
1.054 tiendas, con expectativas de crecimiento de cien al año. Facturación de 12.158 millones de euros en 2006, un 18% más que en 2005. Beneficio neto de 242 millones. Planes de inversión de mil millones en centros logísticos para los próximos años. Juan Roig, presidente y propietario de Mercadona, la mayor cadena de supermercados del Estado español, se mostraba exultante al presentar en marzo los “excelentes” resultados de la empresa, que centra su negocio en unos precios más bajos que los de la competencia. Roig se mostró generoso hasta con los trabajadores. El empresario anunció una prima extraordinaria de 43 millones de euros a repartir entre los 57.000 empleados de Mercadona, debido a un aumento en su productividad del 18%. La compañía, que ha utilizado siempre el buen trato a los empleados como seña de identidad publicitaria, sigue insistiendo en ello: Mercadona no abre los domingos, Mercadona suprimió en 2006 los turnos partidos, 3.600 empleadas de Mercadona se beneficiaron el año pasado de un quinto mes de permiso de maternidad...
El lado oscuro
Sin embargo, otras fuentes explican la súbita generosidad de Mercadona hacia sus trabajadores con argumentos menos benévolos. Es el caso de José Alberto Uribe, secretario de la sección sindical de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que desde hace un año lleva a cabo una huelga en el centro logístico de Mercadona en Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona). “El dinero repartido tiene que ver con el conflicto con CNT, en los cuatro años que llevo trabajando en Mercadona no lo han dado”, señala Uribe a DIAGONAL.
Para él, la intención es “incentivar al trabajador para mantenerlo convencido de que es una empresa modelo”. Nada más lejos de la realidad, según Uribe, quien comenta que “la empresa se jacta de tener 57.000 trabajadores fijos [con contratos de tres años de duración], pero nadie se pregunta por qué sólo renuevan 7.000”. Así, las jornadas llegan a 50 horas semanales y los días libres por trabajar fines de semana son 30, y no 44 como corresponde por derecho. A esto se suma el incumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que por ejemplo señala que el límite de altura de los palés es de 1,80 metros y en Mercadona llega a los 2,50. Lo mismo pasa con el peso de las cargas. Y cuando algún trabajador obtiene la baja médica, prosigue Uribe, al día siguiente la empresa “le amenaza por no ir a trabajar y le dice que vaya al médico de la empresa, que no firma la baja”.
El conflicto laboral de Sant Sadurní d’Anoia no es el único caso en el que han quedado patentes las prácticas de Mercadona contra sus trabajadores. Éstas se extienden por todo el territorio y afectan tanto a los empleados de los centros logísticos (principalmente inmigrantes) como a los de las tiendas (mayoritariamente mujeres). No sólo se trata de denuncias de trabajadores o sindicatos, sino que existen decenas de condenas judiciales contra Mercadona. En abril de 1999, Remedios fue despedida tras ser observada por un detective contratado por Mercadona cogiendo a su hija en brazos. Mercadona fue condenada a readmitirla. En febrero de 2001, en Valencia, el encargado de la empresa se presentó en casa de la trabajadora Laura y la obligó a firmar la baja voluntaria tras amenazarla con denunciarla por robo. En el juicio se desestimó la baja y fue readmitida. En marzo de 2002, Anabel fue despedida por darse de baja por lumbalgia. Mercadona fue condenada a indemnizarla. En julio del año siguiente, Juana se fue a la calle por darse de baja por amenaza de aborto. El juzgado declaró la nulidad del despido y una indemnización por daños morales. En noviembre de 2004, Montserrat fue despedida en Cuenca por estar embarazada, y Mercadona se vio obligada a readmitirla por atentar contra sus derechos fundamentales. Alguna de las sentencias aborda casos que rozan el surrealismo. Como cuando Luis, trabajador malagueño de Mercadona, se rió mientras discutía con un superior.
Éste le reprendió por ello, a lo que Luis contestó: “Yo me río cuando me da la gana”, frase que motivó su despido fulminante. La empresa tuvo que readmitirle. Son sólo algunos ejemplos que construyen una imagen de Mercadona muy diferente de la corporativa. DIAGONAL ha intentado contactar con la empresa, que se ha negado a responder. “Sobre este tema la empresa nunca ha hecho declaraciones y no las vamos a hacer”, fue la respuesta.
El empleado modelo
José Sánchez Iborra,
jefe de una tienda de
Mercadona en Valencia
de 1993 a 2001, se
tomaba muy a pecho la
“productividad” reclamada
por Juan Roig. La
trabajadora M.M.C.R.
es un vivo ejemplo de
ello. Sánchez Iborra
solía decirle que sus
hijos harían mejor su
trabajo que ella, y adornaba
su comentario
con expresiones como
“¡inútil!” o “¡mueve el
culo!”. Otro día la cogió
del brazo y la arrastró
hacia su despacho. Y
en otra ocasión la
empujó y casi la empotró
contra una estantería.
Cuando la empleada
se quedó embarazada,
se vio obligada de
manera constante a
agacharse y estirarse
para colocar los productos.
Tras ocho años
así, el jefe tuvo un
detalle. Al terminar su
excedencia por embarazo,
la empleada recibió
un mensaje de su
superior en su teléfono
móvil. Decía que le
correspondían nueve
días más de lo previsto.
El día en que volvió,
recibió una carta de
despido “por no haberse
incorporado el día
señalado”. Sánchez
Iborra añadió: “No
puedo confiar en ti porque
eres madre y no
puedes trabajar”. El
maltrato generó en la
trabajadora un trastorno
depresivo. En 2005,
Sánchez Iborra fue condenado
a dos años de
cárcel como autor de
un delito contra la integridad
moral con circunstancia
de discriminación
sexual, con
Mercadona como responsable
subsidiaria.
Esquiroles en Sant Sadurní
Despidos, sanciones,
intentos de soborno,
detectives, manifestaciones
ilegalizadas por
la Generalitat e incluso
una paliza. Es lo que
han tenido que soportar
los sindicalistas de
la CNT durante la huelga
en el centro logístico
de Mercadona en
Sant Sadurní d’Anoia.
Frente a sus demandas,
la empresa optó
desde el principio por
la mano dura y su
máxima oferta de
negociación fueron
300.000 euros a cambio
de que todos los
anarcosindicalistas
abandonaran el centro.
Los trabajadores rechazaron
el dinero. El instrumento
principal utilizado
por Mercadona es
tan antiguo como las
huelgas: casi 200
esquiroles, en este
caso traídos desde
diferentes puntos del
Estado con la misión
de cubrir, de marzo a
julio de 2006, el trabajo
de los huelguistas
en un centro que abastece
a los supermercados
de Cataluña, Aragón
y Castellón. Según
Antonio Alonso, responsable
de comunicación
de CNT-Sevilla y
muy cercano al conflicto,
el gasto de Mercadona
en esquiroles
pudo ascender a un
millón de euros, ya
que, además de un
sueldo elevado, tenían
pagado el alojamiento
en un hotel. Alonso calcula
que, sumando a
esta cantidad la inversión
en abogados,
detectives, etc., el
coste del conflicto para
la empresa ha podido
rondar los 15 o 20
millones de euros.