cobertura social. Otra novedad es el incremento en el precio de la vivienda, por lo que no sólo tenemos una peor cobertura social, sino que nuestros gastos son mucho mayores. La solución ya no es emigrar, porque esta crisis es global. La gente intenta salir adelante a través del colchón familiar: esos padres que trabajaban en las fábricas y tienen una buena jubilación o indemnización están amortiguando la situación de crisis de sus hijos e hijas.

¿Cómo se puede movilizar a esta masa precaria que a menudo se identifica más con la sociedad del consumo que con la clase obrera?
J.C.B.: La gente en Barakaldo sí siente que pertenece a una clase explotada que está pagando la crisis. El obstáculo son las relaciones laborales vigentes. En una misma gran empresa, las y los trabajadores pueden depender de cinco empresas distintas y dos convenios colectivos diferentes. Unir a esas personas es muy difícil. El elemento aglutinador es reivindicar la cobertura de necesidades básicas en un territorio concreto. Se trata de compartir un único objetivo: una cobertura social digna. En vez de buscar una respuesta individual a costa de pisar al vecino del quinto, ver en él un aliado para presionar al Ayuntamiento y así lograr una política de vivienda diferente, reducir la burocracia o combatir la estigmatización social. Nuestro mensaje es que aquí y ahora podemos intentar salir del bache, pero nos lo tenemos que pelear.

¿Esa receta serviría también para prevenir los brotes racistas contra inmigrantes y familias gitanas?
J.C.B.: La gente necesita canalizar su rabia, pero la izquierda ya no está presente en el conflicto como para influir en cómo se canaliza. Y es más fácil meterse con la familia gitana o inmigrante que con el poder. Hay resquemores reales entre quienes compiten por los trabajos más precarios en hostelería, la construcción o el servicio doméstico y la llegada de los inmigrantes tira las condiciones a la baja. Pero lo que hay que reivindicar es la mejora de las condiciones de todo el mundo.

Las instituciones cada vez hablan más de un uso fraudulento de las ayudas...
J.C.B.: Ante una demanda mayor de servicios sociales dignos, su respuesta es estigmatizar a los sectores que la piden. Hay interés en recortar la poca cobertura social que hay y la manera de justificarlo es hablar de fraude y picaresca. A lo que no meten mano es al fraude fiscal. A quienes más afecta este combate del supuesto fraude es a las personas inmigrantes, para evitar que se asienten, y a las jóvenes, para abocarlas a la explotación laboral. Es una política premeditada para que las empresas, a las que el Gobierno considera motor de riqueza, puedan seguir lucrándose. Si hubiera una cobertura social justa, la gente no trabajaría por menos dinero del que considera digno y podría exigir mejores condiciones contando con un colchón en caso de despido. Queremos dar la vuelta a ese esquema. Cuando las personas interiorizan la cobertura social digna como un derecho, se lo curran para conseguirla y dan en su entorno legitimidad a las ayudas. Así vamos creando una corriente de opinión que además sirve para canalizar el descontento social.

Hay quien os acusa de animar a la gente a depender de las instituciones para vivir.
J.C.B.: Hay mucha leyenda urbana sobre gente que vive de ayudas en plan parásito. Éstas son un instrumento para salir adelante, formarse, tener una cobertura que te permita exigir unas condiciones de trabajo dignas. El 40% de las personas perceptoras son pensionistas y otro 35% trabajadoras. El 25% restante las cobran durante una media de nueve meses. Quienes viven permanentemente de los subsidios son una excepción. Es algo que poca gente quiere, porque vivir sólo con la renta básica supone renunciar a la capacidad de consumo.

D.: ¿Cómo valoras la respuesta de los movimientos vascos a la crisis?
J.C.B.: La huelga ha sido importante porque los sindicatos pusieron sobre la mesa cuestiones clave como la política fiscal y la cobertura social. Pero deberían incidir en evitar la subcontratación o la discriminación de género, dos problemas que se encuentran en la base de la precariedad. En cuanto a los movimientos sociales, la principal carencia es establecer más instrumentos que cumplan objetivos reales para la gente normal aquí y ahora. Se trata de encontrar soluciones para mejorar las condiciones de vida de las personas, empezando por las nuestras. Algunos grupos que hablan de lucha y revolución llegan a ser un poco secta. Defienden su verdad, pero están fuera de la realidad. Quienes bajamos a la arena vivimos contradicciones, pero ésas también nos hacen avanzar.

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