Militantes de la red transnacional No Borders y SôS Soutien aux Sans Papiers anunciaban el 5 de febrero la apertura de un [nuevo centro en Caláis, el Kronstadt, un hangar hasta ahora desocupado en las inmediaciones del puerto. Consiste en un espacio autogestionado por y para activistas, voluntarios y sin papeles en tránsito en la ciudad. Además de información y asistencia básica, como mantas, duchas, ropa limpia, el hangar pretendía ofrecer un espacio seguro donde realizar actividades y compartir opiniones y experiencias Al cierre de esta edición, el espacio había sido desalojado y vuelto a habitar en dos ocasiones, y permanecía acordonado por la policía. El grupo promotor del hangar esperaba una sentencia judicial que levante la orden municipal que mantiene precintada la nave.
El centro abría sus puertas el mediodía del sábado 5->], bajo la vigilancia permanente de varias unidades del CRS [antidisturbios franceses]. Advertían que los inmigrantes que intentasen acceder al centro serían detenidos. Alrededor de 100 personas de distintas nacionalidades llegaron a la zona cuando comenzó la distribución diaria de comida. La policía intentó impedir la entrada, pero activistas y sin papeles se enfrentaron a la línea policial al grito de “Freedom, No Borders, No Nations”, y consiguieron finalmente entrar en el hangar.
Pronto llegaron más refuerzos del CRS así como el subprefecto [representante del Gobierno en la región], que ordenó la salida de todos los inmigrantes. Éstos se negaron. Aunque parecía inminente no hubo redada inmediata y el bloqueo continuó durante la noche. Dentro del espacio se facilitaron bebidas calientes, mantas, sacos de dormir, colchones y un lugar seguro, aunque frío, donde pasar la noche.
En la mañana del domingo los sin papeles fueron abandonando el centro para acudir al reparto de comida. El lugar se iba vaciando al tiempo que más unidades del CRS llegaban y rodeaban el edificio. Todos los sin papeles restantes abandonaron voluntariamente y fue entonces cuando los antidisturbios irrumpieron en el edificio por la fuerza y arrestaron a todos los activistas y voluntarios, que fueron puestos en libertad horas después.
Las imágenes del Kronstadt después de la redada eran desoladoras: todo el material fue destruido, los cristales rotos. También se han denunciado agresiones. La situación legal es también delicada. No borders se escuda en que el Kronstadt es una propiedad privada alquilada legalmente, pero la ley francesa de “delit de solidarite”, delito de solidaridad, vigente para la persecución de “traficantes” de inmigrantes, considera delito cualquier tipo de asistencia humanitaria a los sin papeles. Sin ir más lejos el pasado marzo una mujer fue arrestada e interrogada por permitirles cargar teléfonos móviles en su domicilio.
Políticas racistas
Pero la campaña de solidaridad continúa.
Desde la destrucción de ‘las
junglas’ [campamentos] el pasado
septiembre, toda la ayuda es poca.
La alcaldesa de Caláis, Natacha Bouchart,
está utilizando todos los recursos
a su alcance para impedir que la
ayuda llegue a los sin papeles.
Los acuerdos de colaboración que Sarkozy y Brown alcanzaron durante el G-8 el pasado julio, han tenido impacto directo en el comportamiento del CRS y la policía fronteriza francesa. El acoso policial podría tener como objetivo crear una situación tan insoportable que los sin papeles se vean obligados a aceptar una deportación voluntaria. El lema racista y ultraderechista de convertir Caláis en una ciudad libre de inmigrantes ha sometido la localidad a un Estado policial. Furgonetas del CRS patrullan la ciudad día y noche destruyendo cualquier tipo de asentamiento. Los sin techo están pasando el invierno con lluvia y con nieve bajo puentes, y siendo constantemente acosados. En la mayor parte de los casos sus posesiones son destruidas, sus mantas gaseadas y ellos detenidos por periodos de 24 horas para luego ser puestos en libertad a varios kilómetros de la ciudad.
Entre los sin papeles se cuentan también niños, muchos por su cuenta, ya que en algún momento han tenido que separarse de los adultos que los acompañaban. La labor de los activistas está consistiendo en gran medida en actuar como observadores legales, tratando de impedir el abuso y la brutalidad policial. A veces funciona, a veces no.
Por otro lado, la colaboración entre ONG y No Borders mejora cada día. Gran parte de los calesienes han mostrado su solidaridad y apoyo y convoys de ayuda humanitaria llegan desde el Reino Unido. También los sin papeles tratan de recuperar su dignidad y en algunos casos responden “no borders” a todas las preguntas cuando son interrogados.