Periódico Diagonal

SOBRE NACIONALISMOS, CASPA Y BALONES FUERA

El delirio de la estanquera

Un viejo conocido solía decirme: cuando a una señora, en una calle cualquiera, le preguntas con quién juega la selección nacional y te responde que no lo sabe, pero que tiene que ganar España; eso es nacionalismo. Creía que era un argumento falso y que no iba a pasar nunca.

Manuel Tabernas (Redacción)
Martes 27 de julio de 2010.  Número 131

futbol nacionalismo bandera

El fútbol, técnicamente, como deporte, puede ser tan fascinante como cualquier otro. ¿Pero tantas banderas nacionales en tantos locales –han sido vistas en tiendas de frutos secos, peluquerías y hasta en una cristalería– se han puesto por amor al preciosismo del tiki taka?, ¿la manifestación contra el fallo del Estatut se borró de los noticieros porque todos estaban en fuera de juego? A lo mejor sí hay 47 millones de seleccionadores.

A lo peor también lo eran los que iban gritando “soy español, español, español”. Al modo de Forges, les faltaba añadir “soy español, casi ná”. El sábado del Orgullo había gente con camisetas donde se podía leer “menos orgullo y más españoles”. Podía entenderse que tu opción sexual te hacía más o menos patriotero. Desde fuera, la verdad, la impresión es que es español el que no puede ser otra cosa. Lavado de imagen

En los últimos tiempos, el nacionalismo español ha recibido un lavado de imagen que para sí quisiera la familia real, el otro baluarte del Estado. Un lavado de imagen basado en los triunfos deportivos: tenis, baloncesto, Fórmula 1... y ahora, al fin, fútbol. ¿Ésa es la base del patriotismo? Se ha ganado el Mundial. Se han abierto los cielos y, en vez de maná, ha caído caspa. De los balcones con las banderas estanqueras se dice, con retórica de radio franquista, que están “llenos de fiesta”, de los españoles que por serlo se ponen la camiseta de la selección y hacen de la bandera capa y sayo y hasta ropa interior y gritan contra el Orgullo y llaman “hijos de puta” a los holandeses, es la España que se reivindica. No la de la técnica del balompié sino la España zafia e ignorante.

Tanto pasear “banderas victoriosas” ha conseguido que millones de personas vean como normal la apoteosis de la estanquera. ¿Por qué se llama estanquera a la bandera bicolor? Se refiere a que a las viudas y caballeros mutilados del bando nacional de la última guerra –frente a las rojas y los jodíos cojos– recibían, entre otras prebendas, todas las licencias para abrir quioscos y estancos. Sigue siendo la bandera de los nacionales. Podrán lucirla, como la chica aquella que presumía de ser de barrio y no saber nada, junto a su ignorancia. Que no es atrevida, sino suicida. No importa. Para salir del paso estará Punto Radio, que dirá que hay gente que “estará falta de estudios pero no de valores”. ¿De qué valores hablan? ¿Qué entenderán por España? Desde luego ningunos que apuesten por salir de la ignorancia. Tomemos aliento después de tantos días de exaltación nacional. Pensemos que, al menos, hay una cosa positiva, con tanto local con la estanquera, es fácil hacer una lista negra para el día de la Huelga General.

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Portada número 167
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