La investigación de la división de diabetes
de Bayer, Diabetes Care, comenzó
en el año 2003 y estudiaba si
la farmacéutica presuntamente había
pagado sobornos a distribuidores
para que éstos empleasen sus
productos, según informaba a finales
de noviembre la agencia Europa
Press. La compra del ‘silencio’ por
parte de las empresas farmacéuticas
cuando puede producirse un escándalo
no debe extrañar a nadie; es una
práctica, aunque carente de ética,
habitual. La ocultación de datos y documentos
es una actividad no ajena
a Bayer, una multinacional que creció
al amparo del régimen nazi de
Adolf Hitler durante el siglo pasado
y que nunca ha indemnizado a las
personas que utilizó como mano de
obra esclava en los campos de concentración.
No es la primera vez que Bayer paga
para comprar silencio. Ya ocurrió
con su fármaco anticolesterol Lipobay.
Desde agosto de 2001, cuando
la casa alemana retiró el producto
tras conocer los primeros fallecimientos
que provocó, no ha sido posible
saber cuántas personas han
muerto a consecuencia de su ingesta.
En enero de 2002, la Asociación
el Defensor del Paciente (ADEPA)
calculaba que eran 19 el número de
fallecidos sólo en el Estado español,
muertas por colapso renal como consecuencia
de la destrucción de tejido
muscular o rabdomiólisis. En la denuncia
que posteriormente puso un
grupo de abogados de diferentes lugares
de la geografía española, en
representación de las víctimas del
fármaco Lipobay, la cifra de afectados
era de unas 60 personas.
Ocultar información
El Juzgado de Instrucción número
16 de Madrid instruyó las diligencias
previas contra el Ministerio de Sanidad
por permitir, a través de la
Agencia Española de Medicamentos
y Productos Sanitarios (AEMPS),
que se comercializase Lipobay “sin
haberse realizado los debidos ensayos
clínicos. Las pruebas se concibieron
en Inglaterra pero no se utilizaron
las personas necesarias para
comprobar su eficacia y seguridad, y
con el tiempo se demostró que los
verdaderos estudios se hicieron sobre
la marcha, con la venta del producto
en las farmacias”, explicó en
su momento Antonio Navarro, abogado
que coordinó la demanda multitudinaria
contra la Administración
sanitaria española. La Audiencia
Provincial madrileña archivó el caso
al considerar que no existía delito de
imprudencia.
En España no hemos podido conocer si Bayer sabía de antemano los gravísimos efectos de su producto antes de comercializarlo. Ni si la AEMPS permitió su venta con dichos datos en la mano. Los responsables de la Agencia no entregaron la documentación sobre los ensayos epidemiológicos que Bayer tuvo que realizar para que su medicamento cumpliera con los controles de dicha institución, encargada de velar por la salud pública. La AEMPS obvió las preguntas de la oposición en el Parlamento y los requerimientos de los tribunales. Actuó así, como en tantas ocasiones, como garante de los intereses de las farmacéuticas.
En Alemania sin embargo, el Ejecutivo teutón acusó a Bayer de ocultar los riesgos del fármaco: el secretario de Estado de Sanidad, Theo Schroeder, afirmó que “la empresa ya sabía el 15 de junio [de 2001] que el medicamento contra el colesterol era ‘especialmente peligroso’, pero no lo avisó hasta el 10 de agosto, dos días después de retirar el producto del mercado [vinculado a 52 muertes en aquel país]”. Tras la muerte de un número incalculable de pacientes relacionados con Lipobay, Bayer ha intentado frenar los cientos de demandas que le esperaban con acuerdos ‘amistosos’ más baratos que enfrentar las multas o las demandas de los abogados de los afectados.
Precedentes
Pero ha habido otros casos similares.
El laboratorio Baxter dio
24.040.400 euros a cambio de que
1.350 familias de hemofílicos fallecidos
en España por la contaminación
de su sangre con VIH/sida
y hepatitis, el 96% del total, firmaran
un acuerdo de compensación
para evitar la demanda caso por
caso, mucho más costosa para la
compañía. Laboratorios y autoridades
sanitarias españolas conocían
la contaminación del plasma
sanguíneo y aún así permitieron
su aplicación.
Merck, fabricante del medicamento Vioxx para la artrosis, pagó, por su parte, 3.300 millones de euros a los 26.000 demandantes que sufrieron daños certificados tras consumir su medicamento en EE UU. Merck había ocultado a las autoridades sanitarias estadounidenses que Vioxx podía causar infartos cerebrales y de corazón.
Y para cerrar con otro de los casos del largo historial de Bayer, hay que recordar las denuncias de Alfredo Pequito, ex delegado de Información de Bayer en Portugal, que condujeron a la Inspección General de Salud de dicho país a investigar la supuesta corrupción de médicos portugueses al recetar fármacos a cambio de viajes a congresos. El resultado: la condena de cuatro médicos, el proceso de otros 23 y la apertura de expedientes a 83 más.
ATROPELLOS FARMACÉUTICOS
Lipobay
Este fármaco anticolesterol de Bayer fue
retirado en 2001. Con la demanda de 60
afectados, se reconocen, al menos, 19
fallecimientos sólo en España por colapso
renal a causa de su consumo.
Bayer en Portugal
La Inspección General de Salud en
Portugal investigó a Bayer por la supuesta
corrupción de médicos portugueses al
recetar fármacos a cambio de viajes a
congresos. El resultado: cuatro médicos
condenados, 23 procesados y otros 83
doctores a los que se abrió expediente.
Contagio de sangre
El laboratorio Baxter pagó 24.040.400
euros a cambio de que 1.350 familias de
hemofílicos fallecidos en España por la
contaminación de su sangre con VIH/sida
y hepatitis firmaran un acuerdo para evitar
las demandas caso por caso.
Merck y Vioxx
Merck, fabricante del medicamento Vioxx
para la artrosis, pagó 3.300 millones de
euros a los 26.000 demandantes que
sufrieron daños certificados tras consumir
su medicamento en EE UU.