
En la película El hombre que pudo reinar, de John Huston, Sean Connery y Michael Caine interpretan a dos aventureros británicos en la India de 1880, que sobreviven a base de oscuras actividades. Deciden convertirse en reyes y hacer fortuna en el legendario reino de Kafiristán. Tras una batalla cruenta, y fruto de la casualidad, Danny Bravot (Connery) es nombrado rey y, cegado por el cargo, se siente una divinidad elegida para tal propósito.
El 7 de marzo de 2008, Javier Tejedor era elegido nuevo presidente de Estudiantes, y se hacía con el cargo que hasta entonces tenía Fernando Bermúdez, que presentó su dimisión. Tejedor, que ya era consejero y patrono de la Fundación Estudiantes, se convertía en el máximo mandatario de la entidad colegial, en una temporada que estaba siendo un calvario para el club madrileño. Finalmente, en la última jornada de Liga ACB, en su visita a León, el Estudiantes aseguraba la permanencia en la máxima categoría. No hubo tiempo para relajarse. Ganada la batalla, empezó la guerra interna.
Una misión histórica
Al igual que en la genial película de Huston, Tejedor decidió que su mandato no debía pasar desapercibido, que él era el elegido para una misión histórica. Primero asumiendo como mérito propio la campaña de márketing para frenar el descenso del primer equipo, más tarde despidiendo a conocidos trabajadores de la entidad, y por último rechazando la ampliación de capital que la Fundación Estudiantes desembolsó ante notario. Esta última jugada trataba de asegurarle ser el accionista mayoritario, pudiendo hacer y deshacer a su antojo en la entidad colegial, donde quedarían invalidadas las acciones gestionadas por la Fundación, que evitaban que un accionista pudiera tener la mayoría de acciones, y ponía en una difícil situación económica a Estudiantes, que necesitaba ese dinero a causa de la deuda que arrastra la Sociedad Anónima Deportiva (SAD).
Conviene aclarar que Estudiantes es un cuerpo común con tres patas diferentes. A raíz de la Ley del Deporte aprobada en 1990 los clubes profesionales se debían transformar en sociedades anónimas deportivas. En el caso de Estudiantes, y dada su particular estructura, se mantenía el Club, como gestor de la cantera y la formación de jugadores, la Fundación como garantía de los valores históricos y la proyección social, y la SAD como gestor del equipo profesional. El desembarco de Javier Tejedor crispó los ánimos de parte de la afición, especialmente de las peñas y de muchos trabajadores de las tres estructuras, en buena parte por su talante autoritario, con acusaciones de censura en la web, y falta de respeto a diferentes personas y estamentos del club. Algunos de sus actos fueron no renovar el contrato al base del equipo Gonzalo Martínez, que salía por la puerta de atrás, tras haber sido un jugador importante en la salvación, criado en la cantera; cesar a Javier González, miembro del cuerpo técnico desde la época de Pepu Hernández, y despedir a Ángel Goñi, reconocido entrenador de baloncesto, que había ocupado importantes responsabilidades durante 20 años en Estudiantes, especialmente en el entrenamiento específico de jugadores para el primer equipo.
La guerra estaba servida, y muchos medios de comunicación se hacían eco de las batallas internas. Finalmente Tejedor, que había sido demandado por la Fundación al negar la ampliación de capital, dimitió a los pocos días de anular una junta general extraordinaria de accionistas convocada el 27 de junio, donde no tenía ninguna garantía de salirse con la suya.
El 8 de julio Juan Francisco García fue nombrado nuevo presidente, apoyado por la Fundación y el Club. Un cambio que produce cierto escepticismo, pero que evita que el club esté en manos de alguien que se creía monarca absoluto. Quizá a Javier Tejedor le ocurrió como a Daniel Bravot en la película, cuando le confiesa, borracho de vanidad, a su colega de aventuras Peachy Carnehan (Michael Caine): “Te voy a decir una cosa, no es la primera vez que llevo una corona. Aquí hay algo muy misterioso. Siento que se cumple mi destino”. Como Bravot, aunque con menos estilo, Tejedor se quedó sin ningún puente al que agarrarse, en un club con más de 60 años de historia y un compromiso con los valores del baloncesto.
“¡EL ‘ESTU’ ES DE TODOS!”
A Javier Tejedor hay
que atribuirle un mérito:
ha conseguido que
gente con ideas diferentes
de lo que debe
ser el ‘Estu’ se uniera
en su contra. Y eso
que las crisis no son
algo nuevo. Pero no es
habitual que una afición
deportiva se movilice
por la readmisión
de unos trabajadores,
para evitar una imposición
de compra de
acciones, o para
“defender los valores
históricos que nos han
hecho fuertes, porque
Estudiantes es de
todos”, como se señalaba
en un comunicado
elaborado por
“peñas, trabajadores y
aficionados”. En esta
singular lucha han sido
muchos los métodos
empleados: una contraweb,
comunicados,
concentraciones, carteles,
chapas, videoactivismo,
y hasta un
encierro de 24 horas
en el polideportivo
Magariños. También
han sido importantes
los apoyos. Pepu Hernández,
Juan Antonio
Orenga, Mariano de
Pablos, Nacho Azofra
o Pancho Jasen, entre
otros, manifestaron,
en distinta medida,
su oposición a Tejedor.
Un precedente que
tendrá que tener en
cuenta la nueva directiva,
para que no vuelva
a ocurrir algo parecido.
Está por ver.