Israel ha prohibido la presencia de periodistas extranjeros y cooperantes en Gaza. Siempre existen, no obstante, vías alternativas. Un ejemplo, es el movimiento Free Gaza, que entre los meses de agosto y noviembre, ofreció una vía de entrada en el territorio palestino, tanto a periodistas como a cooperantes, que había estado cerrada durante décadas, generando la posibilidad de negar la legitimidad de la ocupación israelí de la Franja, navegando desde Chipre, sin aceptar ningún tipo de coordinación con el Ejército israelí. La entrada marítima es legal, en cuanto zarpa desde territorio de la UE y entra en aguas palestinas sin pasar por Israel. El último barco que logró culminar su travesía zarpó el 19 de diciembre, día que terminaba la tregua pactada entre Hamás e Israel. Quienes viajaban en ese barco sabían exactamente la situación a la que se exponían y decidieron continuar. La ayuda humanitaria ha sido detenida en almacenes israelíes y egipcios durante meses.
Periodistas y cooperantes continúan esperando la autorización de paso israelí. Es su decisión aceptarlo. Había alternativas. Continúan existiendo, al menos, dos docenas de personas que han llegado a Gaza en la última semana desde Egipto. No podrán entrar nunca en Israel. Quienes prefieren seguir en Jerusalén se separan definitivamente de la Franja de Gaza.
Ellos no han conocido a la madre de la familia Hamadan, cuyos hijos murieron asesinados por un F-16 mientras arrojaban la basura frente a su casa, ni a la familia Balusha, que perdió a sus cinco niñas mientras dormían junto a una de las mezquitas bombardeadas en estos 22 días de terror aéreo, ni a los cientos de inocentes que, pese a no tener tiempo de tomar partido, de sumarse o rechazar al movimiento de resistencia islámica, lo han perdido todo en un minuto. Israel asegura que su objetivo es eliminar a Hamás y frenar el lanzamiento de cohetes sobre su territorio. ¿Ha disminuido durante este ataque el lanzamiento de cohetes? Al contrario, ha aumentado su al- cance. Incluso desde el centro de la ciudad de Gaza ha podido observarse su lanzamiento a plena luz del día. ¿Ha disminuido el apoyo de la población hacia su Gobierno, elegido en elecciones libres en enero de 2006? Al contrario. Como es sabido, en momentos de agresión externa la población cierra filas en torno a quienes se enfrentan al enemigo.
Nadie está a salvo
Israel ha conseguido sembrar la destrucción
y la escasez más absoluta
en la Franja de Gaza, primero durante
un bloqueo que dura ya 21 meses
y que ha terminado por destruir
toda la infraestructura de la atención
sanitaria, de la producción económica,
del tendido eléctrico o de la
distribución de agua potable para
después desarrollar la campaña de
bombardeo aéreo más intensa y letal
que se recuerda. Similar a la campana
libanesa de 2006.
No se puede responder a los F-16 o a los bombardeos desde el mar. Es prácticamente imposible escapar de las bombas de fósforo blanco que se extienden formando una palmera mortal sobre el lugar elegido por los helicópteros israelíes. La Franja de Gaza, el territorio más densamente poblado del planeta, habitado en su mayor parte por personas que fueron expulsadas en 1948 de lo que hoy se llama Israel, es testigo nuevamente de la imagen de decenas de miles de familias palestinas que huyen de sus hogares buscando un refugio que no existe. Nadie está a salvo en estos 367 km2.
Gaza huele a fósforo blanco y mientras las ambulancias palestinas evacuaban a los pacientes de un hospital en llamas bajo disparos de francotiradores, los funcionarios internacionales, expertos y bien pagados, desde los jeeps de la Cruz Roja internacional, les pedían que esperasen la coordinación del Ejército israelí. Cuatrocientas personas viven hoy gracias a la desobediencia palestina. Varios funcionarios de la Cruz Roja internacional han pasado a engrosar las filas de la complicidad durante el bombardeo del hospital Al Qds, en el barrio de Tel Al Hawa, sur de la ciudad de Gaza.