Sábado 4 de febrero de 2012
Agujeros negros terrenales
Jose Enrique Muñoz Blanco, Madrid
Un agujero negro es, parece ser, el resultado de una gran concentración de masa generadora de un núcleo central de enorme densidad, que absorbe los restos de estrellas rojas muertas, incluyendo su propia luz. Esta, quizás simplista, descripción de los agujeros negros, se podría utilizar para intentar
explicarnos a nosotros mismos, a los ciudadanos de este siempre históricamente complicado país, la aparente imposibilidad que nos impide separarnos, de una vez, de este núcleo duro formado por los restos de nuestra más triste y reciente historia: una Monarquía impuesta por un dictador (aunque
aceptada en referéndum por un pueblo que aprobó una Constitución, sin haberla leído y suponiendo que leerla quiera decir entenderla). Una izquierda política obsoleta y políticamente desorientada. Una derecha neoliberal y nostálgica de un pasado franquista. Una Iglesia Católica cada vez más trasnochada y menos creíble, pero más subvencionada. Un Sistema Judicial politizado mayoritariamente por sectores ultra conservadores y con poca o nula credibilidad ciudadana. Una economía sumergida que todo el mundo conoce y que nadie es capaz de desarticular. Corrupción en los estamentos del Estado. Fraude fiscal. Tradiciones de dudosa tradición y discutible buen gusto. Nacionalismos. Separatismos. Y porque no decirlo, una ciudadanía, casi, absolutamente resignada a la “información” que recibe a través de unos medios de comunicación que son, en muchos casos, generadores de la energía que mantiene activo el núcleo duro de este “agujero negro”, que no deja salir la “luz” de la realidad que es, y que necesita España.
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