Periódico Diagonal

EL PAÍS VIVE CON PREOCUPACIÓN LA SALUD DEL PRESIDENTE Y DEL PROCESO BOLIVARIANO

El regreso de Hugo Chávez desata la euforia en Venezuela

La enfermedad del presidente abre un escenario político cargado de incógnitas sobre el futuro del proceso bolivariano. La mejora de la salud de Chávez ha postergado el debate sobre los siguientes pasos a dar.

Fernán Chalmeta (Caracas)
Jueves 7 de julio de 2011.  Número 153
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Foto: Chavezcandanga

El 4 de julio, con el retorno a Caracas de Hugo Chávez, la gran mayoría de Venezuela ha suspirado de alivio. Se acabó buena parte de las incertidumbres, temores y rumores sobre el estado de salud del primer mandatario.

Las masivas demostraciones de cariño hacia el presidente coronan la llegada de esta momentánea tranquilidad. Una vuelta cargada de simbolismo: el 5 de julio se celebra el bicentenario de la declaración de independencia de Venezuela, una efeméride que el chavismo –tanto el institucional como el popular– lleva meses preparando. La vuelta asienta aún más la narrativa del proceso bolivariano como culminación de las gestas fundadoras del país, y el hilo entre Bolívar y uno de sus continuadores, Chávez.

Pero hagamos memoria. El 5 de junio el presidente de Venezuela iniciaba una importante gira regional, aplazada unas semanas antes por problemas de salud –una lesión en la rodilla–. “Inesperadamente”, en Cuba, última escala de dicha gira, se le descubrió una importante afección y el 10 de junio se le opera de “un absceso pélvico”. A partir de ahí, la información oficial se centra en asegurar que sigue, desde Cuba, al frente de la dirección del país: Gobierno, Ejército y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) lo confirman en sucesivas declaraciones.

Pero durante 20 días, el hermetismo sobre la situación del presidente y, sobre todo, acerca de su fecha de retorno, es total. Los rumores terminan cuando el 30 de junio, en una valiente y emotiva declaración televisada desde Cuba, el propio Chávez, bastante desmejorado, informa de que durante los días pasados le han descubierto un cáncer y ha sido sometido a una segunda operación.

Aunque es la primera vez en sus 12 años de Gobierno que el presidente reconoce públicamente una debilidad y que persiste la preocupación por su salud, sus simpatizantes, la mayoría del país, suspiran aliviados: está grave –lo que todo el mundo de alguna manera se imaginaba–, pero la enfermedad por ahora no es crítica. El alivio se torna en alegría con el regreso triunfal –manejada con tino desde los medios– del presidente.

Pero el escenario político venezolano es diferente: la idea, hasta ahora nunca seriamente planteada, de un posible retiro de Chávez de la presidencia, ocupa el centro de las discusiones. Ese pensar el ‘post-Chávez’ es bien concreto: ¿podrá presentarse a las elecciones del 2012? y, en caso afirmativo, si las gana, ¿por cuánto tiempo podrá ejercer la presidencia?

La oposición política a duras penas logra disimular su alegría: sin Chávez de contrincante, pueden pensar en recuperar el Gobierno a corto plazo. Para ello deberá seguir difuminando su clasismo y desprecio de lo popular, y evitar ofender a las bases chavistas. Pero sobre todo, habrá de gestionar las ambiciones de sus diferentes líderes para lograr mantener una mínima imagen de unidad.

Sus divisiones internas son evidentes incluso en su abordaje de la enfermedad de Chávez: mientras unos exigían, ante el supuesto vacío de poder, el traspaso del poder al vicepresidente Elias Jaua –sacándose de en medio al presidente sin elecciones–, otros han afirmado rezar por su pronta curación. Si la oposición implosiona, los sectores más “duros” volverán a jugar la baza de la desestabilización con ayuda exterior, como la de los paramilitares colombianos que desde hace años se han infiltrado en Venezuela.

Pero para muchos analistas, los problemas vendrán también desde el interior del chavismo, un variado conglomerado con diversos proyectos de país e intereses contrapuestos que se mantiene unido gracias a la figura del presidente, quien tiene la fidelidad del Ejército y la obediencia de los poderes que codirigen Venezuela: el sector petrolero, los poderes regionales, el PSUV, etc.

Hasta ahora el chavismo ha aparecido como una piña ante la enfermedad del presidente, pero ¿qué pasará cuando se tenga que definir al sucesor? Una tarea que ya está sobre la mesa y que por ahora se ha solventado porque Chávez en ningún caso ha soltado las riendas.

Además, el problema para el posible sucesor estriba en saber si será aceptado por la mayoría de la población, cuando las narrativas dominantes entre la población son que el proceso hace aguas porque el entorno de Chávez es incapaz de seguir, cuando no boicotea, la labor del comandante. La tendencia descendente del apoyo electoral del chavismo evidencia que ya no basta con que un candidato tenga el apoyo del presidente para ganar.

La sucesión de escándalos de corrupción, la ineficacia de la Administración pública y el colapso de los servicios públicos –el actual colapso del sistema penitenciario o la persistencia de la crisis eléctrica son dos ejemplos–, y las dificultades de la vida cotidiana son realidades que, momentáneamente, han quedado atemperadas con la enfermedad del presidente. El lazo afectivo directo entre sectores populares y Chávez, con esta crisis, ha salido reforzado, aparcándose el creciente desencanto popular ante las expectativas incumplidas. El mandatario goza hoy del prestigio y cariño de antaño.

Dos preguntas sobre el proceso

Para los activistas consultados por DIAGONAL, quedan dos grandes incógnitas por responder: ¿por cuánto tiempo su salud dejará a Chávez en el poder? y si dará tiempo para que los sectores populares logren niveles de organización que hagan intocables los grandes avances de la última década. La numerosa militancia bolivariana es consciente de que la dirección socialista y democrática del proceso, sin Chávez, corre un grave peligro.

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Portada número 174
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