Como no quiero ni debo darte por muerto, así Chicho te canto y recuerdo:
benditas otras, que a veces
al paso quisieron, o sin querer,
aliviar con una sonrisa
los hierros de la pasión de la fe
y que siguen aún, lo que dure,
jugando a dejar libre y suelto el amor
sin miedo al ceño del Amo,
que está ya mandando hacerlo volver
a la santa pareja y al orden,
y, en tanto que entre el ajetreo y el vaivén
se sigue aún fabricando
versos o panfletos, razón o canción,
bendito entre tantas el Chicho
que se avino en el trance a cantar por mí
y poner mis delirios en solfa,
¡ah, si te pudiera hacer revivir,
querube cetrino, con el repetir
tus tonadas con esta mi ronca voz
y que, al ser cada vez menos tuyas,
más de veras vivieras en ellas tú
con tu maliciosa inocencia!