
La nave industrial, que sirvió durante al menos tres años como sala de conciertos y punto de encuentro para nazis, cerró sus puertas el pasado diciembre. Estaba situada a pocos kilómetros de Zaragoza, en la población de Cuarte de Huerva.
Según fuentes de Cuarte, allí se reunían regularmente entre 100 y 200 fascistas venidos de otras provincias. El pasado 17 de noviembre celebraron su último concierto. Cristóbal López, el dueño del local, había comunicado por burofax a los inquilinos que les rescindía el contrato de alquiler, aunque carecía de orden judicial para el desalojo y el Gobierno y la Guardia Civil no actuaron hasta tiempo después.
“Los fines de semana en que venían los nazis”, declara a DIAGONAL el concejal de Chunta Aragonesista del municipio, “se armaba bulla a 200 metros del Ayuntamiento. La gente que iba a coger el autobús evitaba pasar por ahí cerca”. Cuarte está situada en una carretera de entrada a Zaragoza, rodeada por varios polígonos industriales: es una población muy diseminada que permite esconderse fácilmente. Era un lugar privilegiado para concentraciones de nazis de Barcelona, Valencia, y Madrid.
Aunque pueda parecer incomprensible que durante tres años grupos nazis hayan tenido un local ilegal para sus conciertos –según el dueño, alquiló la nave para almacenar instrumentos musicales– justo en el centro del pueblo, la negligencia de las autoridades lo permitieron. “Javier Fernández, el delegado del Gobierno –declara a DIAGONAL un vecino– es el máximo responsable, por lo que parece, estaba encantado de habérselos quitado de Madre Sacramento”.
Madre Sacramento es la calle de Zaragoza donde se encontraba el antiguo local de grupos nazis como Blood and Honour y 18 Noviembre. Pese a las denuncias de diversos colectivos, de asociaciones de vecinos y de algunos partidos políticos, ni la delegación ni la Guardia Civil –que instalaba controles en la salida de Cuarte cuando había conciertos– iniciaron trámite alguno para clausurar el local hasta el mes de diciembre pasado, cuando contactaron con el propietario. Éste ya había avisado de la rescisión del alquiler. Según fuentes de Cuarte, el propietario se deshizo de sus inquilinos debido a la presión de algunos vecinos y a los intereses inmobiliarios.
Siempre según estas fuentes, personas del entorno del alcalde, Jesús Pérez del Partido Aragonés, comenzaron a plantear al propietario que no se podía seguir haciendo la vista gorda. La intranquilidad que generaban las concentraciones de nazis perjudicaban los intereses de las empresas constructoras. Las recalificaciones urbanísticas han hecho crecer la población de Cuarte de los 1.200 habitantes en 2003 hasta los actuales 7.000 residentes. Está previsto que la nave-sala de conciertos, junto a otras contiguas, sea derribada próximamente.
A comienzos de los ‘90, en Cuarte, un mayorista de pescado admirador de Manuel Fraga dio cobertura a grupos fascistas en su local, el Cosamar. A finales de esa década, los nazis se reunían en un local de las afueras de Cuarte. En la vecina localidad de Cadrete, en 2005, gracias a un reportero de la televisión valenciana Canal Nou, fueron desmantelados los almacenes Redondo, que vendían armas y parafernalia nazi.
Pese al cierre del local y a la creación de un departamento de policía llamado ‘Tribus Urbanas’, las agresiones fascistas continúan en Zaragoza. El 12 de enero, un joven de origen hondureño fue atacado con arma blanca en el bar Pepe Leches. La víctima no ha presentado denuncia. Según el diario El Heraldo de Aragón, el 25 de enero, de madrugada, cuatro nazis agredían a una persona en la calle Santa Isabel.
Por otro lado, el juicio por la agresión el 26 de marzo de 2006 a un joven zaragozano –tras ser apaleado fue golpeado con una tapa de alcantarilla, por lo que tuvo que ser ingresado en cuidados intensivos–, está previsto que se celebre el 11 de marzo. Los nazis Juan Antonio Ibernan Robles, Gema Benjamino Palomar Bueno y José Alberti Burriel Ramos, comparecerán acusados de intento de asesinato, maltrato e injurias. Desde hace dos años, se encuentran en prisión preventiva en la macrocárcel de Zuera. Dos menores que iban con ellos ya fueron juzgados y condenados a seis años de cárcel, y hoy están internados en el centro penitencial de menores. Sin embargo, uno de sus abogados ha recurrido la condena.