
DIAGONAL: ¿Porqué crees que se actuó contra Egunkaria y sus directivos?
MARTXELO OTAMENDI: El diario, el único diario en euskera, Euskaldunon Egunkaria, se clausura bajo la acusación de ser financiado por ETA y de que sus directivos somos nombrados por ETA. Yo fui director del diario Egunkaria del año 1993 al 2003, cuando fue clausurado por orden de la Audiencia Nacional, y el juez Del Olmo. La razón real: si volvemos al año 2001, 2002 o 2003, es que la relación entre el Gobierno de Aznar y el Gobierno vasco era malísima. Es la época en la que se acusa a la Ertzaintza de no querer detener a comandos de ETA o grupos de la kale borroka. En algunas tertulias de radios españolas se insinuaba la posibilidad de que el Ejército español desarme a la Ertzaintza y de que sus cargos sean nombrados por el Gobierno español. El Gobierno del PP quiso dar un aviso a navegantes. Es un aviso para que el pueblo vasco realmente entienda, y crea, que estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para impedir el derecho de los vascos a decidir su futuro. Nos detienen, nos aplican esa parte del Código Penal que es antiterrorista, nos torturan y encima nos sacan a la calle para contar las torturas. Creo que nos utilizan a nosotros como botón de muestra de lo que están dispuestos a hacer.
D.: ¿Cuál fue la reacción desde Euskal Herria?
M.O.: Se hace una gran asamblea de trabajadores del diario y se deciden tres objetivos: agitación, propaganda y hacer un periódico ya. Todo el mundo se tiene que enterar de que han cerrado un diario y se empieza a preparar la manifestación del 22 de febrero en Donosti. Se colapsó la ciudad en la manifestación más grande que se ha visto, incluso por encima de manifestaciones en contra de ETA, porque hubo mucha gente que dijo: todo no es posible en la lucha contra ETA. Yo creo que el PP se da cuenta de que ha pisado demasiado el acelerador y lo levanta después del cierre, porque tenía programado hacer más operaciones contra grupos del entorno del euskera y decidieron pararlas porque no estaban saliendo como ellos esperaban.
D.: ¿Cómo es posible que se produzca una respuesta tan rápida dando lugar al nacimiento de otro diario?
M.O.: En marzo se organiza un gran acto de solidaridad con Egunkaria en el que dije que nuestro mejor programa informático no es de Microsoft, ni de Adobe, ni nada. Nuestro mejor programa informático es nuestra gente. No olvidemos que cerraron Egunkaria un miércoles por la noche y el jueves ya había otro periódico en euskera, o sea, los trabajadores tuvieron la capacidad de montar otro periódico porque dijeron: “La Audiencia no es nadie para decir si nosotros tenemos periódico o no”. Empezaron con uno de 16 páginas y con el tiempo llegaron a 32. Luego prepararon el nuevo diario Berria, que es el que dirijo ahora.
D.: Denunciaste torturas tras tu detención. ¿Qué pasos se deberían dar para acabar con esta práctica?
M.O.: Primero, no utilizar tortura como elemento de obtención de pruebas. No nos engañemos, el porcentaje más importante de la tortura no se hace por venganza. El 90% de los casos son para obtener información. Dicen los abogados que el 80% de los presos acusados de ser de ETA en cárceles españolas están con sentencias basadas en lo que contaron en comisaría tras cinco días de incomunicación.
Yo no digo que quien cometa delitos no vaya a la cárcel, sino que quien vaya a la cárcel, lo haga con una sentencia basada en investigaciones, no en auto acusaciones obtenidas en comisaría. Esto es, una renuncia moral a llevar a la cárcel a la gente con torturas. Segundo, una renovación democrática de los cuerpos policiales. Los que me torturaron a mí eran jóvenes. No eran restos del Franquismo. Y tercero, existe en España el derecho a no declarar. ¿Existe? Que se cumpla. Cuando me detienen, el secretario judicial dice que tengo derecho a no declarar, que se haga efectivo. ¡Si el juez cierra un diario, alguna prueba tendrá para decir que Otamendi es miembro de ETA!
Torturas para obtener información protegida
MARTXELO OTAMENDI:
Cinco de los diez detenidos
en el caso Egunkaria
denunciaron torturas. Estuve
tres días de pie, sin
poder tumbarme durante
los tres días, y cada cuatro
o cinco horas me tenían 20
minutos sentado. Me dejaban
sentarme en la cama
de la celda pero nunca
tumbarme y siempre tenía
que estar despierto. Fui sometido
a insultos e interminables
ejercicios físicos,
vestido y desnudo, hasta
que caía rendido al suelo y
fui objeto de vejaciones
homofóbicas. Me colocaron
en una postura sexual
concreta, me tuvieron así
30 segundos y me dijeron:
“Nos han dicho tus amigos
que ésta es la postura que
más te gusta”. Lo que
intentan es presionarte y
temes que puedan haber
involucrado a tus amigos
en el proceso. Tu eres inocente,
pero quieres que no
haya más inocentes que
pasen esto. Fui sometido
dos veces a la práctica de
la bolsa: un plástico rígido
pero muy maleable, parecido
a una máscara. Cuando
tienes la bolsa empiezas a
gritar porque la sensación
de ahogo es inmediata.
Hace gracia que ahora en
EE UU, se esté debatiendo
sobre si el simulacro de
ahogamiento es una práctica
lícita, que practicaron
en Abu Ghraib. Nos lo
hicieron a nosotros.
Cuando me interroga la
Guardia Civil, las preguntas
que me hace no son
sobre la famosa financiación
de ETA, me preguntan
sobre las entrevistas con
ETA, un elemento que el
juez no estaba trabajando.
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