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SEVILLA / EL DESALOJO DEL CENTRO SOCIAL OKUPADO GENERA UNA OLEADA DE SOLIDARIDAD EN SEVILLA

Centro Social Casas Viejas:crónica de una resistencia

Chaska Mori, Sevilla
Jueves 13 de diciembre de 2007. Número 67
La resistencia de dos miembros del centro social, que consiguieron permanecer 37 horas encadenados en el interior de un zulo de cuatro metros de profundidad, catapulta el conflicto a la actualidad mediática.
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APOYO A CASAS VIEJAS. El pasado 30 de noviembre cientos de personas se manifestaron en Sevilla para protestar por el desalojo del centro social. /Altramuz

“Si estáis viendo este vídeo es porque ha comenzado el desalojo de Casas Viejas. Ante este desalojo, nosotros vamos a resistir”. A las 7 de la mañana del 29 de noviembre, la policía irrumpe en el Centro Social Casas Viejas de Sevilla para desalojarlo y se encuentra con un túnel de cuatro metros de profundidad, donde dos miembros del colectivo han encadenado sus brazos y cerrado los candados dentro de un encofrado de hormigón. Con la difusión del vídeo, empieza un despliegue de unidades móviles de televisión y de periodistas que se instalan en las zonas aledañas y cubren la noticia las 24 horas.

Tres días después, estamos en casa de una de las integrantes del colectivo. Me siento, alrededor de un té, con varios miembros de Casas Viejas a recordar lo acontecido.

“Cuando emprendimos esta lucha”, cuenta José García, portavoz del colectivo, “sabíamos que los medios de comunicación no son nunca un aliado de los movimientos sociales, pero era inevitable, los necesitábamos para llegar a la opinión pública”.

Desde otra perspectiva, hablan del túnel Iban y Agustín Toranzo, quienes permanecieron allí encadenados, Pedro, miembro del colectivo, y Bea, mediadora durante la crisis.

IBAN: Optamos por el túnel porque es el método más efectivo, porque desde un principio teníamos claro que íbamos a resistir, que no se iba a negociar con la administración.

PEDRO: El tema de resistir de otra manera, tirando piedras, gasolina o lo que fuera, lo veíamos muy arriesgado. Ante la posibilidad de que gente salga con cuatro o cinco años de prisión, vimos que el túnel era lo mejor.

AGUSTÍN: También está el tema de la línea no violenta, ya no como método más efectivo, sino como filosofía, porque es en lo que creo yo.

BEA: Y la cuestión de la imaginación. Esto ha dejado a todo el mundo muy sorprendido.

AGUSTÍN: El túnel es una idea tomada del movimiento contra las autopistas de Reino Unido de los años ‘80. Contactamos con esta gente, conseguimos información y nos pusimos a trabajar.

Desde el primer día del desalojo, el movimiento por las calles del centro histórico de Sevilla es incesante. Por un lado, la manzana de la nave de Casas Viejas está acordonada por una barrera de furgonetas y decenas de policías. Por otro, se pone en marcha la estrategia de resistencia colectiva al desalojo. Se va sumando gente y empiezan las manifestaciones. Cientos de personas con cacerolas, pitos y pancartas se lanzan a las calles desafiando la barrera policial. La policía está nerviosa y apalea a los manifestantes. Pero la prensa está allí y al día siguiente la foto de portada de varios periódicos es la de un policía apaleando a una mujer en el suelo.

Del otro lado del cordón policial, batallando con las instituciones y la policía, Emma, Luis y Enrique, los abogados de Casas Viejas, Bea y Pablo, mediadores del colectivo y Diego Cañamero, secretario general del Sindicato de Obreros del Campo, a quien se llama como mediador externo. “Al principio, a Diego no lo dejan atravesar la barrera policial -afirma Emma-, y es que no les interesaba que hubiera un mediador político porque no querían que fuera una historia política, querían mantenerla como algo marginal, de cuatro colgados que están allí. El primer día, los policías estaban absolutamente perdidos”. Dentro del túnel, los encadenados se comunican con los mediadores, a través de una cámara oculta y un móvil. Pronto, la prensa sabe que les han quitado el agua y la comida y, aunque la policía lo niega, TVE1 lo anuncia en el telediario.

Cañamero consigue que lo dejen entrar al túnel. Este hombre alto y delgado, de unos 50 años, gatea por el agujero hasta llegar a donde están Agustín e Iban para conversar con ellos. Mientras tanto, en las calles del centro de Sevilla, las manifestaciones y cortes de tráfico continúan. Un grupo de 20 personas okupa el Centro Cívico Las Sirenas en un encierro temporal de solidaridad con los encadenados.

La policía y los bomberos están en una encrucijada. Hablan de construir un túnel paralelo pero, además del riesgo de derrumbe, tardarían tres días, demasiado tiempo y demasiada prensa. No quieren hacer de los okupas unos héroes pero tampoco pueden permitirse que les ocurra algo con toda la prensa presente. Para el colectivo, por un breve instante, se vislumbra el fulgor de lo imposible, parar el desalojo. Pero, abajo, en el túnel, bomberos y policías, han empezado ya la presión psicólogica y física hacia los encadenados para que se suelten.

BEA: Les habíamos dicho que los de abajo no podían salir por sus propios medios, no tenían las llaves de los candados, pero que técnicos del colectivo podían sacarlos porque conocían perfectamente las condiciones del túnel. La negociación era: “Vosotros paráis el desalojo y nosotros solucionamos la historia”.

EMMA: Si en un inicio los policías estaban perdidos, luego tienen muy clara su estrategia.

BEA: Pero en todo ese tiempo, en ningún momento idean una táctica técnica para quitar a esa gente de allí. En vez de coger un pico y una pala, eligen hacerles daño. Atan a uno de la cintura y al otro de la muñeca y, a través de una polea, varios policías tiran de ellos desde fuera del túnel. 30 horas más tarde, vienen dos hombres de monos blancos y les atan la mano que está fuera del tubo con precinto para cortarles la circulación y como Agustín decide no soltarse le atan la mano libre a los tobillos arqueando su cuerpo.

AGUSTÍN: Cuando estaban torturándonos, Iban no aguanta más el dolor y se desengancha. Yo consigo aguantar un poquito más pero cuando llega un bombero y me dice: “la Bea dice que salgas ya”, saco el mosquetón y me voy. Me voy porque el grupo me está diciendo que me vaya y mi cuerpo no me da más para decir “¿será verdad?”.

Sin falta, ante la presencia de medios de comunicación, harán su aparición los oportunistas de la política sin que nadie los haya invitado.

La ambulancia que se aleja es la última imagen que registran cámaras y periodistas de las 36 horas de resistencia bajo tierra y en las calles. Unas horas después, de madrugada, soltarán a Agustín e Iban con cargos por desobediencia grave y desorden público.

“Llegó un momento en que para mí, dice José, se había ganado la batalla de la opinión pública”. Luego, los medios de comunicación se resituarán, en Sevilla en todo caso, sacando el único as que tienen los grupos de poder para criminalizar a los movimientos sociales, el de tener vínculos con banda armada.

“Bueno, hay que irse ya”, dice Iban. “Tenemos a dos compañeros arriba de un puente y no podemos dejarlos solos”. En el puente del V Centenario, en lo alto de su estructura, a 120 metros de altura, se ven dos pequeñas siluetas. Han desplegado una inmensa pancarta que dice: “¡Casas Viejas resiste!”. Esto no ha hecho más que empezar a pesar de que el Guadalquivir fluye como si no pasara nada.

Nuestras mentiras y las suyas

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