Periódico Diagonal

ENTREVISTA | FAITH WILDING Y HYLA WILLIS, INTEGRANTES DEL COLECTIVO DE AUTORÍA COMPARTIDA SUBROSA

“El ciberfeminismo no consiste sólo en lograr acceso a las tecnologías de la información”

Durante su participación en Gasteiz en la exposición ‘Soft Power; arte y tecnologías en la era biopolítica’ charlamos con dos integrantes de subRosa, que presentaron su manifiesto postgenético.

Roy Batty, Vitoria-Gasteiz
Miércoles 2 de diciembre de 2009.  Número 114
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PATENTES SOBRE LA VIDA. Una de las performance de subRosa en Vitoria pretendía denunciar la mercantilización del propio cuerpo.

DIAGONAL: La ciencia afecta a todo el planeta pero, ¿no hay que ser blanco y con estudios para acceder a la tecnología y a su crítica?

FAITH WILDING: Empieza a haber un gran número de personas con un activismo tremendo entre los sintierra, incluyendo a mujeres. Quizá no esté del todo conectado con el mundo del arte pero, aun así hay gente haciendo cosas en todos los sitios. Este es un tema muy importante para nosotras. Siempre intentamos trabajar con grupos de diferentes razas y estratos sociales.

D.: SubRosa y ciencia parecen estar permanentemente unidas desde su creación en 1997...

HYLA WILLIS: Todo el grupo se formó junto a la Universidad en Pittsburgh (EE UU), que es famosa por sus estudios biotecnológicos y que está cerca de otra universidad donde se estudia ingeniería de tejidos. Éramos profesoras o estudiantes, unimos educación, ciencia y arte. Todas éramos mujeres en una cultura tecnoadicta, pero pensábamos que todo el tema de mujer y ciencia no se estaba trabajando más allá de la relación con el espacio de trabajo. Nosotras quisimos investigar su relación directa con el cuerpo de las mujeres.

D.: Siempre ha habido diferentes personas formando subRosa. ¿Cómo se puede sobrellevar la autoría compartida?

H.W.: Bueno, se convirtió en un grupo mucho más pequeño cuando decidimos crear una identidad conjunta para nuestra práctica artística.

F.W.: Aquello fue duro. El arte es como la ciencia, todo el mundo quiere tener su propio estilo patentado y reconocido. Y el trabajo en colaboración es difícil. Hay siempre que ceder un poco.

H.W.: Pero crea interesantes debates como cuán importante es en nuestro trabajo la raza o la clase; o si nos vamos a poner o no la etiqueta de ciberfeministas [lo hicieron y la mantienen].

F.W.: Nos gusta la participación de los asistentes e interactuar con la gente, aunque no nos guste mucho el público artístico porque nunca quieren formar parte del proceso. No son genuinamente curiosos, son demasiado sofisticados para participar pero al resto de la gente le encanta porque comprende y entiende como todo esto les afecta en su vida.

H.W.: Creo que el público a través del diálogo y la interacción se convierte en una muy crítica coautora.

D.: Si existe un poder blando, ¿son estas obras de arte subversiones blandas?

F.W.: Los cambios son una cosa muy lenta. La tecnología está desfilando muy rápido, pero los cambios culturales y el cambio en términos de deseo es algo muy lento pero siempre estamos tratando con los deseos de la gente. El deseo de vivir para siempre, el deseo de poder tener bebés… Este tipo de tecnología conecta los miedos y deseos más profundos de la gente. Definitivamente no estamos haciendo ciencia dura, sino subversiones blandas.

D.: ¿Cómo ha mutado el ciberfeminismo en estos doce últimos años?

H.W.: Ahora incluye más posibilidades que al inicio. Entonces aparecía la posibilidad de transformarse una misma en la red. Es, definitivamente, más grande que todo eso.

F.W.: La mayoría de mis alumnas se sienten atraídas por la idea del ciberfeminismo pero, por lo general, creen que sólo se trata de que las mujeres tengan acceso a las tecnologías de la comunicación, conseguir algo de ese conocimiento. Mucha gente de la que entonces empezó con el ciberfeminismo ahora dice que está acabado, que ha mutado.

H.W.: Algún día remplazaréis el ordenador y esa unidad será enviada por barco a alguna comunidad pobre del planeta. Será desmontado por mujeres, y por las hijas de esas mujeres, y muchos de esos excedentes acabarán de alguna manera tanto en su agua como en su comida, así que tenemos que invitar a todas esas mujeres a formar parte del discurso ciberfeminista sobre la tecnología.

D.: ¿Qué queríais ofrecer con vuestro trabajo Cell Track en Vitoria?

H.W.: Pretendíamos crear una reflexión sobre cómo, a lo largo de la historia, diferentes partes del cuerpo humano han sido usadas y abusadas como material de investigación y ahora todo el cuerpo existe subdividido en datos privatizados de empresas biotech. Nosotras sentimos que este conocimiento debiera pertenecer a todo el mundo porque es biología misma y porque cada vez está más privatizado y controlado.

F.W.: En la performance que acompaña a esta instalación explicamos a la gente las ideas básicas de la recombinación del ADN que es la base de la biotecnología de la ingeniería genética; la base de la comida transgénica. Es tecnología reproductiva, las diferentes maneras en las que la vida es creada y controlada en un laboratorio, o al menos eso les gustaría creer a los científicos.

SubRosa
Este grupo de práctica artística e investigación reivindica la autoría colectiva. Dicho esto, también cabría añadir que su buque insignia es la legendaria performer y feminista Faith Wilding. SubRosa no sólo es una célula ciberfeminista, también son las cofundadoras del ciberfeminismo. Una práctica que no acepta definición y que abarca diferentes actitudes respecto al arte, la cultura, la teoría, la política, la comunicación y la tecnología pero siempre en el territorio de internet.

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Portada número 167
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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