El barrio del Cabanyal-Canyameral, que tan famoso hizo Sorolla en sus cuadros, nuevamente salta a la fama. En esta ocasión la fuerza con la que emerge al debate público es resultado de las movilizaciones vecinales y asociativas que conforman la plataforma Salvem El Cabanyal en su sentido más amplio, ya que existen entidades que trabajan en la misma línea pero no están adheridas oficialmente a la entidad. A lo largo de los últimos once años han venido sumándose, a los vecinos y al debate, diferentes especialistas del ámbito urbano como arquitectos, juristas, geógrafos, sociólogos, antropólogos… En definitiva, estudiosos de la ciudad, que abogan, al igual que la plataforma, por la rehabilitación integral de un barrio que fue declarado Bien de Interés Cultural en 1993 y que el Ayuntamiento quiere fragmentar, tanto espacial como socialmente.
Para ello, aprobó en 2001, únicamente con los votos del PP, el Plan Especial de Reforma Interior de El Cabanyal (PREPI), un proyecto que acaba de ser paralizado por una orden del Ministerio de Cultura. Cultura, que ha actuado a instancias de una resolución del Tribunal Supremo, dictamina que el proyecto supone un expolio al patrimonio artístico, como también sostiene la plataforma ciudadana. El PREPI pretende, a través de la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez, reactivar una de las viejas aspiraciones de la elite política de la ciudad: abrirse hacia el mar; aunque eso implique partir el barrio en dos y la demolición de 1.652 de sus 11.000 viviendas.
La tremenda creatividad que el movimiento contra el plan ha demostrado a lo largo de sus años de resistencia queda plasmada en la multitud y variedad de actividades realizadas: conciertos, cenas populares, verbenas, caceroladas, manifestaciones, competiciones deportivas, las jornadas Cabanyal Portes Obertes (que en sus once ediciones han congregado a centenares de artistas), una falla móvil, pintadas de murales, la habilitación de una oficina para tramitar alegaciones contra el plan, huelgas de hambre… Pero la lucha no se ha dado únicamente en el espacio urbano, sino también en los ámbitos judicial y administrativo, donde el movimiento ha dado muestras de gran inteligencia. Aquí la plataforma Salvem El Cabanyal ha jugado un papel central: ha presentado recursos por lo contencioso-administrativo, escritos al Parlamento Europeo y la UNESCO, denuncias al Defensor del Pueblo… Finalmente, tanto esfuerzo colectivo parece dar sus frutos con la orden del ministerio.
No hay que olvidar que, a lo largo de sus once años de existencia, la plataforma, junto a entidades de diferente índole, ha conseguido, por ahora, paralizar la prolongación de Blasco Ibáñez. Enfrente tiene a un Consistorio, con Rita Barberá a la cabeza, cuya respuesta a la presión ciudadana ha sido denegar licencias de rehabilitación y de obra nueva, el traslado de ‘población flotante’ hacia ciertas calles del barrio, la reducción al mínimo de servicios y equipamientos públicos y el derribo de viviendas y edificaciones. Todo ello encaminado a legitimar y orquestar, con el paso de los años, una acción de especulación urbanística que no cuenta con el beneplácito de los vecinos. Por ende, la gentrificación que sufre el barrio pone de manifiesto un modelo urbano y social de degradación sostenida y consentida por parte de las instituciones públicas valencianas.
El Gobierno de Camps, que en el caso de El Cabanyal camina de la mano de Rita Barberá, tardó sólo cuatro días en hallar una argucia legal para inhabilitar la orden del Ministerio de Cultura, una “injerencia intolerable”. El 7 de enero, la Generalitat aprobó un decreto-ley que establece que las obras de El Cabanyal no atentan contra el patrimonio cultural. La creación de esta norma no ha sorprendido a la plataforma Salvem El Cabanyal, demasiado acostumbrada a las “malas artes” de unos gobernantes que tratan de ahogar al barrio dejándole sin inversiones ni servicios. Faustino Villora, uno de sus veteranos integrantes, desvela que el barrio de El Cabanyal no cuenta, por ejemplo, con centros de educación secundaria, y que la respuesta del ex concejal de urbanismo, Miguel Domínguez, fue: “No habrá rehabilitación sin prolongación”.
1988
El Cabanyal se queda fuera del Plan General de Ordenación Urbana y sin inversiones económicas. Comienza el abandono del barrio ante las protestas del vecindario. En 1993, una parte es declarada Bien de Interés Cultural (BIC).
1998
Vecinos, comerciantes, partidos políticos progresistas y entidades culturales ponen en marcha la Plataforma Salvem El Cabanyal para evitar la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez. La entidad presenta 4.000 escritos contra el plan y organiza manifestaciones, asambleas y sonoras caceroladas.
1999-2000
En 1999 se presentan más de 110.000 alegaciones al plan urbanístico y miles de personas se manifiestan en su contra en marzo. En 2000 cinco activistas protagonizan una huelga de hambre de 25 días.
2001
En enero, 17 activistas se encadenan en las puertas del Ayuntamiento. Unos días después, el pleno municipal, con los votos del PP, aprueba el proyecto urbanístico de la discordia.
2004
Miembros de Salvem El Cabanyal se manifiestan frente al Parlamento Europeo en el momento en que Camps y Rita Barberá presentan la Copa América. En septiembre tiene lugar la asamblea vecinal más multitudinaria de la plataforma.
2007
IX Portes Obertes del barrio, con la participación de los escritores José Luis Sampedro y Julio Llamazares. Una jueza paraliza el derribo de diez inmuebles afectados por la ampliación de Blasco Ibáñez. Salvem El Cabanyal retira 100 toneladas de tierra de un solar en un sólo día.
2008
Protesta de centros sociales okupados y vecinos del barrio ante la sede de Cabanyal 2010, empresa creada para ejecutar el plan urbanístico. Unos meses después, centenares de personas cortan el tráfico.
2010
El Ministerio de Cultura, en virtud de una resolución del Supremo, ordena suspender de manera inmediata la demolición de las casas protegidas al entender que se está expoliando el patrimonio.