DIAGONAL: Ahora que termina el mandato de Kofi Annan, ¿qué valoración hace de su actividad al frente de la ONU?
MOHAMED SIDATI: Su llegada supuso un motivo de esperanza, pues manifestó su deseo de resolver el problema atendiendo al derecho de autodeterminación y respetando las resoluciones aprobadas. Después nombró a una personalidad importantísima, James Baker, quien se implicó en los Acuerdos de Houston, imprimiendo una dinámica muy importante al proceso. Pero en los últimos años, desde que Marruecos mostró su voluntad de abandonar los compromisos adquiridos, la ONU, de la que Annan es guardián, ha mostrado una gran debilidad. Con sus últimos informes hemos entrado en una fase de regresión y al final nos sentimos un poco desilusionados, frustrados.
D.: ¿Qué esperan del nuevo secretario, Ban Ki-Moon?
M.S.: Queremos creer que buscará resolver este problema a través de un referéndum de autodeterminación. Los anteriores secretarios generales se mostraron comprensivos con la ocupación, quizás por haber recibido fuertes presiones. Espero que Ban Ki-Moon no caiga en ese juego y exija la aplicación del derecho internacional. Su autoridad y credibilidad dependen de ello.
D.: ¿Qué balance hace de la última resolución aprobada el 14 de octubre por la Comisión de Descolonización de la ONU?
M.S.: Aunque es casi idéntica a la del año pasado, sigue reconociendo el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, fiel a la doctrina de la ONU. Pero lo más importante es que 15 países de la Unión Europea votaron a favor por primera vez y ni Marruecos, Francia o España, que se abstuvieron, fueron capaces de convencerles para hacerlo en contra. Hablamos de países de la talla de Gran Bretaña, Italia, Polonia, Alemania o Suecia. Esto es un fracaso para Marruecos y demuestra que hay países europeos que están hartos de defender una actitud que no les es propia, siguiendo las directrices y presiones de Francia y España.
D.: Sin embargo, la UE aprobó hace unos meses un acuerdo de pesca con Marruecos que incluye las aguas saharauis...
M.S.: La firma de ese tratado es un error estratégico. Europa podía haber seguido el ejemplo de EE UU, que ha firmado un acuerdo de libre comercio con Marruecos que excluye el territorio del Sáhara Occidental. Aun así, hay que destacar las enormes resistencias mostradas por países como Suecia, o las abstenciones de Finlandia e Irlanda. Con este tipo de contradicciones en la política comunitaria el pueblo saharaui paga un precio muy alto, ya que está siendo despojado ilegalmente de sus riquezas.
El acuerdo es fruto de la presión del lobby español en la UE, que actuó como lo hizo en los días previos a la votación en el Parlamento Europeo de una resolución que apoyaba el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Sólo que en aquella ocasión, España no consiguió echar abajo la propuesta.
D.: ¿Qué opina de la abstención española en la IV Comisión?
M.S.: Me resulta absolutamente incomprensible. No entiendo cómo España, la ex potencia colonial, se ha convertido en el apoyo incondicional de Marruecos en su política expansionista, defendiendo una posición que no refleja el consenso que existe en su opinión pública a favor de la autodeterminación del pueblo saharaui. La abstención de España y Portugal, que el año pasado votaron a favor del mismo texto, es un error trágico y se sale de toda lógica.
D.: ¿Por qué el Gobierno español sigue privilegiando en el Magreb sus relaciones con Marruecos por encima de Argelia, a pesar de que a día de hoy el volumen de negocio con este último país es mayor?
M.S.: Marruecos apela siempre a cuestiones como la inmigración, la pesca o Ceuta y Melilla, y España invoca la estabilidad de Marruecos para el bien de Europa. Pero esa estabilidad, así como la del Magreb, sólo será posible con un Sáhara donde el pueblo pueda determinar su destino. En el Magreb, España no debería privilegiar las relaciones bilaterales con un solo país sino seguir una política de neutralidad activa y comprometida con la paz. De otra manera, siendo correa de transmisión de los intereses franceses, pierde influencia en la región.
D.: ¿Qué opina del proyecto de autonomía marroquí?
M.S.: Marruecos trata de confundir a la opinión pública. Es una propuesta nula, inútil. La autonomía sólo se puede proponer dentro de un Estado soberano, lo que excluye el caso del Sáhara occidental, un territorio cuya soberanía aún no ha sido definida. La única solución pasa por la organización de un referéndum de autodeterminación donde los saharauis puedan elegir entre la independencia o la integración en Marruecos. Si escogen la integración, entonces Marruecos podrá hablar de autonomía o escoger la forma de organización que quiera.
Crítica interna
en el Polisario
“El Polisario es un frente muy
amplio en el que caben todas las
opiniones que defiendan un denominador
común: la independencia
del pueblo saharaui. La crítica es
siempre bienvenida, pero es mejor
que se realice dentro de las instituciones
internas del Polisario, como
los congresos, el Parlamento u
otros espacios. El Polisario ha llegado
a un grado de democracia
extraordinario, como demuestra la
organización anual de congresos
populares, donde se eligen los cargos
locales y se presentan críticas
y propuestas. Por otro lado, nadie
es sagrado, tampoco la dirección
del Polisario. Lo único importante
es la lucha del pueblo saharaui por
su independencia”.