Domingo 29 de enero de 2006
La expresión “café para todos” ha definido el compromiso a medias con que se cerró la articulación del Estado durante la Transición. Las autonomías pretendían contentar así a los herederos del franquismo al mismo tiempo que a los grupos de izquierda y a los nacionalismos. El resultado ha sido una estructura más cercana al centralismo que al federalismo.
Los Estatutos de la II República
Cataluña, País Vasco y Galicia vieron frustrados sus respectivos Estatutos de Autonomía con el levantamiento de las derechas en julio de 1936. Previamente, el primer proyecto vasco de Estatuto, impulsado por el PNV y sectores carlistas, ya fue considerado contrario a los límites de la Constitución Republicana.