Periódico Diagonal

PERSECUCIÓN POLÍTICA | JUAN MANUEL CARRANZA, PENDIENTE DE UNA PETICIÓN DE EXTRADICIÓN DEL GOBIERNO PERUANO

“¿Cuándo van a dejar de perseguirlo a uno?”

Tras una vista oral, un tribunal de la Audiencia Nacional debe decidir sobre la petición de extradición del Gobierno peruano contra Juan Manuel Carranza, abogado peruano que huyó de la represión y ahora es mediador vecinal en Madrid.

Óscar Chaves / Redacción
Miércoles 10 de febrero de 2010.  Número 119
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MEDIADOR VECINAL. J. M. Carranza trabaja desde hace cuatro años en el barrio de Los Rosales (Madrid). Antes trabajó en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). / David Fernández

DIAGONAL: ¿Cuáles son los motivos por los que el Gobierno peruano reclama tu extradición?
JUAN MANUEL CARRANZA: El procurador contra el terrorismo en Perú el año pasado declaró que participé en la Asociación de Abogados Democráticos (AAD) y en la defensa legal de senderistas. Esa es la acusación política. En lo judicial, la acusación es de pertenencia, a través de un aparato de defensa y socorro popular, a Sendero Luminoso. Pero no hay pruebas, ni cargos, sólo las declaraciones de arrepentidos, gente que ha sido torturada y luego se ha retractado.

D.: Es decir, que te quieren juzgar por pertenecer a una asociación “ilícita”...
J.M.C.: No, no. La AAD se fundó en 1977, antes del inicio de la violencia política de los ochenta, y sigue vigente hasta ahora. Es una entidad completamente legal, aunque ahora tiene menos actividad. Ningún juez o tribunal ha demostrado que la asociación, como dice la policía, los servicios de inteligencia y los gobiernos de turno, sea un organismo de fachada de Sendero. Todo lo contrario. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha declarado que se ha producido una persecución en toda regla contra los abogados democráticos. A inicios de los noventa, cuando la violencia política era muy intensa, se perseguía, secuestraba y asesinaba a abogados de esta asociación.

D.: ¿De cuántas personas estamos hablando?
J.M.C.: Asesinados o desaparecidos están Manuel Febres en 1988, Wilfredo Terrones, en 1992, y José Vásquez Huayca, desaparecido desde 1986 y seguramente asesinado. Detuvieron a otros tres y como inculpados permanecían en 1992 la prisión de Cantogrande, de Lima, sin haber sido juzgados. Ese año, el comando paramilitar Colina ingresa en Cantogrande bajo pretexto de que los presos políticos se habían amotinado y hace una matanza selectiva de noventa de ellos, entre los que están estos tres abogados, Yovanka Pardavé, Tito Valle y Elvia Sanabria. Los integrantes de Colina están presos y ellos han confesado que recibieron un encargo del Gobierno para entrar y asesinar a la dirigencia senderista . En 1986 hubo un genocidio en los penales contra 300 presos políticos de Sendero. Como fue muy escandaloso, en 1992 sacan lección de eso y hacen asesinatos selectivos.

D.: ¿Había otros grupos que daban soporte legal a acusados de Sendero?
J.M.C.: Claro que sí. Lo que pasa es que la AAD tenía un cierto compromiso con la defensa de gente acusada de delitos de subversión que no tenía recursos para pagar, casos de evidente inocencia o de evidente abuso de autoridad en las persecuciones. Era gente de izquierdas, comprometida con el pueblo, como los Abogados de Atocha de aquí. En Perú, en los noventa, con Fujimori en el poder hubo una legislación fascista. Suspendieron el habeas corpus, la opción de amparo, se instauraron tribunales militares, jueces sin rostro,...

D.: ¿Jueces sin rostro?
J.M.C.: Sí, encapuchados. También los arrepentidos que acusaban llevaban capucha. Este tipo de cosas han sido condenadas a nivel internacional por entidades como Amnistía Internacional, comisiones de derechos humanos, la ONU,...

D.: En tu caso han aplicado una especie de “teoría del entorno”...
J.M.C.: Un general del ejército peruano Cisneros Vizquerra decía: “No importa cargarnos a diez, con tal de que uno de ellos sea senderista”. La teoría del entorno no puede ser más clarita.

D.: El origen de tu persecución podemos fijarlo en la detención de tu hermana...
J.M.C.: Mi hermana trabajaba como secretaria de una revista. La detienen y la acusan de formar parte del comité de redacción de El Nuevo Diario, un semanario que tenía simpatías con Sendero Luminoso. Después de dos años presa a mi hermana la absuelven. El jefe de los Grupos Especiales de Inteligencia contra la subversión la acusa de haber llevado una comisión de periodistas internacionales a una zona liberada por Sendero. El reportaje de estos periodistas le dolió mucho a Fujimori porque decía que había zonas que estaban controladas por Sendero. Entonces buscaron cabezas de turco. La acusación es totalmente falsa, pero se tiene creído que mi hermana y yo somos cuadros que hemos quedado libres y deberíamos estar presos.

D.: ¿Cuá era tu papel en la asociación?
J.M.C.: Estaba haciendo prácticas. Lo hice durante un año. Pero en octubre de 1992, cuando estaba esperando en la puerta del penal Santa Mónica a la abogada de mi hermana (que estaba presa, acusada de formar parte del comité de redacción de El Nuevo Diario, un semanario que tenía simpatías con Sendero Luminoso) me detienen. Me ponen una capucha, me suben en una furgoneta y me llevan a la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (DINCOTE). Se me acusa de haber estado en los alrededores del penal observándolo porque quería volarlo, con un coche bomba o algo así. En la DINCOTE me tienen 15 días, en los que me aplican las torturas habituales: la tina [bañera] donde te meten la cabeza en el agua pero por detrás, la colgada, donde te cuelgan y amarran los brazos que parece que se van a descolluntar,...Te dejaban dos días para que te recuperases. Yo no sabía nada. Les decía que quería ser abogado de derechos humanos y que hacía prácticas en una asociación que me parecía razonable. Prácticamente me mantuvieron incomunicado. De esos 15 días salí tocado y en el 96 ya tenía problemas en la columna vertebral. La legislación del Perú permite interrogar a un detenido durante 15 días antes de pasar ante un juez.

D.: ¿También a día de hoy?
J.M.C.: Sí, además es ampliable a 30 días.

D.: Tras esos 15 días te sueltan porque no tienen pruebas...
J.M.C.: Me sueltan pero no para dejarme en paz. La Corte Suprema del Perú demuestra en varias sentencias que entre 1991 y 92 el Grupo Colina, entre otras cosas, vigilaba a la AAD, y en concreto al abogado con el que yo practicaba, el presidente de la asociación. A veces creo que mi detención por parte de la policía me salvó la vida porque había varios organismos represivos detrás de la AAD, pero uno de ellos era letal, Colina. Colina, que eran militares, te buscaba no para llevarte con pruebas a la policía sino para secuestrarte, torturarte y matarte. Entraron en el despacho de un abogado, Jorge Vargas, y lo ametrallaron.

D.: Dices que te tu detención te salvó la vida, pero antes intentaron acabar contigo...
J.M.C.: En 1992 estaba en la esquina de mi casa y me dispararon dos o tres tiros desde un coche en marcha. El balazo pegó en la pared. No sé quién ha sido. Y en esa época, ¿cómo ibas a denunciar nada si estabas perseguido? La detención hizo que me desvinculara de la AAD. Me puse a trabajar como profesor en una academia. Pero después de medio año siento que retoman el seguimiento.

D.: Debido a este acoso te trasladas a una capital de la Amazonía y, como las cosas no mejoran en Lima, a Argentina, donde obtienes el estatus de refugiado político. ¿Por qué decides venirte a España?
J.M.C.: En Argentina vivía en Jujuy. En Buenos Aires detienen a una pareja de peruanos y les acusan de ser cuadros militares de Sendero. Fujimori había iniciado un proceso de extradición. A raíz de eso el Estado argentino empieza a vigilar a todos los refugiados peruanos. Después de la historia que habíamos vivido, decidí en 1998 que me marchaba, y como tenía familia aquí, venirme a España.

D.: España te concede la nacionalidad pero no el estatuto de refugiado. ¿Por qué?
J.M.C.: La denegación no es por causas de fondo. No niegan que sea un perseguido político sino que provenía de un tercer estado que me podía brindar la protección que le pedía al Estado español.

D.: Pero luego accede a la petición de extradición del Gobierno peruano.
J.M.C.: Es como una venia por parte del ejecutivo español para que pueda llegar al poder judicial.

D.: En este caso, a la Audiencia Nacional.
J.M.C.: Sí, si falla a favor de la extradición recurriremos en la propia Audiencia y luego en el Constitucional. El problema es que en cualquier momento pueden revocar mi libertad provisional. Cuando en abril de 2008 varios periódicos con mucha tirada de Perú publican que me habían detenido en Madrid sin oponer resistencia, se entera mi familia en Lima. Me llaman asustados, pero a mí no me había detenido nadie, era todo mentira. No sabía que había una petición de extradición. En julio decido tomar la iniciativa y personarme en la Audiencia Nacional, les comunico donde vivo, trabajo,...Les sorprendimos. Esto nos ha permitido llevar todo el procedimiento de extradición en libertad provisional.

D.: ¿Por qué el gobierno peruano insiste desde 2008 en reclamar tu extradición, a pesar de haber pasado tanto tiempo y con Sendero fuera de combate?
J.M.C.: Porque en 2008, en el inicio del segundo Gobierno de Alan García, se empiezan a investigar fosas comunes de campesinos asesinados en su primer gobierno. Eran fosas comunes de su gobierno, de sus fuerzas armadas, militares y paramilitares, resultado de su política antisubversiva. Entonces anuncian mi caso y otros procedimientos de extradición. Se inicia una campaña internacional con cuatro de nosotros. Era una cortina de humo para tapar lo que en ese momento estaba llamando mucho la atención, a sabiendas de que a los refugiados no se los puede extraditar.

D.: ¿Qué crees que puede pasar si te extraditan?
J.M.C.: Voy a compartir prisión con los del Grupo Colina que me seguían en su momento. Nos vamos a encontrar perseguidos y perseguidores. En los penales peruanos las condiciones son brutales. Te enfermas de tuberculosis, te dan una comida de campo de concentración, no existe atención médica, están superpoblados, hay violencia y corrupción, y si estás en un penal de máximo seguridad como al que iría yo no ves a tu familia, estás encerrado en una celda de dos metros por dos...Pero yo no debería ir allí, sino al contrario, el Estado peruano debería indemnizarme porque me ha jodido la carrera y la vida.

D.: Tanto CEAR como la Federación Regional de AA VV de Madrid, entidades para las que has trabajado, te han brindado su apoyo ¿Cómo ha recibido la demanda de extradición la asociación vecinal de Villaverde en la que trabajas de mediador?
J.M.C.: Están consternados, pero se han volcado, el apoyo es fuerte. También en el barrio, con otras asociaciones vecinales y otras organizaciones sociales como la Asociación Libre de Abogados.

D.: ¿Cómo lo vivís en la familia?
J.M.C.: Como tenemos dos niños pequeños eso nos distrae del tema. Mi compañera y yo hemos vivido cosas muy fuertes, así que esto lo llevamos medianamente bien. Pero la inestabilidad que genera, la sensación de esto no acaba nunca, es jodida. ¿Cuándo van a dejar de perseguirlo a uno?

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Portada número 174
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Boletín radiofónico Diagonal 150
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