
Desde los años ‘90, enfermo, dedicó sus esfuerzos al trabajo teórico. En un momento de capitulaciones y desconcierto, su voz fue una referencia imprescindible. Acometió una inmensa tarea de renovación del pensamiento marxista, dejando una vasta obra de más de 30 libros escritos con un estilo inimitable y de gran calidad literaria.
Dedicó gran parte de su trabajo al estudio de Marx, ofreciendo una lectura innovadora y estimulante. Posiblemente su obra más significativa sea Marx l’intempestif (1995, publicado en castellano en 2003 por Herramienta), y su volumen complementario La Discordance des temps (1995). Marx el intempestivo muestra una interpretación de Marx que rompe con el determinismo y el cientifismo propios del marxismo dogmático organizada en “tres críticas”: de la razón histórica, de la razón económica y del positivismo científico. Empezando por la negación de lo que no es la obra de Marx, “una filosofía especulativa de la historia, una sociología empírica de las clases o una ciencia positiva de la economía”, nos la presenta como “una teoría crítica de la lucha social y de la transformación del mundo”.
Entre sus influencias intelectuales sobresale Walter Benjamin, a quien consagró el libro Walter Benjamin Sentinelle Mesianique (1990). Bajo su impronta, Bensaïd abraza una lectura no determinista de la historia, entendida como un camino de ramificaciones y bifurcaciones de resultado incierto. En su pensamiento, cobra relevancia la figura del ‘topo’, “metáfora de quien camina obstinadamente, de las resistencias subterráneas y de las irrupciones repentinas” y la “noción estratégica de crisis” en tanto que “un momento de decisión y de verdad, cuando la historia duda entre un punto de bifurcación” , según recogió en el texto Resistencias publicada por El Viejo Topo en el año 2006.
Apuesta por la revolución
Consecuentemente, la razón estratégica
y la preocupación para
repensar una estrategia revolucionaria
para el siglo XXI está en el
centro del pensamiento de Bensaïd.
En Le pari melancolique
(1997), en una interpretación marxista
de la “apuesta pascaliana”
define el compromiso político como
una “apuesta razonada sobre
el devenir histórico” basada “en el
actuar, no en la evidencia de la solución
asegurada, sino en la contingencia
irreductible de la hipótesis”.
La apuesta de Bensaïd es,
sin duda, una apuesta melancólica
por la revolución que “sin imagen
ni mayúscula permanece pues
necesaria en tanto que idea indeterminada
de este cambio (...). No
como modelo, esquema prefabricado,
sino como hipótesis estratégica
y horizonte regulador”.
¿Antiglobalizador?
Fiel a estas preocupaciones estratégicas
intervino activamente en los
debates en el seno del movimiento
antiglobalización, polemizando con
autores como Negri o Holloway, en
obras como Changer le monde
(2003, publicado en castellano por
Catarata). En una de sus últimos libros,
Éloge de la Politique Profane
(2009, publicado en castellano por
Península) analiza las transformaciones
de las categorías políticas de
la Modernidad, el “eclipse de la política”
y de la “razón estratégica” al filo
de la ofensiva neoliberal, y discute
las diversas “utopías contemporáneas”,
propias de los periodos posteriores
a las grandes derrotas, “donde lo
posible y lo necesario ya no tienen
puntos en contacto”.
Bensaïd solía definir la obra de
Marx como “una herencia sin propietarios,
ni manual de instrucciones.
Una herencia en busca de
autores”. Así debemos entender también
la obra que él nos ha legado.