
El poderoso atractivo de la Rusia revolucionaria sedujo en España no sólo a marxistas, sino también a anarquistas y otras gentes de izquierdas. En 1921 los entusiasmos con el país de los soviets ya se habían enfriado y tanto PSOE como CNT se desvinculaban de la nueva internacional comunista patrocinada por los bolcheviques. Tan sólo los jóvenes socialistas y el ala izquierda del PSOE estaban dispuestos a asumir las estrictas condiciones planteadas por Moscú para convertirse en la sección española de la Internacional Comunista.
El enfriamiento de las posibilidades revolucionarias en Europa, la represión de la dictadura del general Primo de Rivera y las violentas divisiones en el partido hicieron que los 6.000 efectivos con los que había nacido el PCE quedasen reducidos a unos pocos centenares en la proclamación de la II República. En 1931, el partido iniciaba su reconstrucción a partir de un puñado de incondicionales del modelo soviético, que deseaban derribar la "República burguesa" y hacer de España una Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas, de obreros y campesinos, como insistía la propaganda del PCE. En octubre de 1934 el PCE aún era un partido pequeño y muy sectario en su relación con otras fuerzas de la izquierda, pero el arrojo de sus militantes en la frustrada intentona revolucionaria aumentó su visibilidad.
La influencia comunista se multiplicó con el estallido de la guerra civil, al tiempo que su izquierdismo se moderaba. El PCE se convirtió durante la guerra enel defensor más activo de un Estado republicano fuerte, capaz de repeler con un Ejército regular la agresión de Franco, Hitler y Mussolini, pero también de imponer su autoridad en la retaguardia frente a los múltiples poderes locales que habían proliferado en los primeros meses de la guerra, sobre todo en Catalunya y Aragón, zonas de predominio anarcosindicalista. Los comunistas capitalizaron además políticamente la ayuda a la República de la URSS y de las brigadas internacionales.
Durante la II Guerra Mundial los comunistas exiliados combatieron contra el nazismo, mientras que, en el interior de España, los militantes que seguían en activo y habían logrado sobrevivir a la guerra y la represión trataron de reorganizar el partido. Una parte importante se volcó en la guerrilla en las montañas hasta 1948. Los ‘50 fueron años duros para el PCE, con la consolidación del Franquismo y el final de su aislamiento, pero mientras anarquistas, socialistas y republicanos languidecían en el interior, convirtiéndose cada vez más en organizaciones de exiliados nostálgicos, los comunistas trataron de levantar un movimiento de masas de oposición a la dictadura.
En los años ‘60 y ‘70 España se modernizaba aceleradamente y el Franquismo relajaba sus formas autoritarias para "normalizarse" de cara a Europa. Los comunistas aprovecharon todos los resquicios para oponerse a la dictadura y conectaron con una nueva generación de antifranquistas en las fábricas, las universidades y los barrios. La oposición no eran sólo los comunistas, como afirmaba el Franquismo, pero el PCE era un ingrediente básico del cóctel opositor. En 1968, el PCE, como otros partidos comunistas occidentales, condenaba la invasión soviética de Checoslovaquia y el violento final del proceso de reformas democráticas. La condena suponía un hito en la autonomía con respecto deMoscú y reforzaba su credibilidad como partido democrático. Entre 1975 y 1976 el PCE se colocaría al frente de las movilizaciones obreras y ciudadanas que, sin lograr la llamada "ruptura democrática", impidieron la continuación del Franquismo sin Franco. La subordinación de cualquier otro objetivo político a la conquista de la democracia llevó al PCE a buscar un compromiso con la oposición moderada, irritando a los sectores políticos a su izquierda.
En la transición, el acuerdo con la UCD para reforzar la estabilidad democrática y aislar a la derecha radical y los golpistas llevaría al PCE a asumir la monarquía y unos Pactos de la Moncloa que suponían frenar la movilización obrera a cambio de unas contrapartidas sociales que nunca llegaron a materializarse. Electoralmente los resultados estuvieron muy por debajo de las expectativas. Excepto en Catalunya, el apoyo fue mucho menor de lo esperado a tenor de su peso en la calle. La ley electoral favorecía el bipartidismo y en el papel de izquierda moderada y responsable resultaba mucho más creíble un renovado PSOE, que se presentaba como la versión española de la exitosa socialdemocracia europea, capaz de conjugar bienestar social y libre mercado. Con el telón de fondo de unos malos resultados electorales, el PCE estalló a principios de los 80 en mil disputas internas. El liderazgo carismático de Santiago Carrillo se ponía ahora en tela de juicio por parte de una militancia que reclamaba más democracia interna.
Desmoralizada, la afiliación cayó en picado, mientras muchos de los cuadros del partido, sobre todo profesionales e intelectuales, migraban discretamente hacia un PSOE que tras el arrollador éxito de 1982 tenía muchos cargos que ofrecer. Los restos del naufragio se reorganizaron en Izquierda Unida, coalición que nació en 1986 tras un referéndum de la OTAN que la opción pacifista no logró ganar, pero que sirvió para que la izquierda alternativa recuperase terreno. Al contrario que otros partidos comunistas, el PCE no se disolvería tras la caída del Muro deBerlín, pero ha unido su destino al de IU, desde hace 25 años su opción electoral e institucional.
EL PSUC CUMPLE 75 AÑOS
El PSUC nació poco después de la sublevación franquista (1936) a partir de la fusión de dos partidos nacionalistas, la Unió Socialista de Catalunya y el Partit Catalá Proletari, con las federaciones catalanas del PSOE y del PCE. En Mayo del ‘37 el PSUC apoyó la política de mano dura contra los comités insumisos a la Generalitat. El PSUC mantuvo su autonomía y su afiliación a la Internacional Comunista, siendo el único miembro perteneciente a una nacionalidad sin Estado. En los años ‘60 y ‘70 el PSUC desarrollaría un catalanismo de izquierdas y autonomista. En las primeras elecciones democráticas el PSUC se convertiría en la segunda fuerza política de Catalunya, detrás del PSC. En los ‘80 sufriría una crisis similar a la del PCE, optando desde 1987 por disolverse en la práctica en Iniciativa per Catalunya