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Gaza: una crisis psicológica

Mª JOSÉ LERA (PSICOPEDAGOGA)
Jueves 5 de febrero de 2009. Número 95

Como expertos en salud mental, un grupo de 150 internacionales fuimos invitados por la Organización Mundial de la Salud en octubre de 2008 a conocer más del impacto del asedio de Gaza. Desgraciadamente no pudimos entrar, Israel impidió que lo hiciéramos, por lo que organizamos un encuentro digital desde Ramallah a Gaza por videoconferencia. En este momento supimos que los niños y niñas ya tenían hipovitaminosis (falta de vitaminas), lo cual influye en su motivación, bienestar y salud general; además de todo un cuadro de crisis de ansiedad, eneuresis secundaria (‘hacerse pipí’ en la cama), tartamudez, inseguridad, cambios de humor, arrebatos de agresividad, llanto, etc., es decir, todos los síntomas de estrés postraumático en una situación en la que el trauma no termina.

Un mes más tarde, el 25 de noviembre, Richard Falk, relator especial de la ONU, había declarado que Gaza no tenía una crisis humanitaria, sino una “catástrofe humanitaria”. Otro mes más tarde, Gaza, ya cerrada, asediada y moribunda es sometida a 22 días de bombardeos masivos por mar, cielo y aire, cada 20 minutos. Los sentimientos de inseguridad, pánico, pavor, miedo, pesadillas, falta de apetito, alteración del estado de conciencia, síntomas físicos, son de tal magnitud que la palabra “crisis psicológica” ha dejado de tener sentido (Ahmed Abu Tawahina, doctor en Psicología de Gaza). Hasta ahora, el consumo de fármacos antidepresivos era muy altos en la Franja. El Prozac y el Tramadol eran suministrados por los túneles, pues Israel tenía prohibido terminantemente el uso de antidepresivos en Gaza desde hace años. No solamente los matan, sino que impiden que se recuperen. Según la BBC, el 100% sufre estrés, el 92% no tiene esperanza por el futuro, el 84% siente ira constante por percibir que todo se escapa a su control, el 52% piensa en cómo acabar con su vida. Como muestra, un ejemplo que ayuda a entender en qué estado se encuentra la población: “Murió de miedo. Desde que comenzó la guerra sintió el peligro, sufrió desórdenes neuróticos e histeria como tantos otros niños. Cuando los F-16 volvieron a disparar los misiles aquel viernes, cayó al suelo aterrorizada por el ruido. Su padre intentó ayudarla, pero no pudo. La tomó en sus brazos para intentar reanimarla en el hospital, pero murió antes de llegar” (Laura Caro, ABC, 18/01/09).

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