Cinco marroquíes muertos, según el Gobierno alauita, y 19 saharauis, según cifras oficiales de la República Árabe Saharaui Democrática, además de 159 personas desaparecidas y 723 heridas es el resultado que dejaba el desalojo del campamento Agdaym Izik a las afueras de la ciudad de El Aaiún por parte de las fuerzas armadas marroquíes. Terminar de concretar estas cifras llevará días, ya que los enfrentemientos entre las fuerzas armadas volvían después de los entierros que se producían la mañana del 9 de noviembre en la capital del Sáhara Occidental.

La ciudad saharaui fue tomada después del desalojo por militares, policías y colonos armados marroquíes. De esta forma, es muy difícil para la población saharaui saber de forma certera el paradero de sus allegados, como narra a DIAGONAL desde El Aaiún Silvia García, integrante del grupo de defensa de los derechos humanos Thawra.
Desde mediados de octubre, a las afueras de El Aaiún, ocupado por Marruecos, se había organizado un campamento para protestar por el fin de la discriminación contra los saharauis, la igualdad de oportunidades, el acceso a un trabajo y a una vivienda dignos, la libertad de expresión y el respeto a los derechos humanos. Por primera vez, unas 20.000 personas realizaban una protesta continua de más de 20 días, desde que España abandonara el territorio, y por primera vez, el derecho a la autodeterminación de la población saharaui no primaba sobre el resto de reclamaciones. “Lo que Rabat no entendió entonces [tras la primera intifada de 2005] –y sigue sin entender– es que ya no se enfrenta a un grupo político surgido del desengaño de las promesas incumplidas por parte de la antigua potencia colonial, sino a unos jóvenes nacidos ya bajo la Administración marroquí que reivindican lo que debería ser normal”, explicaba Antoni Segura, catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona, y colaborador habitual de Bakeaz, en El Periódico el 9 de noviembre. “Esta es una nueva forma de resistencia y de reivindicación de los derechos de los recursos que Marruecos roba en el Sáhara. La población autóctona sabe que les están quitando los beneficios de su tierra”, explicaba a este periódico Pepe Taboada, presidente de la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS).
La huelga de hambre de Aminatou Haidar en el aeropuerto de Lanzarote a finales de 2009 empezó la visibilización de la pelea por los derechos de la población saharaui en los territorios ocupados. “Gracias también a la ayuda de las nuevas tecnologías, porque las reivindicaciones y protestas saharuis siempre han existido. Al igual que la represión marroquí”, puntualiza Taboada. Mientras, en el desierto argelino unas 150.000 personas viven refugiadas en cinco campamentos desde que Marruecos tomara militarmente la antigua colonia española. El Estado español no ha concluido el proceso de descolonización al que estaba obligado al abandonar el territorio, por lo que todavía es la potencia administradora del territorio.
De la Marcha Verde se cumplían en estos primeros días de noviembre 35 años. Y aunque no se puede comparar, de nuevo la monarquía alauita “ha dado a la intervención militar una cobertura civil, para encubrir sus acciones”, explicaba a DIAGONAL Bucharaya Beyún, el delegado del Frente Polisario en el Estado español.
“Han armado a la población civil, incluso con una especie de catanas para que sean los colonos quienes agredan a la población saharaui. Tanto policías como civiles están entrando en viviendas y saqueando las tiendas de saharauis en El Aaiún”, narraba durante la tarde del 8 de noviembre a DIAGONAL por teléfono un saharaui que prefería no reconocer su identidad por miedo al espionaje telefónico. Momentos después las autoridades marroquíes imponían un toque de queda que vaciaba las calles de la ciudad saharaui, pero que no evitaba los saqueos por parte de la policía y de los colonos.
Pendientes de Nueva York
Con la llegada de la noche a El Aaiún,
empezaron las conversaciones informales
que para ese mismo día estaban
previstas en Nueva York entre
Marruecos, el Frente Polisario y la
ONU, con la presencia de representantes
de Mauritania y Argelia como
invitados. “No esperamos nada de
las conversaciones; Marruecos con
el desalojo del campamento ha pretendido
reventar las negociaciones y
acusarnos a nosotros, si no nos sentábamos,
de ser responsables de
romper éstas”, analiza para DIAGONAL
Bucharaya Beyún. Esta intervención
violenta intentaba impedir
la discusión de la agenda de trabajo
que tiene trazada la comunidad internacional
y que tiene como principal
cita el 23 de noviembre, según
denuncian los independentistas. Ese día estaba previsto desde hace
semanas que Christopher Ross,
representante de la ONU para el
Sáhara Occidental se reuniera
con el Consejo de Seguridad de
las Naciones Unidas para informar
de los avances en la zona.
Desde sectores afines al Polisario, se esperaba un movimiento positivo como resultado de los dos últimos viajes a la zona de Ross y de las actuales conversaciones informales. Es decir, algo que desbloqueara la postura marroquí, sustentada especialmente por Francia, de no ofrecer nada más allá de la autonomía a la población saharaui. Mientras, igual que en 1991, el Frente Polisario exige un referendo donde la anexión del Sáhara a Marruecos, o el estatuto de autonomía dentro del reino alauita o la independecía pudieran aparecer en igualdad de condiciones en las papeletas de una consulta que se acordó junto al alto el fuego. Una exigencia respaldada por la legalidad internacional y varias resoluciones de Naciones Unidas.
“Los saharauis no queremos retomar la lucha armada, pero si es la única salida que tenemos, no nos queda otra opción que recoger el guante”, denunciaba el delegado del Polisario en Madrid a este periódico. Eso sí, Bucharaya recordaba que la vuelta a las armas estaría dentro de la legalidad internacional, como forma de defensa ante la ocupación por parte de una potencia extranjera, aunque reconoce que hay muchas más formas pacíficas de resistencia, como ha demostrado la población saharaui.
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RESPONSABILIDAD
ESPAÑOLA
En las calles de las grandes ciudades
del Estado español activistas
pro saharauis denunciaron
después del desalojo el ataque
militar a la población saharaui y
la inactividad del Gobierno de
Zapatero. “Con las declaraciones
de la nueva ministra de Exteriores,
Trinidad Jiménez, el Gobierno
español ha pasado de una
ambigüedad total a mirar a otro
lado”, comentaba Taboada
sobre las declaraciones de Jiménez
sobre la necesidad “urgente”
de que marroquíes y saharauis
encuentren una solución. “Mirar
a otro lado y esperar que pase el
tiempo para que los saharauis se
agoten y pierdan la fuerza ha
sido siempre la apuesta del
Gobierno español y del francés,
antiguas potencias colonizadoras
en la zona”, denuncia Taboada a
este periódico.
Miradas hacia otro lado
EDI ESCOBAR
“Marruecos quiere
provocar una guerra
civil entre colonos y
saharuis”, denunciaba
Aminatou Haidar
tras el desalojo del
campamento desde Portugal.
Días antes ya había advertido
que se iba a producir un
baño de sangre por la continua
llegada de efectivos militares
marroquíes. Haidar entonces ya
pedía al Gobierno español que
“por razones históricas, utilice
su influencia para conseguir la
solución de esta crisis”. Sus
declaraciones
se producían
tras el encuentro de
Trinidad Jiménez
con su homólogo
marroquí Fassi-Fihri,
que acusó a la prensa
española de manipular la
realidad del Sáhara y alegó
razones de seguridad para
impedir la entrada de siete
periodistas españoles en El
Aaiún. Unas justificaciones que
Jiménez dijo respetar. Días después
más periodistas y diputados
españoles no podían llegar
hasta El Aaiún.
“Los 7” siguen sin juicio
Un tribunal de Casablanca
juzgó el 5 de
noviembre a los
siete activistas que
el año pasado fueron
detenidos por
Marruecos cuando
regresaban de los campamentos
de refugiados en Argelia.
Entonces, fueron acusados
de atentar contra la integridad
territorial y seguridad de
Marruecos, y se les sometió a
la jurisdicción militar, aunque
posteriormente se cambió por
la civil. Durante días, estuvieron
desaparecidos y todavía tres de
ellos permanecen en
una cárcel de Rabat.
No es la primera
vez que la vista se
aplaza, ahora hasta
mediados de
diciembre. A mediados
de octubre, Inés
Miranda, abogada saharaui,
narraba que “el Tribunal salió
corriendo de la sala”, cuando
empezaron los incidentes en la
sala. En la última vista, los
enfrentamientos se repitieron.
Esta vez las imágenes sí llegaron
ya que dos periodistas
españoles resultaron heridos.
Responsabilidades
RUBÉN DÍAZ / TIFARITI
Ante la imposibilidad
de informar de la
muerte de Nayem
Elgarhide desde el
campamento, acciones
como la manifestación
y lectura de la carta a
Ban Ki Moon, secretario general
de la ONU, en Tifariti, en los
territorios liberados del Sáhara,
cobraron un protagonismo inesperado.
En esa misiva los participantes
en el IV ARTifariti expresaban
su “preocupación por la
situación de la población saharaui
en los territorios del Sáhara
Occidental ocupados
por el Reino de
Marruecos, donde
las violaciones de
los Derechos Humanos
de los saharauis
son constantes,
mediante la práctica de
detenciones ilegales, torturas,
juicios sumarios y negación de
todos los derechos reconocidos
por la legislación internacional”.
Así hacían a la ONU “responsable”
de esta dramática situación
al negarse reiteradamente a vigilar
los derechos humanos en
territorios ocupados.
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