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ANÁLISIS | LA PROLIFERACIÓN DE ENFERMEDADES ‘INVISIBLES’ EN LAS MUJERES NO ENCUENTRA EXPLICACIÓN ÚLTIMA EN LA CIENCIA MÉDICA

El género de las enfermedades en el siglo XXI

Para explicar la fibromialgia o el aumento del cáncer de mama es necesario un nuevo enfoque integral que aborde factores medioambientales además de sociales.

SILVIA L. GIL *
Martes 1ro de diciembre de 2009.  Número 114

El pasado mes de octubre se celebró el día contra el cáncer de mama. Son muchos los casos cercanos de amigas, madres o hijas. Pero no sólo. En los últimos años hemos visto proliferar gran cantidad de enfermedades producidas por miomas y quistes, desajustes del ciclo menstrual o desequilibrios hormonales; así como enfermedades sin diagnóstico preciso: fibromialgia, fatiga crónica, osteoporosis, anemias o depresión. Todas ellas comparten tres cosas: son enfermedades feminizadas, invisibles en la sociedad y su causa última es desconocida por la ciencia médica.

¿Qué le está pasando a la salud de las mujeres en el siglo XXI? El feminismo puso sobre la mesa el hecho de que las condiciones de vida que han soportado las mujeres a lo largo de la historia (obligación de cuidar de los otros, la doble jornada o el modelo inalcanzable de mujer a seguir) tienen consecuencias para la salud: se expresan de múltiples formas, como tensión corporal. Lo que sigue es la idea de que si cambian esas condiciones de vida, la salud de las mujeres mejorará. Son teorías que han integrado lo corporal y la psique, pero primando lo psicológico y, en palabras de la doctora Carme Valls i Llobet, infravalorando el papel de lo orgánico.

Paradójicamente, estas teorías de la subjetividad han contribuido a culpabilizar a las mujeres: “Si estás así es porque hay algo que tienes –aún– que cambiar”. Y han invisibilizado factores medioambientales que están modificando el organismo, especialmente el sistema endocrino y el ciclo menstrual. Cuando una mujer, y cada vez más hombres, llega a una consulta con insomnio, fatiga crónica, depresión o dolores difusos en el cuerpo es tratada psiquiátricamente, presuponiendo que, como cuestiona el feminismo, las mujeres están atrapadas en su condición existencial, naturalizando de manera perversa la enfermedad.

Patrones médicos sesgados

Sin embargo, en muchos casos la solución es tan simple como paliar los bajos niveles de hierro, vitamina D, vitamina B12 o detectar alguna anomalía de la función tiroidea o del equilibrio general de la actividad del hipotálamo. Pero los patrones médicos son sesgados por el género, normalizando niveles peligrosos de estas reservas y desviando los diagnósticos. Por ejemplo, la falta de hierro puede generar insomnio y taquicardias, lo que en las consultas es tratado como cuadro de ansiedad o nerviosismo. Y la falta de B12 genera depresiones profundas que desaparecen con unos niveles adecuados de esta vitamina. Los psicofármacos son mucho más caros y no hacen más que empeorar la salud, haciendo que miles de mujeres abandonen la esperanza de curarse, asumiendo que en el siglo XXI mujer y enfermedad van de la mano. Poder y saber aparecen íntimamente entrelazados en el género de la salud. ¿Por qué hemos asumido como un destino irremediable la enfermad, la falta de diagnósticos o el incremento del cáncer de mama? ¿Qué es lo que no se está queriendo mirar?

El grupo de investigación en torno a la revista Mujer y Salud y la doctora Carme Valls i Llobet está señalando otra manera de mirar este problema: sin dejar de atender las situaciones de estrés que sufren las mujeres y el aumento de las condiciones que nos hacen más vulnerables, subrayan cómo los nuevos compuestos químicos generados con la industrialización del siglo XX, la contaminación, los pesticidas, los anticonceptivos orales, los campos electromagnéticos o los estrógenos de algunos cosméticos están alterando los sistemas inmunológico, neurológico y endocrino, con especial incidencia en el ciclo menstrual y en el equilibrio hormonal del cuerpo. La relación entre el uso de la píldora anticonceptiva o las terapias de sustitución hormonal y el cáncer de mama ha sido puesta sobre la mesa y, sin embargo, se siguen recetando cuando se detecta un problema en el ciclo menstrual.

El medio ambiente y las formas de vida del silgo XXI están dando lugar a alteraciones que consiguen arrancar la salud de miles de mujeres, que pelean en silencio día tras día por levantarse de la cama. Efectivamente, no se trata sólo de una cuestión de subjetividad. Los avances técnicos en la medicina no nos curarán. Hay que aprender a mirar de otro modo el cuerpo: de manera integral y visibilizando la importancia para el funcionamiento de todo el organismo del sistema endocrino y el ciclo menstrual, ignorado en las consultas ginecológicas y que impiden diagnosticar precozmente el cáncer de mama. Los tratamientos derivados de esta otra forma de mirar no sólo son muchísimo más baratos que los psicofármacos, también carecen de efectos secundarios.

Y si la ciencia médica de tradición androcéntrica, aliada con las industrias farmacéuticas, sigue sin querer aprender a mirar de otro modo, entonces tendremos que formarnos las mujeres para curarnos y diagnosticarnos de manera correcta, incidir en los centros de atención primaria, acompañadas de los grupos de doctoras que están abriendo el camino para romper la maldición de las relaciones ocultas entre las mujeres y las enfermedades en el siglo XXI.

*S.L.G. es investigadora independiente. silvia@sindominio.net

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