
Cansado, muy cansado parece que ha terminado el periodista Alfredo Grimaldos de su investigación sobre los altos cargos del Partido Popular. Hace dos años escribió otra biografía sobre Zaplana, a quien, como a Aguirre, considera un “ejemplo de político, prototipo del sistema corrupto”, un sistema que ahora podría poner en entredicho a Aguirre si se confirma la información que corre acerca del Caso Gürtel y del espionaje entre políticos de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, pero del que también participan políticos del PSOE y de otros partidos con cuotas de poder. Grimaldos clasifica a Aguirre como un producto del “feudalismo que aún persiste en Madrid” y señala que, si observamos su árbol genealógico familiar, encontraremos influyentes personajes en la historia de la Comunidad y sus alrededores, ya sea por su participación política o por sus características nobiliarias.
Si hacemos caso al autor, Esperanza Aguirre no habrá leído La Lidere S.A., “que no ha leído un libro es obvio”, pero tras conocer su existencia, la propia Aguirre llamó a Moncho Alpuente, para felicitarle por la elegía que sirve de prólogo a la investigación de Grimaldos.
DIAGONAL: ¿Esperanza Aguirre
debería estar asustada por las amenazas
de Bárcenas, el tesorero del
PP investigado por el caso Gürtel?
ALFREDO GRIMALDOS: Es muy
probable que Bárcenas tenga mucha
argumentación para disparar contra
Esperanza Aguirre y, especialmente,
contra su valido, su primus inter pares,
en el Gobierno regional, Ignacio
González. Con la llegada de éste al
Gobierno de Madrid cambiaron
las negociaciones entre los políticos
de la Comunidad y los proveedores,
los grandes empresarios
que trabajan para la Comunidad.
Alberto Ruiz Gallardón contaba
con unos empresarios determinados.
Es como la historia del 3% que denunció Maragall en relación a Jordi Pujol: el porcentaje que recuperan los partidos en el poder por las concesiones de obras.
D.: Sin embargo, la respuesta
de Esperanza Aguirre fue otra
más de sus habituales puestas en
escena: “Le pido de rodillas” que
lo cuente, dijo.
A.G.: Entre todos los políticos, da
igual del partido que sean, existe un
acuerdo de silencio mutuo. Y ella lo
sabe, si no todo se hundiría. Luego
escenifican un teatro farandulero,
pura pose. Lo mismo que dice Bárcenas
de Aguirre lo dijo Aguirre de
Gallardón. Al darse cuenta de cómo
estaban las cuentas, dijo que le podía
poner contra las cuerdas.
D.: Entonces el caso Gürtel podría
estar dando sus últimos coletazos...
A.G.: Ya veremos, estamos acostumbrados
a que todos estos tipos de escándalos
político-empresariales se
queden siempre en nada. Y cuando
ha habido condenas, después han sido
indultados o, a la hora de ser juzgados,
los delitos habían prescrito.
D.: Derrota en el Congreso de Valencia,
casos de espionaje y Gürtel,
marcha atrás en medidas como el
área única en sanidad, aún no tiene
el control de Cajamadrid,... ¿Es el peor
año de Aguirre?
A.G.: Todo le ha tocado, se ha tambaleado,
pero ni mucho menos está
hundida. En este país, la gente
vota por fe y no de forma racional,
haga lo que haga siempre va a tener
una masa fija de votantes. Más
aún, si tenemos en cuenta la oposición
de chichinabo que tiene. Por
ejemplo, Tomás Gómez [líder del
PSOE en Madrid] está de acuerdo
en la limpia de Cajamadrid, pensando
que se beneficiará de ello si
algún día es presidente.
D.: Pero en Madrid el PSOE asegura
que se opone a las privatizaciones de
los servicios públicos...
A.G.: Es una actuación totalmente
hipócrita. En la ley 15/97, la que permite
la privatización de la sanidad,
votaron a favor junto al PP. La concertación
de colegios la instauró
Felipe González en 1985. Otro ejemplo,
la privatización de Telefónica se
inició con el PSOE y la culminó el PP.
Zaplana entonces era la bestia negra
del PSOE como portavoz parlamentario
contra Rubalcaba. Parecía que
se iban a matar en sus intervenciones
y después se tomaban copas juntos
en el palco del Madrid. A esa bestia
negra Javier de Paz, consejero de
Telefónica y ex secretario general de
Juventudes Socialistas, la ha colocado
como consejero con un sueldo
cercano al millón de euros con el visto
bueno de Zapatero. Se tiran cubos
de basura de forma controlada. No
ponen en cuestión el fondo del problema,
que todo está podrido. Quien
tiene el poder político es quien roba.
D.: ¿Gallardón ha logrado quedarse
al margen de las últimas polémicas?
A.G.: Ella siempre intenta socavar
a Gallardón. Por ejemplo, cuando
saltó el escándalo de Malaya en
Marbella, Aguirre fue la encargada
de comprar la foto de Montserrat
Corulla, implicada en el Caso Malaya
y amiga personal del alcalde,
para que Época la publicase.
Pero la carrera de Aguirre más
allá de Madrid ya se ha acabado. No
va a poder ser presidenta del Gobierno
como su admirado Aznar. Ya
ha aceptado volver a ser candidata
en Madrid, y volverá a ganar.
D.: Y mientras, Ruiz Gallardón espera
su oportunidad con los Juegos
Olímpicos. ¿Cuál es el papel de la
Comunidad en esta apuesta?
A.G.: Como el protagonista de todo
es Gallardón, Aguirre no lo apoya
directamente. Pero si lo consigue,
intentará conseguir sus tantos.
D.: ¿Uno de los secretos de Aguirre es el buen manejo de su red clientelar
de políticos y familiares?
A.G.: Las grandes empresas se
llevan bien con cualquier Gobierno,
trabajan sin problemas con
ellos si les dan de comer. Los problemas
llegan cuando es al contrario.
José Manuel Entrecanales
(Acciona) levantó la liebre en
Génova de que tras la llegada de
González ya no sabían a quién
había que dar las comisiones.
En cuanto a la red de clientes, es mucho más importante la influencia familiar. Nadie es consciente de que Madrid está en manos de doce familias aristocráticas que provienen del siglo XIX. Se siguen casando entre ellos, de una forma endogámica.
Además en Aguirre confluye el prototipo de político corrupto que ha surgido tras la Transición, políticos como Zaplana o el propio Chaves (PSOE). Han creado un estilo de virrey dentro de la política. Ella es el mejor ejemplo del feudalismo que persiste en Madrid.
D.: Además a Aguirre se le da
bien nadar en ríos revueltos...
A.G.: Ella siempre es la que lo
maneja todo, lo controla, aunque
deje parcelas a determinadas
personas. Ella monta el
triunvirato (González, Granados
y Prada), pero los tres saben
que es la que manda y tiene
la última palabra. Además, trabaja
muchísimo, es muy ambiciosa
y peleona. Les deja moverse,
aunque controlados. Esperanza
Aguirre es iletrada, pero
otra cosa muy diferente es
que sea tontita. Que no ha leído
un libro es obvio. Le da igual.
D.: A Aguirre se la ha comparado
con Margaret Thatcher, pero
no en la actualidad. ¿No podría
parecerse más a Berlusconi?
A.G.: Tengo mucha envidia de
Iñaki Anasagasti, que en la presentación
de su libro Una monarquía
protegida por la censura
afirmó que el ‘Berlusconi español’
es el rey.
Ella es una funcionaria por
oposición, ha vivido siempre
del Estado, como Ignacio González.
En su trabajo como política
ha utilizado el dinero público
para beneficiar a sus amigos,
ése es el liberalismo de Esperanza
Aguirre.