
El cénit del petróleo ha quedado hábilmente enmascarado por el reciente colapso financiero mundial. Muchos de los expertos que participaron a finales de octubre en Barcelona en la VII Conferencia Internacional de la Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y del Gas (ASPO, por sus siglas en inglés) ya habían advertido desde hace varios años que, dada la relación tan estrecha entre crecimiento económico y consumo de energía, se estaba llegando a un límite máximo de producción de energía en el mundo. Y que esto implicaba la imposibilidad de crecer en producción de bienes materiales y servicios.
Esto, a su vez, sería el detonante final que haría estallar el entramado de un mundo financiero y especulativo que se basaba en creer que el crecimiento y el desarrollo económico eran infinitos y podían comprar hoy el futuro del trabajo, el esfuerzo humano y, con ellos, el crecimiento y la producción de bienes y servicios de los años venideros, cada vez a más largo plazo. Porque la espiral del crecimiento financiero iba siempre muy por delante del ya espectacular crecimiento de la producción física de bienes y servicios medibles.
La ASPO es colectiva, compuesta por geólogos, científicos, geofísicos, ingenieros del petróleo y demás expertos que analizan la situación de la producción y las reservas mundiales de petróleo. Un grupo que no ha dejado de crecer desde el año 2000, cuando Colin Campbell y Jean Laherrere –geólogos inglés y francés, respectivamente– crearon esta asociación sin ánimo de lucro. Lo hacían después de haber publicado en 1998 su primer artículo, ‘El fin del petróleo barato’, en la revista Investigación y Ciencia, que resultó ser el primer aldabonazo sobre este peligro que se cierne sobre la humanidad.
Las más de 200 personas que, provenientes de todas partes del mundo, se reunieron en Barcelona en la VII Conferencia de la ASPO pudieron escuchar hasta 25 ponencias sobre los aspectos del agotamiento del petróleo y el gas natural y las repercusiones sociales, económicas y geoestratégicas que este hecho tendrá pronto o está teniendo ya para la humanidad. Además de algunas interesantes aportaciones sobre soluciones locales y propuestas de reemplazo del petróleo y el gas.
Búsqueda a cualquier coste
En Barcelona también hubo oportunidad de recordar las palabras del ex secretario de Energía de los EE UU Arthur Schlesinger (con James Carter), en las que reconoció que los analistas del cénit del petróleo podían cantar victoria y que el mundo se enfrentaría en menos de diez años a una situación de dramáticas consecuencias por este hecho. Tanto Colin Campbell como Kjell Aleklett, presidente honorario y presidente de ASPO, respectivamente, volvieron a señalar su convicción de que estamos básicamente ya en el máximo de la producción mundial del petróleo, denominado “regular convencional”, y que sólo la desesperada extracción de petróleos alternativos y más costosos (petróleo polar, de aguas profundas a más de 500 metros bajo lámina de agua, petróleos pesados extraídos por minería más que por perforación o productos combustibles licuados del gas natural) están pudiendo evitar la inevitable caída, que sólo será retrasada por estos productos colaterales un puñado de años.
En definitiva, el actual colapso financiero es la punta del iceberg y efecto conocido de la verdadera causa oculta de la inminente llegada a los límites del crecimiento.

El cénit del petróleo, un tabú para los gobiernos
P.P.
Hoy ningún experto que se precie niega la próxima llegada a la producción mundial máxima o techo del petróleo –y poco después, del gas natural–, para seguir después un declive irreversible. Aunque éste sigue siendo un tema bastante tabú para la mayoría de los gobiernos, que no aciertan a promover políticas para enfrentar este tremendo reto para la humanidad. Es por ello que hay que agradecer a varias entidades del Gobierno de la Generalitat de Cataluña, señaladamente el Instituto Catalán de la Energía, el Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, entre otros, que hayan apoyado institucionalmente la celebración de esta conferencia internacional. E, incluso, que hayan incluido el concepto del ‘cénit del petróleo’ en sus planes sobre energía para Cataluña. El hecho comienza a ser inocultable, aunque da pavor a muchas empresas grandes del petróleo y a los gobiernos del mundo, que no saben bien cómo tratar este espinoso asunto. En Internet, son ya cerca de cinco millones de temas los publicados sobre este asunto (Oil Peak), que era cosa de pequeños círculos de expertos hace apenas una década. Hay cada vez más miembros de la clase política, tales como ex ministros europeos, o miembros de la clase empresarial, que comienzan a hablar de la necesidad de afrontar este asunto cuanto antes y de forma drástica, aunque todavía sean minoritarios y predomine la visión Business as usual.