Periódico Diagonal

GIULIANA SGRENA: PERIODISTA DE ‘IL MANIFESTO’, SECUESTRADA EN IRAQ Y LUEGO ATACADA POR TROPAS ESTADOUNIDENSES

“En Iraq sólo se puede hacer información a partir de los comunicados de los ocupantes”

Lucas Marco / Gandia (País Valenciano)
Jueves 15 de marzo de 2007. Número 50
La periodista italiana de Il Manifesto Giuliana Sgrena participó en el I Fòrum de Periodistes de la Mediterrània el 22 y 23 de febrero de este año. En los próximos meses se desarrollarán en Italia sendos procesos por el secuestro y su trágica liberación.

La veterana corresponsal, conocida por sus postulados pacifistas, viajó, antes de la guerra de Iraq, a Afganistán, Argelia, Irán o Palestina. Narra los hechos de Iraq en su último libro ‘Fuego amigo’ (Ediciones Península). DIAGONAL conversó con la veterana periodista sobre la situación en Iraq y sus vivencias en el país ocupado.

DIAGONAL: Poco tiempo después de ser liberada y posteriormente tiroteada, afirmó que Faluya había sido arrasada para preparar las elecciones. ¿Cómo ve la situación política en Iraq desde entonces?

GIULIANA SGRENA: Las elecciones no estaban enmarcadas en un proceso de democratización, por tanto no fueron una expresión libre del pueblo. Fue una oportunidad para algunas comunidades como la chií para tomar el poder, en contra de los suníes y con la participación de los kurdos. Se produjo una división del poder entre chiíes y kurdos y así no se puede garantizar una representación de todos. Profundizó la división entre comunidades. Los chiíes han participado en las elecciones con una lista confesional, donde están todos los partidos religiosos chiíes. La participación será confesional y eso no es una expresión de libertad sino la manera de llegar al poder de los líderes religiosos chiíes. Estos partidos religiosos tienen el control de la situación y sus milicias armadas toman el terreno. Las mismas milicias religiosas forman parte de la policía iraquí y se sienten más vinculadas a sus líderes religiosos que a la autoridad iraquí. No se puede garantizar un control verdadero del Estado. En lo que se refiere a los suníes el terreno está más bien controlado por las fuerzas de la resistencia. En la resistencia también hay fundamentalismos religiosos, hay diferentes fuerzas, muchas veces en contradicción. Los kurdos tienen una dinámica de autonomía muy fuerte, pero todavía tienen problemas como el de la ciudad de Kirkuk, que produce el petróleo.

D.: ¿Cómo fue la cobertura informativa de la guerra?

G. S.: Durante la guerra hubo una información más plural porque había periodistas que estaban en Bagdad, había periodistas que estaban empotrados. Los iraquíes controlaban mucho la información, pero a partir del momento en que éstos se fueron, se relajó el control y hubo una información con diferentes puntos de vista. Paralelamente a las amenazas contra los periodistas extranjeros por parte de iraquíes, empezaron las amenazas de los militares y de los mercenarios de la guerra privada. Esto limitó muchísimo la posibilidad de hacer una información independiente. Los periodistas padecían una amenaza que a veces no era explícita. Los hechos del hotel Palestina eran un clarísimo aviso a todos los periodistas en Iraq. También mataron a un periodista de al-Yazira y a un palestino frente a la cárcel de Abu Ghraib.

D.: ¿Es posible actualmente hacer información independiente en Iraq?

G. S.: Cuando los que combatían a los ocupantes empezaron a matar o secuestrar a los periodistas occidentales y árabes, hacer información se volvió mucho más peligroso. Antes de ir por última a vez a Iraq, decía que había que asumir el riesgo de informar en Iraq. Ahora ya no lo puedo decir. A pesar de todas las medidas de precaución que tomé fui secuestrada. Pienso que en este momento no es posible hacer información independiente en Iraq. Para informar desde Iraq, tienes que ir empotrado con las tropas, estar en la zona verde o encerrarte en un hotel y enviar a colaboradores iraquíes con un gran riesgo para éstos ya que también están en el punto de mira de los terroristas, de la resistencia iraquí y de los ocupantes. Sólo se puede hacer información a partir de los comunicados de los ocupantes que no se pueden contrastar. Tenemos que asumir el problema de la información en Iraq porque, si no se informa, la guerra se aleja en beneficio de Occidente.

D.: Su secuestro sin duda encerraba esta contradicción...

G. S.: Para mí fue una gran frustración cuando fui secuestrada. Yo les decía a mis secuestradores que intentaba informar a la opinión pública italiana sobre lo que sufren los iraquíes. Me sentía rehén de mí misma.

D.: ¿A qué conclusiones ha llegado la investigación sobre el tiroteo?

G. S.: Los magistrados que han llevado la investigación concluyeron que, en lo que se refiere al ataque al coche, ni siquiera avisaron, dispararon directamente. Otro hecho importante que han incluido es que dispararon 58 balas contra el coche en dirección a los pasajeros y no a las ruedas. Si disparas a la altura de los pasajeros, concluyeron los magistrados, disparas a matar. Han pedido al juez un proceso contra el soldado Mario Lozano por homicidio voluntario político de Nicola Calipari e intento de homicidio voluntario contra mí y el otro agente. El juez aceptó que haya un proceso, que empezará el 17 de abril.

D.: Los procesos contra agentes estadounidenses fuera de su país han mostrado la impunidad con la que actúan. ¿Qué espera usted de este proceso?

G. S.: Espero que a través del proceso se puedan aportar otros testimonios que añadan algo sobre lo que pasó de verdad. Además, Lozano es responsable pero no el más importante. Él disparó, pero alguien le dio esa orden. Además de todo esto también es un proceso simbólico. Es una forma de reducir la impunidad que tienen los soldados norteamericanos fuera de su país.

D.: La clara intencionalidad del ‘fuego amigo’ estadounidense parecía apuntar a usted como periodista independiente. ¿Cree que sólo se trataba de atacar a la información?

G. S.: No sé si fue sólo por la información. El Gobierno italiano, hay que reconocerlo, siempre negoció la liberación, en contra de lo que querían los americanos. Trabajó para liberarme a través de los agentes que tenían buenos contactos dentro y fuera de Iraq. Cuando Calipari decidió ir él mismo era porque consideraba que era un asunto muy peligroso. Además advirtió a sus compañeros: “Ojo con los soldados de Estados Unidos porque tienen el gatillo fácil”.

D.: ¿Quién cree que la secuestró?

G. S.: Por lo que pude sacar de mi contacto con los secuestradores, la impresión que he tenido era que formaban parte de la resistencia, no eran criminales comunes, estaban muy politizados, gente instruida, tampoco eran yihadistas porque me decían que no tenían nada que ver con al-Zarqawi. Pienso de verdad, por lo que decían, por las discusiones que tuvimos, que no tenían nada que ver con al-Zarqawi. Sospecho que era otro grupo de la resistencia, más bien baazista o sadamista. Eran musulmanes pero no fundamentalistas.


Eufemismos de guerra
MANUEL TABERNAS
Decir que la información que nos llega de Iraq proviene de fuentes poco contrastables es una manera suave de decir que sólo nos llega la versión de Estados Unidos. Dichas informaciones siempre omiten las operaciones de varios miles de efectivos de empresas privadas de seguridad cuyo principal cliente es, precisamente, el Gobierno de EE UU. Bien sabido es que los ejércitos occidentales ya no entran en guerra sino que “participan en acciones humanitarias”. Y las bajas que la actuación de personal armado de otro país en suelo de un territorio “en conflicto” no es un acto de guerra, sino un asunto que, como decía un titular de El País, “reabre el debate sobre la seguridad”. Es habitual hablar de “otra jornada de violencia en Iraq” y de la muerte de “otro” periodista. Sin siquiera mostrar la sospecha de que no todos los atentados son de la resistencia a la ocupación o que hay órdenes del alto mando estadounidense de hacer la vida imposible a todos los periodistas que traten de informar desde el terreno.

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Portada número 167
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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