
Durante la última legislatura, las sedes europeas han albergado un buen número de exposiciones. La más sonada fue una en la que cada país aparecía representado por un tópico: una pelota de fútbol simbolizaba a los italianos, una tableta de chocolate a los belgas, una gran plasta de hormigón definía a España. En el Parlamento Europeo (PE), dos exhibiciones más han reforzado la imagen de este país ante sus 26 socios: una sobre el Real Madrid y otra a mayor gloria de la tauromaquia. Aparte de esas dos significativas muestras, el papel del Estado español en Bruselas ha sido puesto en entredicho con motivo del Informe Auken, precisamente a cuenta de la construcción, y también merced a la Directiva de tiempo de trabajo, ya que éste es uno de los pocos países europeos en los que las excepciones u Opt out legalizan jornadas semanales de hasta 72 horas.
Al margen de esos episodios, el ciclo termina con una constatación, y es que el efecto del “Ya somos europeos” parece haberse diluido: el propio presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durão Barroso, al mostrar su preocupación por los bajos índices de participación en las elecciones, se lamentó de que “hasta España, uno de los Estados miembros más ‘euroentusiastas’, parece haber perdido su favor electoral”.
El analista político Gustavo Búster considera que el divorcio entre las élites que dirigen la UE y la ciudadanía “responde al déficit democrático en el que se asienta el actual proceso de construcción europea y su estructura institucional”. En el mismo sentido, Attac denuncia que la representatividad del Parlamento cede el papel predominante “a otras instancias europeas que imponen sus criterios, generalmente de manera opaca”, instancias no electas como la Comisión, el Consejo Europeo o el Banco Central.
Lo que diga la Comisión
El organismo que preside Durão
Barroso, miembro del Partido Popular
europeo, se arroga las principales
competencias. Ése es el parecer de
los promotores de la campaña “UE
pa’qué, pa’quién”, que subrayan el
hecho de que el Consejo Europeo y
la Comisión “mantienen la mayoría
del poder legislativo y ejecutivo,
mientras que el Parlamento sigue
cumpliendo un papel subalterno”.
En esta línea, Antonio Carretero,
secretario de Acción Social de CGT,
considera que “la toma real de decisiones
no es cosa del Parlamento, sino
de las instituciones diseñadas específicamente
para dirimir las diferencias
entre lobbies y bloques políticos
dominantes: la Comisión, el
Banco Central e incluso los tribunales
de justicia de la UE tienen más
capacidad real de incidir en las políticas
que el Parlamento Europeo, reducido
a mero órgano consultivo, informativo
y de ratificación de lo pactado
en las otras instancias”. Erika
González, de OMAL-Paz con Dignidad,
incide en que el Parlamento
cumple sólo un papel de “maquillaje
democrático”, mientras que la Comisión
se ocupa de imponer los intereses
comerciales europeos, reconocidos
como fundamento de la UE en
el Tratado de Lisboa. De este modo,
la Comisión, “muy alejada de la población”,
como denuncia González,
es la encargada de defender las políticas
de la UE como bloque comercial
en las rondas de negociación de
acuerdos de libre comercio como el
que está a punto de ser rubricado con
países de Centroamérica y el Caribe.
Desde Attac, sin embargo, se defiende que la Eurocámara ha servido al menos para “limitar algunos retrocesos sociales” en el caso de la Directiva de servicios (conocida como Directiva Bolkestein), y “oponerse a la Directiva portuaria”. No obstante, desde este grupo se reconoce el escaso poder decisorio del Parlamento, toda vez que esta cámara tiene competencias compartidas con el Consejo para la aprobación de reglamentos y directivas, algo que, de hecho, impide que la Eurocámara promulgue leyes. En lugar de eso, el Parlamento dota a los Estados miembros de Métodos Abiertos de Coordinación, considerados “leyes blandas”, que marcan las estrategias a los parlamentos nacionales. Erika González recuerda que casi todas las Directivas aprobadas por el Parlamento “han promovido la privatización de servicios públicos, generando ciudadanías de primera y segunda clase”. Para Carretero, esperar que un grupo de “políticos profesionales” vaya a mejorar las condiciones de las clases trabajadoras “no sólo es una ilusión, sino una causa cómplice en la creciente pérdida de derechos laborales, sociales e incluso civiles, como se demuestra en el tratamiento discriminador y represivo de la UE para con las poblaciones migrantes”. Asimismo, desde la campaña “UE pa’qué, pa’quién” se denuncia que las competencias comunitarias otorgan una coartada a los gobiernos locales que de esta forma “podrán culpar a instancias superiores ‘inalcanzables’ de los desarrollos legislativos claramente contrarios al bienestar ciudadano”.
El poder de Lisboa
Vaclav Klaus, presidente de República
Checa, señaló en una intervención
en la Eurocámara que el Tratado
de Lisboa profundizará en
“una alienación todavía más grande
en las instituciones” y aumentará la
distancia “no sólo geográfica” entre
los ciudadanos europeos y los políticos
de Bruselas y Estrasburgo.
Pero Klaus, a pesar de ser un pope
del neoliberalismo, es considerado
uno de aquellos euroescépticos que,
según Durão Barroso y el presidente
de la Eurocámara, Hans-Gert Pöttering,
se harán fuertes en el Parlamento
–junto a “los extremistas”– si
la participación en los próximos comicios
es escasa. Y es que, pese a la
llamada de los presidentes, el barómetro
europeo muestra que la intención
de voto actual es la menor
desde que se elige el Parlamento.
No obstante, si se aprueba el citado
tratado, algo que depende de
Irlanda y de la propia República
Checa, aumentarán sustancialmente
las políticas que quedarán sometidas
a codecisión. El texto aumentará
las competencias de un Parlamento
que, por número de votos,
representa a cada vez menos ciudadanos
europeos. Según el eurobarómetro
publicado por la cámara
el 27 de marzo, el 53% de los encuestados
se declaraba no interesados
por los comicios y el 47% de los ciudadanos
no sabía o creía que los diputados
no son elegidos por sufragio
universal. Mientras tanto, la
Eurocámara sigue haciendo esfuerzos
por recortar la distancia que les
separa de la población. En los próximos
días, una exposición sobre Volvo
distraerá a los visitantes que se
acerquen a la sede de Bruselas.
LAS ‘GRANDES DECISIONES’ DEL PARLAMENTO EUROPEO
Comercio
En las Disposiciones generales
relativas a la acción exterior de
la Unión, el Tratado de Lisboa
explica que la UE aboga por “la
supresión progresiva de los
obstáculos al comercio internacional”.
El objetivo, paralizadas
las rondas de negociaciones en
la OMC, es avanzar en tratados
de libre comercio bilaterales.
Agricultura
La Política Agraria Común
supone el 43% del presupuesto
de la Unión, aproximadamente
55.000 millones
de euros. En 2008, entre el
5% y el 10% de ese presupuesto
fue a parar a millonarios
como la reina de Inglaterra
y las familias Martínez de
Irujo o Fitz-James Stuart.
Fronteras
La Directiva de Retorno, aprobada
en 2008, estableció cláusulas
que, como denunciaron diversos
organismos y grupos, vulneran los
derechos humanos de las personas
migrantes. Esta Directiva ha
marcado la línea que han seguido
los Gobiernos de la Unión a la
hora de redactar y modificar sus
Leyes de Extranjería.
Copyright
La defensa de los derechos de
autor es una de sus grandes premisas
en los últimos años. En
abril, el pleno abogaba por
ampliar la protección de los derechos
de las grabaciones musicales
hasta 70 años. También, en
octubre de 2008 se aprobaron
las “enmiendas Harbour”, pese a
la oposición de los internautas.
Emisiones C02
En diciembre de 2008 la cámara
aprobaba un plan para combatir
el calentamiento global, en
2020 se debe reducir un 20% la
emisión de CO2. Pero el Parlamento,
a cambio, deja abierta la
posibilidad de compra de derechos
de emisiones a terceros, y
se debate la vuelta a la energía
nuclear como freno al CO2.
También es este especial Parlamento Europeo:
15.000 lobbistas para cerca de 700 diputados
El Parlamento Europeo: sin sentido social ni democrático. Por XAVIER PEDROL