“Aún queda camino y hay que soldar primero la absolución, hasta que sea firme e irrecurrible”, insiste Martxelo Otamendi, puesto que las acusaciones populares ejercidas por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y la ultraderechista Dignidad y Justicia sospesan presentar recurso ante el Supremo, a pesar del varapalo de reprobación y la crítica explícita que la misma sentencia les dedica. En caso de prosperar el recurso, el caso Egunkaria tendría hoy tres frentes abiertos. En el Tribunal Supremo, para ratificar o modificar la sentencia absolutoria. En la Audiencia Nacional, la pieza separada del denominado ‘sumario financiero’ y donde están acusados de nuevo Joan Mari Torrealdai, Iñaki Uria y Txema Auzmendi, junto a Joxe Mari Sors, Ainoa Albisu, Mikel Sorzabal, Begoña Zubelzu y Fernando Furundarena. El tercer frente judicial abierto, en diversas instancias judiciales, es el relativo a las denuncias por torturas interpuestas por cinco de los detenidos.
Sumario financiero: ¿archivo?
Respecto al segundo sumario judicial,
donde la acusación popular solicitaba
235 millones y 184 años de
cárcel para 8 personas, la absolución
decretada en el primer juicio
abre la puerta a un cambio de instancia
judicial. Al caer la acusación
de “terrorismo” del sumario principal,
es más que previsible que la
causa sea remitida y derivada a la
Audiencia Provincial guipuzcoana
o a los juzgados de Tolosa, por una
de supuesto delito económico. Aunque
se da la doble circunstancia de
que se trata de un procedimiento
abreviado y de que las acusaciones
particulares –Hacienda Foral de
Gipuzkoa, ya retirada, y Gobierno
Vasco, en vías de hacerlo– van a retirarse
por no observar delito alguno.
Sólo quedaría entonces la acusación
popular de la AVT. Según la
doctrina Botín, sin acusación fiscal
ni acusación particular, en el marco
de un procedimiento abreviado,
se archivaría la causa.
Una vez superados los trámites del Supremo y el itinerario del ‘sumario financiero’, será el momento de plantear los términos de la reparación, restitución e indemnización que se derive del cierre de Egunkaria. La AVT, de forma alarmista, la ha cifrado en 60 millones.
La impunidad de la tortura
Las cinco denuncias interpuestas
por torturas han sufrido un via crucis
judicial de menosprecio, falta de
investigación y silencio. Ninguna de
las personas que han denunciado
torturas ha sido citada por instancia
judicial alguna, a excepción de Iñaki
Uria, que casi sentó en el banquillo
a cuatro guardias civiles en los juzgados
de Donostia. Pero la Fiscalía
consiguió, en abril de 2008, trasladar
el juicio a Madrid –ahí se cometieron
los malos tratos–, donde fue
archivada sin más dilación. Similar
carpetazo han sufrido las denuncias
de Xabier Oleaga –pendiente de resolución
ante el Constitucional– y
las de Txema Auzmendi y Xavier
Alegría, perdidas y extraviadas tras
ser reiteradamente archivadas.
La interpuesta por Martxelo Otamendi, en cambio, llegó a Estrasburgo hace dos años, donde espera ser admitida a trámite. Esta tiene más visos de prosperar, ya que el Estado español fue condenado en 2004 por no investigar las denuncias por torturas interpuestas por 15 independentistas catalanes [ver página 15]. La reciente sentencia de la AN reconoce explícitamente la verosimilitud y credibilidad de la denuncia de Otamendi y la falta de eficiencia en su custodia judicial. Gracias a ello se incrementan las posibilidades de que Estrasburgo condene al Reino de España en el caso Egunkaria. Mención especial merece el caso de Joan Mari Torrealdai. No fue hasta 2008 cuando, sobrepuesto al dolor de la tortura y cinco años después del cierre, rompió su silencio y admitió las torturas sufridas, en una declaración hecha pública por la radio y televisión autonómica.
ENTREVISTA // JOAN MARI TORREALDAI, DE EGUNKARIA
"Por fin derecho y justicia se unen en la sentencia de ’Egunkaria"
A mediados de abril, la Audiencia Nacional absolvía a los cinco dirigentes de Egunkaria, un medio de comunicación que además fue clausurado en 2003 por la acusación de pertenencia a ETA.
Por Héctor Rojo Letón (Redacción)
Una larga historia de cierres y secuestros
Por Ramón Couso