
En su novela Bilbao-New York-Bilbao, Kirmen Uribe describe el atentado contra el cuartel de la Ertzaintza el año pasado en Ondarroa, su pueblo natal. El poeta transmite la preocupación que sintió en ese momento por su hijo Unai, temiendo que le hubiera afectado la explosión. Después, retrocede en el tiempo y narra un pasaje de su infancia, cuando la Guardia Civil allanó su casa, y cuenta el terror que sintió entonces… finalmente reflexiona así: “He vivido toda la vida con lo mismo. Son 36 años de conflicto y sólo dos o tres de paz. Qué poco”. Creo que es una reflexión que le sale del corazón y que muchos compartimos. Es algo que se escucha en las charlas de café, en las conversaciones de madres y padres a la salida de las ikastolas: “¿Vamos a dejar otros 30 años de conflicto violento a nuestros hijos?” La reflexión de la izquierda abertzale, publicada bajo el título Zutik Euskal Herria, tiene la virtud de haber sabido escuchar esa reflexión colectiva.
Otro escritor, el norteamericano William Burrouhgs, decía que lo más difícil a la hora de escribir es saber tirar a la papelera lo que no sirve. Puede ser lo mejor que has escrito nunca, pero si no funciona, no funciona. Hay que saber desprenderse de esas páginas para comenzar algo nuevo. Ello no significa que lo escrito no tenga valor. Todo lo escrito, como lo vivido –incluidos los errores– sirve de una u otra manera para iniciar un nuevo camino; pero sólo si tenemos el valor de desprendernos de su peso muerto para caminar ligeros.
Se escuchan voces que afirman no hallar nada nuevo en la iniciativa de la izquierda abertzale. Están profundamente equivocados. Nunca antes las bases abertzales de izquierdas habían llevado a cabo un debate colectivo y abierto como éste. Ahí radica su principal novedad. No es poco. Pero las conclusiones a las que han llegado están también a la altura de la manera en que se ha realizado esa reflexión. Quien no quiera verlo será porque no quiere; por interés o por obcecación. El documento expresa por escrito un cambio estratégico de tal calado que seguramente suponga un giro copernicano en la política vasca. Desde luego no será coser y cantar. Para empezar, una parte muy importante de los cuadros de la izquierda abertzale que han impulsado este proceso están en la cárcel, como bien recordaba el sudafricano Brian Currin en un acto reciente en Madrid.
Más allá del soberanismo
Los escépticos de un lado nos dicen
que ETA se encargará de frustrar las
esperanzas de paz… no podemos
saberlo, pero no parece que las cosas
vayan a ir por ahí en esta ocasión.
Los del otro, apuntan a la represión
del Estado como la responsable
de un nuevo fracaso… puede
ser. Se barruntan en todo caso nuevas
alianzas más plurales que nunca.
Desde el centro izquierda independentista,
hasta el soberanismo
de izquierdas no necesariamente favorable
a la independencia. Un amplio
abanico que va más allá de
alianzas electorales, y que puede tomar
formas diversas en lo político,
en lo sindical, en lo social…
La fuerza motriz de esas uniones tiene la virtualidad de obligar a moverse –a tomar posición– al resto de fuerzas políticas sobre el contenido del debate puesto sobre la mesa por la izquierda abertzale: la soberanía nacional de Euskalherria. Una posibilidad legítima que viene además impulsada por un momento histórico potencialmente favorable. La nueva Europa –insolidaria y escorada a la derecha– es también un territorio donde cada nación busca reubicarse. La UE aún está en construcción, y por eso permanece abierta a posibles fragmentaciones en su seno.
Es necesario también abrir cuanto antes otro debate. Un debate sobre el modelo de país que propugna ese magma soberanista. Cuanto antes, mejor. Habrá desencuentros, pero por eso es tan necesario llevar a cabo una discusión al respecto. Sin maximalismos, pero tratando de constituir una hegemonía ideológica desde la izquierda.
El debate social
Los mimbres para esa hegemonía están
ahí: una izquierda que regenere
la política; que imponga una moratoria
medioambiental para frenar la
destrucción de la tierra; que reparta
el trabajo y la riqueza; que reconstruya
el sector público en beneficio
de las mayorías; que fomente la participación
popular…
Se trataría de convertir Euskalherria en un oasis en medio de un desierto de neoliberalismo y políticas autoritarias; o tal vez en un archipiélago, como sugería en otro sentido Bernardo Atxaga. Habrá de ser, eso sí, un archipiélago hospitalario donde recalen las naves venidas de otros puertos; para compartir con sus ocupantes experiencias y establecer alianzas. Son altas miras –tal vez ingenuas– ya lo sé. Pero tampoco se parte de cero. No es la primera vez que el movimiento social vasco articula foros sociales aprovechando la experiencia del movimiento antiglobalización. La izquierda abertzale –así como otras fuerzas soberanistas– tiene cierta experiencia en la gestión municipal. También la mayoría sindical vasca parece dispuesta a recorrer los caminos del cambio.
En otro ámbito, la comunidad antidesarrollista se ha fortalecido en sus luchas contra las infraestructu- ras destructoras, y propone formas de vida más apegadas a la tierra. También el movimiento feminista ha sabido renovarse, junto con los grupos por la libertad de opción sexual.
Ésas son las fuerzas con las que construir. Desde las prácticas políticas y sociales. Para establecer unos mínimos democráticos urgentes sobre el modelo social de país. Habrá que dejarse pelos en la gatera, lo mismo que en el caso del debate político, que debe estar encuadrado en parámetros reales, huyendo de la retórica partidista al uso.
Pondré un ejemplo del debate desde las prácticas políticas y sociales. El 28 de febrero se celebró en Usurbil un referéndum para decidir qué hacer con los residuos que genera ese municipio con algo más de 5.000 habitantes y ayuntamiento de ANV.
Los vecinos decidieron por mayoría –y con una participación superior al 70%– mantener el sistema de recogida de basuras puerta a puerta. Este sistema ha conseguido reducir los residuos no reciclables, que han pasado de 173.200 toneladas mensuales a 25.380: el resto se recicla. El sistema es por tanto eficaz, pero precisa de una fuerte implicación ciudadana para llevarlo a cabo.
La decisión es importante por lo menos en dos sentidos: fomenta la participación popular en la toma de decisiones, pero también en la puesta en práctica de las mismas. Además, permite argumentar desde la práctica contra los proyectos de macroincineradoras que se quieren construir en Gipuzkoa, proponiendo alternativas viables asumidas y llevadas a la práctica de forma democrática por la población.
Hace años escribí un artículo que titulé: Cerrar viejas guerras para abrir nuevas luchas. En aquella ocasión no pudo ser. Tal vez ahora sí. Todavía estamos a tiempo de dejar a las nuevas generaciones un nuevo camino y no una guerra interminable.
“ESPAÑA SE ESTÁ DESHILACHANDO” (II)
“España se rompe”
“ESPAÑA SE ESTÁ DESHILACHANDO” (I)
Más acá del Estado de las Autonomías