
A José Alfredo Jiménez Pérez todavía le cuesta hablar de “eso”, porque “eso” fue una de las peores tragedias acontecidas en Chiapas. El 22 de diciembre de 1997 él tenía sólo 22 años. Ese día un grupo de paramilitares entró al pequeño poblado de Acteal y masacró a 45 indígenas de la etnia tzotzil en el municipio de San Pedro Chenalhó. Entre las víctimas mortales estaban su tía y su prima. Aquel día, cientos de indígenas de la etnia tzotzil, en su mayoría pertenecientes a la Sociedad Civil de Las Abejas, se encontraban refugiados en Acteal, tras haber huido de sus comunidades por la violencia que sobre ellos ejercían grupos armados ligados al Partido Revolucionario Institucional (PRI) que gobernó México 71 años (1929-2000).
Un grupo de entre 60 y 90 hombres provistos “con armas de alto poder”, según consta en la investigación, dispararon a los indígenas totalmente desarmados e indefensos en un ataque que se prolongó por siete horas. El resultado fue terrible: 21 mujeres –cuatro de ellas embarazadas–, 16 niños y ocho hombres asesinados.
Esta profunda injusticia fue lo que motivó a José Alfredo Jiménez –tzotzil originario de la comunidad de Yibeljoj y miembro de Las Abejas– a realizar uno de sus grandes sueños: tras formarse como profesional del video realizó el documental Acteal 10 años de impunidad ¿y cuántos más?, que a lo largo de este 2009 ha recorrido algunas muestras de cine nacional e internacional. “Éste es un trabajo dedicado a la memoria de los 45 indígenas masacrados en Acteal. Yo sentía que tenía una deuda con ellos, y ésta es una manera de que los hechos se conozcan y se pueda lograr apoyo y justicia”, dice José Alfredo.
Comunidad en resistencia
El documental, ahora más vigente
que nunca tras la decisión de la
Suprema Corte de Justicia de la
Nación, máxima instancia judicial,
de dejar en libertad a 20 de los autores
de la masacre, busca dar a conocer
a fondo cuáles fueron las
causas de este suceso, qué papel
jugaron los grupos paramilitares, y
los gobiernos federal y estatal; y
cómo actuaron los políticos, la iglesia,
y las organizaciones sociales,
explica José Alfredo. “Preguntémonos:
si el Estado no cumple con
su obligación de aplicar la justicia,
entonces ¿hay que quedarse callados?,
¿cuántos años deben pasar
para que se investigue a los culpables?”,
agrega indignado.
José Alfredo pertenece a Las Abejas desde 1992, año de su fundación. A través de la organización –que nace de la Iglesia católica dentro de la diócesis de San Cristóbal– comenzó “a recibir talleres de derechos humanos, de salud, de cooperativas y de la importancia del trabajo colectivo y de no depender de los gobiernos para nuestra supervivencia”. Poco a poco Las Abejas comenzó a cobrar fuerza y el Gobierno “pensó que nos íbamos a volver un ‘peligro’ para el sistema”, narra José Alfredo, de ahí que comenzara a practicar una estrategia de hostigamiento a través de las autoridades municipales, estatales y federales del PRI, que se acentúa con el levantamiento en 1994 del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Las Abejas apoyan las demandas del EZLN, pero nunca se unieron a las filas zapatistas, pues siempre han creído que la lucha por la dignidad de los pueblos indígenas “debe ser pacífica y de ningún modo por la vía armada”. Así pues, Las Abejas son también una comunidad “en resistencia civil” que busca construir su propia autonomía al margen de los gobiernos.
De 1994 a 1997 la historia se resume en una fuerte ofensiva contrainsurgente por parte de autoridades priístas, que además intentan dividir y enfrentar a diversas comunidades. El fatal desenlace fue la matanza de Acteal, que se dio bajo el mandato priísta de Ernesto Zedillo como presidente y Julio César Ruiz Ferro como gobernador de Chiapas, a quienes Las Abejas señalan como los “autores intelectuales”. “Se trata de que la gente conozca el caso a través de testimonios de gente que sobrevivió. Últimamente [el documental] se ha estado difundiendo mucho y espero que con ello se informe y se conozca que lo de Acteal es un crimen de Estado no resuelto”, resume José Alfredo.
Las personas y organizaciones sociales que durante más de tres años han mantenido el plantón (campamento) ante el penal mexicano de Molino de Flores para pedir la libertad de las personas presas tras la represión del 3 y 4 de mayo de 2006 en Atenco, decidieron levantarlo el 30 de agosto. Según la asamblea del plantón, su labor será ahora “construir un espacio amplio y coordinado, para la lucha por la libertad de los presos, no sólo los de Atenco, sino también los de Chiapas, Oaxaca, Campeche, Veracruz, Estado de México… así como fortalecer dinámicas contra la represión”.
* Si quieres ponerte en contacto con la autora: info@europazapatista.org
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