
Berlusconi vuelve al poder. Pero algo ha cambiado en el país que lo votó mayoritariamente. Los últimos dos meses y medio después de la caída de Romano Prodi han alterado el panorama político. Italia es famosa por su ingobernabilidad y por el exorbitante numero de partidos: pero en el nuevo Parlamento hay sólo seis grupos políticos. En la pasada legislatura, había 26. La campaña electoral, con el llamamiento al “voto útil”, benefició a los partidos mayoritarios, contribuyendo a la exclusión de las formaciones menores, como los comunistas y los ecologistas. En el Parlamento italiano, además de un pequeño partido centrista, quedan por un lado el nuevo Partido Democrático de Walter Veltroni, que aspira a un compromiso entre las instancias socialdemocráticas y católicas, y por el otro el Pueblo de la Libertad, nueva formación de Silvio Berlusconi.
Berlusconi va a gobernar junto con los posfascistas de Alianza Nacional y con la Liga Norte, la formación xenófoba de Umberto Bossi. La Liga, centrada en los intereses del norte rico del país, ha crecido hasta el 8% a nivel nacional (muchísimo para un partido que se presenta sólo en unas pocas regiones) y va a condicionar la agenda política del futuro Gobierno. Los temas prioritarios para el nuevo ejecutivo: mano dura contra los migrantes (expulsiones masivas, desalojos de chabolas gitanas, moratorias a la construcción de mezquitas) y más dinero público para su feudo electoral.
Años duros
Berlusconi tendrá que arreglar sus cuestiones personales y mientras tanto complacer a sus aliados más extremistas. La Liga Norte es la única formación que puede poner en riesgo la estabilidad del Gobierno. Los analistas políticos señalan que, bajo su influencia, el ejecutivo endurecerá su política frente a la inmigración. El partido de Bossi pide el cierre de las fronteras, un aumento de los centros de detención para migrantes sin papeles y más poder de los alcaldes para expulsar extranjeros. Otra petición son más ventajas fiscales para las regiones del norte, las más ricas del país y feudo electoral de la Liga. Sobre las cuestiones económicas, Berlusconi asegura para el futuro “años duros”. Il Cavaliere promete sacar a Italia de la difícil situación en la que se encuentra: el poder adquisitivo de los italianos con su salario está entre los más bajos de Europa y el crecimiento económico está estancado alrededor de cero. Pero las medidas van a estar en línea con los deseos de las instituciones financieras internacionales y de los empresarios. El ex líder de la patronal, y actual presidente de Fiat, Luca di Montezemolo, unos días después de las elecciones, ha inaugurado la nueva temporada política con un duro ataque a los sindicatos. Ya en su pasado Gobierno, Berlusconi había intentado precarizar aún más el mercado laboral: esta vez lo va a intentar de nuevo, bajo el eslogan de que para subir los salarios hay que aumentar la productividad.
TAV y centrales nucleares
Otro reto del nuevo Gobierno es la cuestión energética: Berlusconi no piensa desarrollar las energías renovables sino que quiere volver a construir centrales nucleares, prohibidas después del referéndum de 1987. Un punto fuerte del programa político va a ser la construcción de infraestructuras, a partir de las líneas de alta velocidad ferroviaria contra las que protestan las comunidades de la Val di Susa, en Piamonte. Pero el proyecto más importante es sin duda el puente sobre el estrecho de Messina (entre Calabria y Sicilia): una obra de ocho billones de euros, en un territorio con un fuerte riesgo sísmico y donde las actividades económicas están en manos del crimen organizado. Un gran negocio para la mafia.
El veterano de la derecha europea
Silvio Berlusconi ha llegado otra
vez para fortalecer la oleada
conservadora en Europa. Con
sus 15 años en altos cargos (su
primer Gobierno fue en 1994)
es, como afirmó con orgullo, el
“veterano” de los derechistas
europeos. Se supone que va a
tener buenos aliados en Angela
Merkel y Sarkozy, pero Il Cavaliere
no es muy querido entre
todos los conservadores del
continente. El semanario liberal
inglés The Economist acogió su
vuelta al poder con una portada
bajo el título “Mamma mia”,
seguido por un “Aquí estamos
otra vez”. La razón de tanta desconfianza
en Europa es que Berlusconi
es la expresión de una
derecha populista un tanto particular,
como confirman sus
aliados: los posfascistas de
Alianza Nacional y la xenófoba
Liga Norte. La Liga Norte de
Umberto Bossi, en particular, se
inserta en la ola xenófoba que
atraviesa el continente. El partido
de Bossi, centrado en la
defensa del rico norte del país,
tiene los rasgos de xenofobia,
racismo, y rechazo de la integración
europea que presentan
muchas formaciones políticas
del continente (Sarkozy y Le Pen
en Francia, Haider en Austria,
los movimientos de extrema
derecha en alza en Alemania y
los partidos xenófobos de Europa
del Este, como el de los
gemelos Kaczynski en Polonia).
Un pasado de trapos sucios
Berlusconi, antes que pensar
en los problemas del país, tiene
que solucionar los suyos. De
hecho, está todavía bajo juicio
por corrupción y fraude fiscal.
Empezará entonces como hizo
en su pasado Gobierno: preocupándose
durante cinco años en
resolver sus asuntos y los de
sus colegas. Las actas parlamentarias
de la legislatura entre
2001 y 2006 están repletas de
leyes que se han definido “ad
personam” (o sea, hechas para
intereses personales). Con una
mayoría sometida a su voluntad
Berlusconi hizo normas que
despenalizaban delitos por los
que estaba bajo juicio (como
falsificar balances) y que acortaban
los términos de prescripción
(para no ser condenado).
Hizo aprobar un indulto que,
bajo la motivación de aliviar la
dramática situación de las cárceles
italianas, evitó a muchos
de sus colegas entrar en prisión.
Aprobó además condonaciones
que perdonaban a quien
no había pagado impuestos.
Un capítulo aparte merecen las
leyes sobre la televisión. Il
Cavaliere retrasó el plazo, fijado
por la Corte Constitucional, en
que una de sus tres cadenas
nacionales, Rete 4, tenía que
despejar las frecuencias y emitir
desde satélite. Las frecuencias
pertenecen a otra emisora,
Europa 7, que en 1999 ganó
una licitación pública. La cadena
de Berlusconi sigue ocupando
de manera abusiva las frecuencias,
dejando sin ejecución
las sentencias del máximo tribunal
italiano. El pasado 31 de
enero, la Corte de Justicia Europea
dijo que “el sistema italiano
de repartición de frecuencias
es contrario al derecho comunitario”.
Pero todas estas cosas,
después de su tercera victoria
electoral, parecen no importar
demasiado a Berlusconi.