Gonzalo Gómez fue una de las personas
que en 2002 veían necesario
“una reacción contundente” contra
el golpe de Estado que se fraguaba
en Venezuela y comenzaron “a denunciar
a través de internet todo lo
que estaba sucediendo”. Desde entonces,
su portal ha tenido más de
50 millones de visitas y forma “parte
de una floreciente oleada de medios
de comunicación comunitarios alternativos
que han surgido al calor
del proceso de cambio”.
DIAGONAL: ¿De qué modo conviven
estos nuevos medios comunitarios
con los medios de comunicación
estatales, reconducidos o creados
desde la llegada de Chávez?
GONZALO GÓMEZ: En realidad, de
lo que se trata es de utilizar la verdadera
libertad de expresión, que es la
de la gente, y no la de las empresas,
la de los que hacen comercio con la
comunicación. Una cosa es la comunicación
desde los medios del Estado
cuando ésta está abierta a la participación
social, y la gente se siente reconocida
en ella, interviniendo en
ella y controlándola. Y otra cosa es
la comunicación realizada desde el
aparato del Estado para imponer los
intereses de la burguesía o de la burocracia
estatal. En Venezuela hay
centenares de medios de comunicación
comunitarios alternativos, pero
también, la necesidad de avanzar
hacia la construcción de un sistema
público de comunicación en manos
de las organizaciones de poder
popular, de los consejos comunales,
etc.
D.: En la mayoría de medios del
Estado español se ha lanzado el
mensaje de que Chávez está acabando
con la libertad de expresión, que
está cerrando televisiones que no
son afines, como por ejemplo, Radio
Caracas Televisión (RCTV).
G. G.: A RCTV se le venció la concesión.
Según la ley, es potestad del
Estado renovarla u otorgarla si se
cumplen unos requisitos. Es uno de
los medios que se involucraron de
manera clara en la promoción del
golpe de Estado, no sólo haciendo el
trabajo comunicacional y propagandístico,
sino que además han sido
diseñadores del golpe, participando
en su cobertura al completo.
Es lógico que a un medio así no se
le renueve la concesión. Incluso deberían
haber sido enjuiciados, ya que
dieron auspicio a crímenes y masacres.
A pesar de ello, RCTV puede
emitir en televisión por cable, donde
hacen llamadas al golpe de Estado
militar. Para mí, esto no es estar en
contra de la libertad de expresión.

D.: ¿Se han tomado medidas similares
con otras emisoras?
G. G.: El CONATEL (quien regula
las telecomunicaciones en Venezuela)
no renovó las licencias a unas
36 emisoras que incumplían con las
leyes, bien porque comerciaron con
sus licencias, porque las transfirieron
como herencias o porque funcionaban
de manera irregular.
D.: Según el Gobierno, el objetivo
de estas medidas no es sólo regular
esas ilegalidades, sino redistribuir
democráticamente el espacio radioeléctrico.
¿En qué medida se está
llevando a cabo este reparto?
G. G.: La realidad que nos encontramos
es que todavía la mayoría de
medios de comunicación son privados.
Predominan sobre los medios
estatales en cantidad y en capacidad
de alcance. Pero más bien el objetivo
no es que el Estado le quite los medios
al sector privado, sino que esos
medios tengan un control social.
D.: ¿Qué ha cambiado para los medios
comunitarios y alternativos
desde la llegada de Chávez?
G. G.: Hay unas condiciones más favorables
que antes para el desarrollo
de los medios comunitarios, mucho
mejores que antes. El Estado no
pone demasiadas trabas. Además,
en los medios estatales se están reflejando
mucho más las actividades
de los movimientos sociales. Pero
éstos siguen bajo el control institucional,
no del pueblo. Porque el poder
popular de las comunas no es
real si no tienen medios de comunicación
propios. Esto es todavía un
reto de la revolución bolivariana.
D.: ¿Ha habido cambios legislativos
en esa línea?
G. G.: Seguimos con la misma ley de
telecomunicaciones que teníamos
antes. Para nosotros los medios de
comunicación no deben estar sujetos
a intereses comerciales, sino que deben
satisfacer el derecho a la comunicación.
Esa ley debe ser cambiada.
Podría establecer unos porcentajes
para el Estado, otros para los medios
comunitarios y para el sector privado,
aunque este último siempre bajo
ciertas condiciones.
D.: ¿Qué percepción tienes de los
medios alternativos del Estado español?
G. G.: Cuando he hablado con grupos de aquí, me llama la atención que suene descabellado mi propuesta de que, por ejemplo, sean los propios sindicatos los que traten de tener sus propias radios, TV, periódicos,… Muchas veces los movimientos populares tienen a su alcance herramientas comunicacionales, pero no las utilizan. ¿Por qué? Creo que es porque la burguesía nos acostumbró a asumir que ellos son los que tienen los medios y nosotros mendigamos que nos recojan una noticia o que nos acepten una rueda de prensa. En lugar de construir nosotros mismos nuestros propios medios y prepararnos para manejarlos.