
La UE consagra el principio de precaución ante posibles peligros para la salud “en caso de que los datos científicos no permitan una determinación completa del riesgo”. Sin embargo, pese a que hasta ahora no hay informes concluyentes sobre las antenas, la Administración local de quien depende en última instancia esta cuestión tiene un posicionamiento diferente.
Así, la Federación de Municipios y Provincias ha constituido un gabinete “para responder en el ámbito local a la alarma social, tanto desde el punto de vista de la ciencia como desde la comunicación” respecto a las antenas. Además, insta a que en las ciudades, allí donde no llegue la cobertura, se instalen pequeñas antenas a pie de calle (picoantenas) “simulando elementos ornamentales”. Paradójicamente, estas recomendaciones se incluyen en su Código de Buenas Prácticas.
“Las empresas cada vez requieren más antenas para ofrecer servicios como la televisión por el móvil”, advierte Yolanda Barbazán, de la Plataforma Estatal contra la Contaminación Electromagnética. En su ciudad, Madrid, “han puesto las antenas donde les ha parecido y el Ayuntamiento no ha intervenido para nada”.
Camuflaje y nocturnidad
En todo el Estado español, cientos
de asociaciones piden que se racionalice
la instalación de antenas y
proponen que se prohíba su colocación
en los tejados de las viviendas
(como en Israel o la localidad
vasca de Portugalete). En Toledo
se acaba de acordar el traslado de
un repetidor a la Academia Militar,
pero son numerosos los casos que
acaban en los juzgados con sentencias
variadas.
Algunos vecinos han llegado a denunciar que operarios sin distintivos y de noche han puesto picoantenas en fachadas de comercios. Otras empresas ofrecen camuflajes en forma de chimeneas o árboles. El colectivo vallisoletano Avaate denuncia además que muchas picoantenas son clandestinas y piden más controles. Sin embargo, en el año 2007 el Ministerio de Industria sólo realizó mediciones en 149 “emplazamientos sensibles” de todo el Estado. El problema es que pocos parecen estar dispuestos a renunciar al móvil o el wifi y si se reducen las antenas, las que quedaran deberían emitir con más potencia.
Frente a esto, los operadores tienen una estrategia clara basada en los maletines: ya están ofreciendo 18.000 euros anuales a las comunidades de vecinos por poner una antena. “Una miseria en comparación con los beneficios que dan”, apunta Barbazán. Así debe ser, porque Telefónica, Vodafone y Orange figuran entre las diez empresas que más gastan en publicidad, y en 2008 las dos primeras fueron las únicas que aumentaron su inversión a pesar de la crisis, según los datos del sector recién publicados por Infoadex.
Puede ser la explicación para que en 2002 TVE se negara a emitir un documental encargado por Documentos TV en el que el consejero delegado de Telefónica Móviles, Javier Aguilera, se fue de la lengua: reconoció como “indiscutible” que el uso del móvil es un factor de mortalidad incluso para los que no lo usan. “Pero joder, el mundo es como es”, concluía. El documental, Contra corriente, se puede ver en internet, en el enlace que aparece a continuación.