A la hora de sentar las bases del dancehall, el primer error sería definirlo únicamente como un estilo musical; porque, como el jazz o el dub, el dancehall trasciende la categoría de estilo para abrazar la de concepto. Es una forma de entender la música –plasmada en diversas corrientes a lo largo de su historia– genuinamente jamaicana y exportada al resto del planeta. Su significado literal es el de “pista de baile”, ya que está ligado a la célula básica original del sonido jamaicano, el sound system.
Desde los ‘50, con la invasión de la música negra llegada a Jamaica desde los EE UU, ir al sound, al dance o al dancehall significaba gozar de las últimas novedades llegadas del continente y participar de la enconada competencia entre los diferentes sound systems que llenaban el aire nocturno con miles de vatios de potencia. Ahí nacieron las primeras formas de ska y rocksteady y fue el banco de pruebas de la naciente industria discográfica de la isla: se pinchaban canciones grabadas en acetatos exclusivos (dubplates) para contrastar la acogida que tenían entre el público antes de su edición discográfica. Y también fue el ámbito para el nacimiento del reggae y para que saltaran a la palestra un aluvión de DJ; porque en Jamaica ese término cobra el sentido original de “aquel que cabalga sobre el ritmo”, esto es, quien rima con ritmo, a menudo improvisando sobre las alegrías y penurias del gueto, un claro precedente del rap estadounidense.

La versión o reciclado de canciones y bases antiguas ya estaba implícita en el dancehall, como también lo estaba el dub, otro concepto definitivo para la música del planeta en los últimos 50 años. A finales de los ‘70 el concepto se concretó en estilo, a medida que el reggae, sin perder sus trazos básicos, se convertía en otra cosa, más centrada en el ritmo, más carnal... y dejando progresivamente los contenidos espirituales para volver a focalizarse en el baile. Con el nuevo dancehall, marcado especialmente por productores como Henry “Junjo” Lawes y bandas como Roots Radics –que practicaban un reggae de rítmica más densa y amenazante–, llegaban también los contenidos explícitamente sexuales como Bathroom Sex (1980), de General Echo, o de carácter violento, las llamadas gun lyrics, como Gunman (1981), de Michael Prophet o M16 (1982), de Lone Ranger, que reflejaban la creciente agresividad que se vivía en las calles de Kingston. Se dice incluso que el partido conservador Jamaican Labour Party, triunfante en las elecciones de 1980, movió los hilos para acabar con los contenidos revolucionarios del reggae.
La ganja empezaba a perder fuerza como inspiradora musical frente a la cocaína y el crack, y Bob Marley moría en 1981, cerrando así una etapa irrepetible. En 1985, el dancehall daría un paso más con la confección por parte del productor Prince Jammy del primer tema íntegramente digital, Under Me Sleng Teng, de Wayne Smith. Esto supuso el abaratamiento de los costes de producción y una nueva forma de hacer música en Jamaica, cada vez menos parecida al reggae setentero, para convertirse en su versión moderna, minimalista y compulsiva. Esta tendencia continuó con los años plasmándose en letras más oscuras hasta el resurgimiento comercial del reggae en los primeros ‘90. Desde entonces, éste sigue triunfando de puertas afuera pero la escena “interior” respira dancehall, y uno y otro han compartido formas y contenidos como dos caras inseparables de una misma moneda.