Una quinta parte de la población reclusa del Estado español está en la cárcel pese a no haber sido condenada. Se estima que entre un 20% y un 50% es finalmente exonerada.
Entrevista a Eduard Ibáñez, director de Justicia i Pau: "Es un agujero
negro de la justicia penal"

Si te detienen y te presentan ante un juez acusado de haber cometido un delito, éste tiene que decidir, en espera del juicio, qué hace contigo. Para ello la ley prevé un abanico de medidas cautelares que van desde la prisión preventiva, que es la medida más dura, hasta la menos lesiva, la libertad provisional.
La Constitución española dice que todas las personas tienen derecho a ser consideradas inocentes hasta que no se pruebe lo contrario. Es decir, hasta el día del juicio, y hasta que se considere probada la acusación eres inocente y tienes derecho a ser tratado como tal. Pero, si el juez ha decidido que permanezcas en la cárcel, el día del juicio podría demorarse hasta cuatro años: la prisión provisional puede alargarse hasta dos años ampliables en otros dos. Y mientras tanto, en la mayoría de los casos, la realidad es que estarás esperando tu turno tras las rejas a no ser que consigas una libertad provisional bajo fianza, que en el caso de los extranjeros, casi nunca se concede dado el alto riesgo de fuga que, consideran, se da en estos casos.
El Estado español, que es el país de Europa con más presos por cada cien mil habitantes –pese a tener una de las tasas de criminalidad más bajas– cuenta con una quinta parte de la población reclusa en situación de prisión provisional. Es decir que de las más de 76.000 personas que se encuentran presas, en torno a 16.000 están pendientes de una condena firme. Por comunidades autónomas, Canarias se encuentra a la cabeza, con un 56,5% de presos preventivos a fecha de enero de 2010, según datos ofrecidos en su página web por el sindicato de funcionarios de prisiones ACAIP. Le siguen Madrid, con un 50,2%, Cataluña, con un 26%, y Andalucía, con un 21,6% de presos preventivos.
Según ha manifestado recientemente en la prensa el abogado y magistrado excedente Javier Gómez de Liaño, uno de los principales profesionales que viene denunciando esta situación desde hace tres décadas, “algo falla en la justicia española, y algo de ese algo quizás sea la escasa prudencia y la no menos mesura de algunos jueces en el uso de la prisión provisional… la superficialidad con que se decreta y mantiene de modo incondicional, es decir, sin posibilidad de eludirla mediante otras medidas cautelares alternativas”. No hay que olvidar que los presos preventivos habitualmente padecen más intensamente el encarcelamiento que los culpables penados, ya que los centros de preventivos suelen ser los de peores condiciones, más viejos y masificados, con menos actividades de reinserción social, laborales o culturales.
Además, su encarcelamiento es total, sin permisos de salida, sin actividades exteriores, y sin ningún otro beneficio penitenciario [ver recuadro]. Los preventivos, según estudios realizados, tienen un índice de suicidio más elevado que el resto. En un momento en que el hacinamiento de los presos –en algunos centros concebidos para mil reclusos rozan los 2.000– se ha convertido en uno de los principales argumentos para justificar, por parte del funcionariado penitenciario, que en las cárceles españolas no se cumpla la Ley Penitenciaria, se olvidan otras medidas alternativas a la cárcel. En el Estado español, donde no existe un equivalente a un control de calidad de las resoluciones que dictan los jueces, se está abusando de la prisión preventiva desde hace años, resultado de la alarma social y del populismo punitivo. Según denuncia Gómez de Liaño existen “juzgados de Instrucción con más de cien y hasta 200 presos preventivos”.
Criterios arbitrarios
En este caso, el argumento económico
también pesa a favor de utilizar
más las alternativas al encarcelamiento
preventivo: mantener a una
persona presa en el Estado español
cuesta de media 54,79 euros al día.
El presupuesto global para prisiones
en 2010 es de casi 1.250 millones de
euros. Las medidas alternativas a la
prisión, entre ellas, el arresto domiciliario,
el control electrónico, el confinamiento
en un territorio, las órdenes
de alejamiento o la comparecencia
periódica ante las autoridades,
tan sólo supondrían tres euros por
persona y día aproximadamente.
Hace unos meses, un informe galardonado
con el II Premio de Investigación
en Derechos Humanos que
otorga la Generalitat, obra del abogado
Eduard Ibáñez [ver entrevista],
estimaba, basándose en diferentes
estudios parciales y en la comparación
de ciertas estadísticas, que “entre
el 20% y el 50% de las personas
que son encarceladas provisionalmente
en España son exoneradas o
absueltas. En el caso de las personas
que son detenidas policialmente, la
cifra podría rondar también el 50%”.
El informe concluía afirmando que
la ley española sobre la materia está
lejos de respetar las garantías penales
y procesales propias de un estado
de derecho y da pie a su aplicación
en base a “criterios arbitrarios” por
parte de los jueces.
Según denuncia la asociación de familiares de presos, Afaprema, “un caso puede terminar con una sentencia muy diferente según el juez que te toque, o incluso puede variar el que una persona pueda empezar o no en la cárcel".
Según un funcionario de prisiones que no ha querido revelar su nombre, en la práctica “a los presos preventivos se les presupone a todos culpables. Y desde que entran en prisión están en inferioridad de condiciones frente a los penados. Si estás siete meses de preventivo, tienes juicio y la sentencia es de nueve meses, el resultado es que te has comido toda la condena, sin permisos, terceros grados, sin recibir tratamiento penitenciario, nada de nada”. La ley obliga a que existan cárceles, al menos una por provincia, destinadas a la retención y custodia de detenidos y presos preventivos, donde también podrán cumplir los condenados a penas que no excedan de seis meses. En el caso de Madrid, por ejemplo, este centro es el de Soto del Real. Pero hace unos meses Instituciones Penitenciarias y el Consejo General del Poder Judicial han llegado a un acuerdo para repartir a los preventivos en las diferentes cárceles de Madrid. Se prevé que cada centro acoja entre 300 y 400 de estas personas.