
Treinta y tres años después de que se fundara el Sindicato de Obreros del Campo (SOC), la situación en el campo ha cambiado muy poco, opina Diego Cañamero, portavoz nacional del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), la central que en 2007 aglutinó al SOC y a otros sindicatos.
El seísmo económico que ha desvencijado el modelo de sol y ladrillo, ha devuelto al campo a muchos trabajadores de la construcción y, como consecuencia, ha puesto en primera línea de calle a los militantes de este sindicato. A pesar de que últimamente la policía se ha empleado con dureza contra ellos, Cañamero anuncia más movilizaciones hasta que el Gobierno escuche lo que plantean.
DIAGONAL: ¿Cómo se llega a las
protestas del 6 de septiembre?
DIEGO CAÑAMERO: El 30 de junio
empezamos una marcha cuyo objetivo
era reivindicar al Gobierno andaluz
una serie de medidas. La primera
es un fondo especial que costaría
unos 5.000 millones para que los andaluces
en paro tengan cuatro meses
de trabajo en obras públicas. La segunda
medida es que haya diez meses
de subsidios para los trabajadores
agrarios, ya que, como mucha
gente de la construcción ha vuelto al
campo, no hay jornales suficientes.
Tercera cuestión: hay un requisito
para solicitar el subsidio que exige
35 jornales trabajados en el campo,
nosotros planteamos que por el momento
se elimine este requisito.
Planteamos también que cuando el jornalero no trabaje no tenga que pagar la Seguridad Social, igual que el resto de trabajadores del Régimen General. Actualmente pagamos 83 euros al mes. Planteamos también la creación de escuelas, casas de oficio y talleres de empleo; que la gente que esté en paro tenga una prórroga de las hipotecas y que se prorroguen los subsidios y todos los sistemas de protección a aquéllos a quienes se les ha agotado. También planteamos ayudas a las cooperativas y a los campesinos pequeños para cultivo social.
Pusimos estas reivindicaciones en la mesa del consejero de Empleo, Sr. Antonio Fernández, y el de Gobernación, Luis Pizarro, el 9 de julio. Nos concentramos en la presidencia del Gobierno andaluz y, a cambio de que nos fuéramos, se comprometieron a tres puntos: que el subsidio agrario iba a llegar a diez meses, que las 35 peonadas iban a desaparecer como requisito para cobrarlo, y que el sello agrario se iba a condonar mientras estuviéramos en paro. El Gobierno nos pidió que le dejáramos 20 o 25 días para que pudieran formular esa propuesta a Madrid y para que allí las aceptasen. Les dejamos un mes y medio. Cuando hemos visto que ha pasado ese tiempo y no han puesto en marcha ninguna de las medidas acordadas, hemos vuelto a la movilización. Concretamente hicimos las acciones en Córdoba, paralizando el AVE, ocupando una sucursal de Cajasur, etc. La siguiente acción fue en Málaga: entrando en el aeropuerto, también en la estación del AVE y manifestándonos en la ciudad.
D.: ¿Qué sucede en las acciones que
lleváis a cabo en Sevilla?
D.C.: El objetivo era ocupar Canal
Sur, que es la TV pública de los andaluces,
y que oculta y manipula la
realidad de esta tierra. Estamos ya
cansados de que sea la prensa del
morbo y de la revista, de los artistas,
del rocío y de la pandereta. Queremos
que cuente la verdad de este
pueblo, que hable de los problemas
que hay y de nuestras luchas pacíficas,
por eso la ocupamos. Pero para
ocuparla hicimos un simulacro, desplazamos
algunos autobuses a otros
lugares de Sevilla, concretamente a
un lugar cerca del puente del Quinto
Centenario. Cuando nos bajamos del
autobús, a un kilómetro del puente,
la policía tenía orden de cargar.
Pegaron a personas mayores y a niños sin ningún tipo de respeto y detuvieron a 6 personas, entre ellas a mí. Fuimos insultados, nos apreta ron las esposas de tal manera que no podíamos abrir las manos y nos cortaban la circulación. Se le dio puñetazos y empujones a la gente dentro de los coches cuando íbamos detenidos y después, en comisaría, fuimos vejados y humillados con la palabrería de la policía.
Después vino la acción en Canal Sur, unos 500 compañeros lo ocuparon para protestar, de ahí fueron expulsados a golpes por la policía. Después, algunos compañeros, al ver la detención de la primera acción, ocuparon el AVE. Allí cargan nuevamente y detienen a otros cuatro compañeros. Los llevan a comisaría donde ya estábamos los otros detenidos. Aquí estuvimos el domingo desde las 12 de la mañana hasta el día siguiente a las 17h, cuando nos pusieron en manos del juez de guardia. Hay más de 60 heridos entre los trabajadores, con golpes en el abdomen, en la barriga, en la cabeza, contusiones, hay uno que tiene la muñeca partida del porrazo que le dio la policía, a otro le dieron cinco puntos en la cabeza... Ésta es la respuesta del Gobierno del PSOE a la crisis y a la lucha pacífica de los trabajadores.
D.: ¿Cómo vive Andalucía la crisis?
D.C.: La situación en pueblos y en
el medio rural es en muchos casos
dramática. Hay algunos ejemplos:
en Puerto Serrano (Cádiz) hace 15
días, Endesa tenía la orden de cortar
la luz a 40 familias. En Bornos
(Cádiz), y el Coronil (Sevilla) hay
personas que han perdido sus casas,
se las ha quitado el banco, porque
no pagan. A diario hay colas en
Cáritas, en la Iglesia, en los servicios
sociales de los ayuntamientos,
en la Cruz Roja, pidiendo comestibles.
Son familias de trabajadores que se han quedado en paro y no tienen absolutamente nada. En Andalucía tenemos el 25% del paro de todo el Estado. Si se cumplen las perspectivas para 2010 –se dice que el PIB va a caer un 3%–, se podría llegar a 1.300.000 parados. Esta tierra está soportando con mayor dureza la crisis, por eso el sindicato no se puede quedar de brazos cruzados, hacerlo ante esta realidad es ser cómplices, es la manera de aceptar que el Gobierno financia a los ricos y condena a los pobres. No somos un sindicato domesticado, no somos un sindicato de subvención ni de compra: somos una herramienta para defender a los trabajadores. En el momento en que no cumpla ese papel hay que aniquilarlo, porque entonces no vale.
D.: ¿Y cómo se presenta la próxima
campaña de la aceituna?
D.C.: El campo es la gran fábrica
sin techo, sin normas, sin contratos,
y cuando la gente no tiene nada se
refugian en él. Después de 30 años,
todavía no existen unas normas democráticas
en el campo que protejan
a los trabajadores. La aceituna
verde no tiene precio, porque en el
campo parece que no hay precio,
con lo cual los agricultores la van a
dejar para aceite. Si la dejan para
aceite se perderá el 50% o el 60% de
los jornales, porque ese trabajo está
muy mecanizado, sin embargo el
verdeo aún se recolecta a mano. Si
se deja para aceituna negra va a ser
un palo enorme para las 40.000 o
50.000 personas que trabajan en el
verdeo durante un mes o mes y medio.
Eso en el campo es mucho tiempo, más teniendo en cuenta el poco trabajo que hay. Todo el mundo no puede acogerse a esos meses de trabajo que suman la aceituna, la fresa, la naranja y el melocotón, pero hay personas que trabajan dos o tres meses al año. Eso es fundamental para la vida de jornaleros y jornaleras, que no pueden vivir con la ayuda del subsidio agrario, que es ridícula. Por eso pedimos que alcance diez meses, para que puedan soportar la situación económica.
“El Gobierno no puede permitir que el SOC y el SAT sigan teniendo una lucha de estas características y siempre con medios pacíficos. Ellos quieren que la sociedad se ponga en contra nuestra y quieren situarnos en el radicalismo. Por eso dicen que hemos tirado piedras, tornillos, que hemos herido a diez policías… Pensamos que esa represión va a continuar, pero somos conscientes de que no por eso debemos perder las perspectivas de la lucha”, apunta Cañamero.